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dimecres, 21 de juny de 2017

Agustín Remiro Manero. 1942.


Hoy se cumplen los 75 años de la muerte de Agustín Remiro Manero, un tipo que recibió honores de las máximas autoridades de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Honores que rechazó. Las autoridades de por aquí abajo siempre han estado por otras cosas y a tipos como Agustín Remiro les conceden el honor de la fosa común.

Agustín Remiro Manero nació el verano de 1904 en Épila, en una familia campesina. Nacer en aquella casa no era ninguna novedad, lo hicieron 12 criaturas. Vivir ya empezaba a serlo. Sólo 5 sobrevivieron. Igual por eso Agustín hizo de la vida su lucha.

Había que doblar la espalda en el campo y fue poco a la escuela, lo justo para aprender a leer y empezar a devorar libros y periódicos. Leyendo se enteró de la Revolución de 1909 en Barcelona y el asesinato institucional de Ferrer i Guàrdia. Y se reconoce libertario. A los 15 años se afilia a la CNT y a los 21 lo mandan a la guerra colonial de Marruecos. No leva muy bien el autoritarismo y lo meten en un batallón disciplinario.

De regreso a Épila, dos años después, vuelta al trabajo en el campo y en la azucarera del pueblo. Y vuelta a la militancia clandestina, que son tiempos de Primo de Rivera. Caído el dictador, Remiro se convierte en una presencia popular allí donde se habla de revolución en la ribera del Jalón. En 1933 se casa con Francisca Rodríguez, por lo civil, la primera boda civil en Épila. Tendrán dos hijos, Germinal y Bienvenida.

El golpe de Estado fascista lo pilla en la siega, en Used. Sale a toda mecha para Épila a defender la República. Poco pueden hacer unas cuantas pistolas y bombas caseras contra el Ejército. El 26 de julio, de madrugada, deja el pueblo para huir a zona republicana. Una buena decisión. El 4 de agosto entran los fascistas y fusilan a un centenar de vecinos.

Tras varios días de caminata y escondiéndose a salto de mata, Remiro consigue llegar con otros a las líneas republicanas en Tardienta. Agustín se alista de inmediato en la Columna Durruti como responsable de centuria. Será integrante del grupo La Noche, que opera tras las líneas enemigas para rescatar a gente de la zona fascista, y luego del grupo Los Iguales, que a las tareas de evasión suman arriesgadas acciones de sabotaje.

En el frente de batalla participa en la toma de Fuendetodos, la ofensiva sobre Zaragoza y las tomas de Belchite y Teruel. Cuando los fascistas llegan a Vinarós partiendo la zona republicana en dos, Remiro y sus compañeros confederales se integran en el Ejército del Este, creando el Batallón de Ametralladoras C, el 'Batallón Remiro', integrado por guerrilleros anarquistas que en teoría disponía de cierta autonomía respecto al Estado Mayor.

La práctica es otra y prácticamente son aniquilados en misiones absurdas, con los fascistas delante y los comisarios stalinistas detrás. En la toma del Vértice Esplà, una de esas misiones suicidas, o mejor dicho, homicidas por parte de los mandos; Remiro es evacuado al hospital con el cuerpo lleno de metralla.

Cuando se reincorpora al frente la mayoría de sus compañeros del batallón original están muertos o dispersados en otras compañías. Apenas le dará tiempo a emprender la retirada en el frente del Segre y acabar pasando a Francia, para ser escupido a los campos de Argéles y Mazeres. Se escapa.

En Francia contacta con Francisco Ponzán y forma parte de su grupo de evasión y resistencia a través de los Pirineos. El grupo de Ponzán salvará miles de vidas. El mismo Remiro carga a sus espaldas a Albert Blumel, secretario de Leon Blum, para ponerlo a salvo en Andorra.

Agustín Remiro hace de enlace con la embajada británica en Lisboa, aprovechando su paso por España para actividades de propaganda. En enero de 1941 es detenido en Portugal por la PIDE de Salazar. Interrogado bajo tortura, no dirá nada y deciden entregarlo a las autoridades españolas.

Agustín Remiro pasa meses en una celda de 2 metros por metro cincuenta en la cárcel de Porlier, Madrid, hasta que el 27 de abril de 1942 lo condenan a muerte. Agustín tiene muy claro que sobre su vida sólo decide él. El 21 de junio de 1942, aprovechando la hora de la misa, salta el muro de la prisión. Unos vecinos dan la voz de alerta y una patrulla dispara, hiriéndole.

A trompicones, consigue llegar a un inmueble cercano y subir hasta el cuarto piso. Antes de ser apresado de nuevo ejerce un último acto de libertad y resistencia a la autoridad. Se arroja el vacío. Aún no había cumplido los 38 años. En uno de esos ejercicios de cinismo tan propios del franquismo, el 30 de junio los jueces militares le conmutan la pena de muerte por la inferior en grado.


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