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dimarts, 6 de juny de 2017

Josep Barceló Cassadó. 1855.


El 6 de mayo de 1855, en una Barcelona tomada militarmente, una multitud se agolpa indignada en la plaza del portal de Sant Antoni, en Barcelona. Han venido a despedir a Josep Barceló Cassadó, que llega saludando entre aplausos y fumándose un buen cigarro. Nadie diría que van a ejecutarlo al garrote vil. Lo ejecutan.

Josep Barceló Cassadó había nacido el año 1824 en Mataró y llevaba toda su vida trabajando en el textil como hilador. La industrialización del sector estaba llevando al paro y la precariedad, aún más, a hiladores y tejedores. Así que Barceló empezó a defender los derechos laborales de su clase desde la Sociedad de Hiladores y de Tejedores de Algodón, ya fuera desde la presidencia o desde el sector más radical y combativo de la Unión de Clases, intento de unir i coordinar reivindicaciones.

En julio del 1854 estalla el conflicto de las selfactinas, máquinas automáticas que aumentaban la producción y dejaban a obreros en la calle. Y la calle es para manifestarse. Los obreros afectados, encabezados por Barceló y otros compañeros como Ramon Maseras o Josep Nogués, se manifiestan primero con virulencia y se les va un poco la mano destruyendo maquinaria y quemando talleres.

Tras la muerte de un propietario y su hijo en el incendio de un taller por un lado y seis obreros fusilados en la vía pública por otro, los ánimos se van calmando y dan paso a las negociaciones entre una comisión liderada por Barceló y el capitán general de Barcelona, Ramón de La Rocha, que el 25 de julio acaba emitiendo un bando prohibiendo las selfactinas.

Josep Barceló, un tipo popular y que se hace querer, es elegido capitán de la Milicia Nacional. La Milicia Nacional es un cuerpo armado de ciudadanos que eligen a sus propios mandos. Suelen funcionar cuando los liberales está en el gobierno y son disueltos cuando entran los conservadores, que la ven como un peligro por su tendencia a alinearse con la ciudadanía frente al Ejército.

Antes de acabar el año, también por votación popular, es elegido como compromisario en las elecciones que designarán al alcalde y concejales del Ayuntamiento, entrando por su mano en el consistorio Ángel Chufresa, Joan Miralles y Antoni Flotats, dirigentes obreros de talante moderado.

En marzo de 1855 hay relevo en capitanía general, ocupada interinamente por Juan Zapatero y Navas, curtido en las guerras carlistas y conocido en la ciudad por haber participado con el grado de coronel en el sitio de Barcelona de 1843. Viene con ganas. En poco tiempo levanta la prohibición de las selfactinas, prohíbe para compensar las asociaciones obreras y manda detener a Josep Barceló.

A Barceló se le acusa de un asesinato cometido en la masía de Sant Jaume, en Olesa de Montserrat, el 29 de marzo. En realidad los autores materiales de la muerte del hijo del propietario de la masía, a los que han torturado y quemado para que les digan dónde están las joyas, son Joan Poyo, antiguo capitán carlista, Francesc Arqué, Antoni Aguiló, Jaume Torres, Antoni Geis, Maties Valldeperas y Josep Duran. Los siete individuos, que iban disfrazados de mossos d'esquadra cuando cometieron el crimen, serán ejecutados.

No hay ninguna prueba para inculpar a Josep Barceló, así que Juan Zapatero le endilga la inducción moral de los hechos y lo condenan a muerte el 4 de junio de 1855. Lo asesinan dos días después. La ciudad de Barcelona decide tributarle el mejor homenaje posible y a los pocos días se convoca huelga general, la primera vez que pasa en España, y también se forma la primera manifestación encabezada por una bandera roja. La Milicia Nacional se niega a cargar contra los manifestantes.

Una comisión de obreros partirá a Madrid a negociar con Espartero el cese de l represión, la libertad de asociación y la jornada de 10 horas. Cuando vuelven es para embarcar directamente a Cuba como carne de cañón por tanta desfachatez. La represión irá in crescendo, llegando a cotas inauditas en julio del año siguiente.

A Juan Zapatero y Navas, una vez llegada la Restauración y por sus servicios prestados como asociado de la muerte, le nombrarán marqués de Santa Marina y senador vitalicio por Zamora. A Josep Barceló Cassadó basta con nombrarle para rendirle homenaje. La primera obra del Teatre Lliure, 'Camí de nit, 1854', escrita y dirigida por Lluís Pasqual, estrenada el 2 de diciembre de 1976, así lo hace.

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