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dimecres, 31 de maig de 2017

Bombardeo Almería. 1937.


Nosotros creemos que la acción alemana en Almería es una forma mejor de defender el mundo civilizado del bolchevismo que meras discusiones en Londres. Essen National Zeitung.

El Comité de No Intervención creado para acotar la guerra de España dentro de sus fronteras era básicamente el Comité de Mirar para Otro Lado mientras algunos intervenían. Digamos que Alemania e Italia no le hacían ascos a la sangre mientras Gran Bretaña y Francia le hacían ascos a la democracia y la Unión Soviética iba haciendo sus aportaciones a la II República.

Buques de las potencias europeas patrullan las costas españolas para evitar ayudas militares a los bandos enfrentados. En teoría, porque los buques alemanes e italianos impiden al paso a cualquier sospechoso de alimentar la II República mientras colaboran en el suministro al esfuerzo bélico de los militares levantados en armas.

El 29 de mayo de 1937, aviones Tupolev SB-2 le dan dos viajes al crucero alemán Deutschland, anclado en la rada de Ibiza. Se supone que los pilotos son soviéticos, que a la vez suponen que le han dado una buena lección al crucero Canarias. A Hitler no le sirve la excusa y monta en cólera, algo ya habitual, y tampoco le importa un huevo, el que le queda, si el barco ha disparado primero a los aviones. Pequeños detalles al margen, lo cierto es que el buque de guerra alemán viola el Pacto de No Intervención, pasándose por sotavento las normas establecidas en una zona de patrullaje francés.

Un Hitler hiperventilado quiere bombardear Valencia, sede del gobierno republicano, como vendetta. Su ministro de Asuntos Exteriores, Konstantin von Neurath, le aconseja cambiar de objetivo, no vaya a entenderse un bombazo en pleno Consejo de Ministros republicanos como una declaración de guerra antes de tiempo. Y le sugiere bombardear Almería, ciudad sin apenas defensas y que posibilita una masacre discreta más llevadera para las democracias.

La madrugada del 31 de agosto de 1937, hoy se han cumplido 80 años, el acorazado de bolsillo Admiral Scheer y los destructores Albatros, Leopard, Seeadler y Lluchs entran por Cabo de Gata hasta la altura de Roquetas y viran en dirección Almería poniéndose en línea de combate a 12 kilómetros de la costa. Y puestos a romper el alba lo hacen a lo desfile de Nuremberg, abriendo fuego sin previo aviso sobre la ciudad. Cañonean durante treinta minutos sin interrupción y diez minutos más en intervalos de dos minutos, haciendo interminable el cese del horror. Disparan en abanico y en parábola, es decir, barriendo toda la ciudad desde primera línea de mar hacia el interior.

La escuadra alemana sale por Cabo de Gata rumbo a la zona del estrecho dejando una veintena de muertos, medio centenar largo de heridos y numerosos edificios destruidos, con impactos en la catedral, escuela de artes, Ayuntamiento y Cruz Roja Internacional. No hay más muertes porque buena parte de la población, que ya ha sufrido otros bombardeos, duerme en las afueras. Almería, alejada del frente, sin ningún interés estratégico militar, será bombardeada hasta en 52 ocasiones por su fidelidad a la II República.

Indalecio Prieto y Vicente Rojo son partidarios de atacar a la flota alemana en el Mediterráneo y provocar una reacción internacional en cadena para parar al fascismo. Se quedan solos en su propuesta y se impone la vía de la protesta diplomática que sirve al III Reich para ir ampliando su stock de confeti.  

La mayor parte de la opinión pública internacional se escandaliza y condena el ataque alemán sobre la población de Almería mientras sus respectivos gobiernos prefieren mirar hacia otro lado para no provocarle más prontos a Hitler, que esa noche duerme como un bebé. Las democracias parlamentarias siempre han sido más parlamentarias que democracias, esa ética que suele ser bombardeada a menudo desde un destructor.

Anthony Eden, ministro de Asuntos Exteriores británico, hace un llamamiento a no perder la flema por un puñado de españoles con hambre atrasada y el embajador británico en Berlín, sir Neville Henderson, pide por San Jorge que nadie les haga un favor a los rojos liándola por 200 bombas sobre Almería. En tres años las bombas empezarán a caer sobre Londres.

dimarts, 30 de maig de 2017

Felix Cadras y Jacques Decour. 1942.


¡Bien propio de vosotros y de vuestra vergonzosa empresa! Concebida de noche y de noche ejecutada. Bien hace en ocultarse este insolente acto de injusticia. Avanza osadamente, tú, el que trae la espada envuelta en su capa; aquí está mi cabeza, la más libre que jamás haya segado de un tronco la tiranía.
Egmont. J.W. Goethe.

Poco podrían imaginar Felix Cadras y Jacques Decour, atendiendo a sus dispares orígenes, que algún día podrían llegar a coincidir en la vida. Felix Cadras había nacido en 1906 en Calais. Cuando tenía nueve años le mataron a su padre en las trincheras de la Champagne, y como su padre acabó trabajando diseñando dibujos para encajes. Jacques Decour, nacido Daniel Decourdemanche en 1910, hijo de una acomodada familia de agentes de cambio, estudió en buenas escuelas y fue a la Universidad, primero para empezar Derecho y luego para abrazar su gran pasión, la literatura alemana que tanto amaba.

Felix Cadras, antimilitarista, se afilia a las Juventudes Comunistas con 17 años y escribirá el texto 'Unión para salvar Calais de la miseria' tras un detenido estudio sobre las causas que están provocando el hundimiento de la industria de los encajes que ha mantenido viva la zona. Jacques Decour también escribe, y a los 20 años publica su primera novela, Le sage et le caporal, ejerciendo de profesor de francés en Magdeburg y empezando una carrera literaria que le convierte en una de las grandes realidades de la literatura francesa.

Cadras, concejal en Calais, es nombrado miembro del comité central del Partido Comunista en 1937, el mismo año en el que Decour entra en el Partido Comunista, ejerce de profesor de alemán en el instituto Rollin de París y es nombrado jefe de redacción de la revista Commune bajo la dirección de Louis Aragon. La vida los va acercando, al fin y al cabo uno escribe palabras sobre el blanco del papel y otro formas sobre el blanco de la tela para encajes.

Cadras y Decour son movilizados cuando Alemania invade Francia. La unidad de Cadras se mete entre pecho y espalda 400 quilómetros a pie para evitar caer prisioneros de las tropas alemanas. Cuando son desmovilizados, Cadras y Decour entran en la Resistencia.

Felix Cadras se emplea a fondo en tareas de organización y reclutamiento, Jacques Decour crea la revista La Pensée Libre, la publicación clandestina más importante de la Francia ocupada, y prepara la edición de Lettres Françaises. Dice mucho, bajo ocupación nazi, resistir desde las letras y la belleza publicando una revista de literatura.

Cadras y Decour son detenidos en febrero de 1942 por efectivos de la policía francesa. Cadras tendrá el privilegio de ser apaleado en los calabozos por el mismísimo ministro de Interior del gobierno de Vichy, el infecto Pierre Pucheu. Serán torturados durante días sin delatar a nadie, Decour encerrado en la Santé y Cadras encadenado y aislado en Fresnes.

Durante la madrugada del 30 de mayo de 1942, hoy hace 75 años, Felix Cadras, a quien se ha prohibido la gracia de escribir una carta de despedida, consigue garabatear unas letras en el pañuelo que mete en el dobladillo del abrigo, un sencillo bordado que acabará llegando a su esposa y dos hijas pequeñas. 'Quereos bien. No os aisléis. Mis hijas han de disfrutar de todas las alegrías de mañana. Podéis estar orgullosas de mí. No he faltado e mis ideales. Decídselo a nuestros amigos tan queridos. Os quiero con todo mi corazón. Y si tengo que morir hasta el final esteréis cerca de mí, mis queridas, mis queridas. Mayo es siempre esperanza'.

Durante la madrugada del 30 de mayo de 1942, hoy hace 75 años, Jacques Decour, escribe una carta de despedida a sus padres, recomienda a sus alumnos de primero de alemán la última escena del Egmont de Goethe que él ha traducido y dedica las últimas palabras a su hija, a la que no ha visto en sus dos años de clandestinidad. 'Mi querida pequeña Brigitte, tu papá no te ha visto demasiado desde hace algún tiempo; pero ha pensado mucho en ti. Trabaja mucho y procura ser una buena pianista. Piensa a menudo en tu amigo y papá, y en todos los buenos ratos que hemos pasado juntos. Te beso con todo mi corazón. Te quiero'.

A las nueve de la mañana del 30 de mayo de 1942, Felix Cadras y Jacques Decour se ven por primera vez y se reconocen como iguales antes de ser fusilados en los muros de Mont Valérien. Una escuela de Calais lleva el nombre de Felix Cadras y un instituto de París el de Jacques Decour, que también han bautizado alguna calle. Algunos documentos oficiales dicen que murieron por la Francia, pero no se engañen, vivieron por algo más grande de lo que cualquier país pueda contener en sus fronteras.

dilluns, 29 de maig de 2017

Antonia Fontanillas. 1917.


Hoy se celebra el centenario del nacimiento de Antonia Fontanillas Borrás. Nieta de Francesca Saperas, mujer de puertas abiertas, acogedora, lo mismo en Barcelona, México que en Bueno Aires; y de Martín Borrás, zapatero, primer director de Tierra y Libertad, amante de las palabras que expresan ideas hermosas, acusado sin pruebas, torturado en Montjuïc, muy enfermo se suicidó en la cárcel. Así que no sorprende que Antonia Fontanillas fuera una mujer acogedora y amante de las palabras.

En 1925 emigró con la familia a México, estudiando y devorando libros hasta que expulsan a su padre en 1933. Con los anarquistas suela pasar. De regreso a Barcelona trabaja en una empresa litográfica y forma parte de la CNT y las Juventudes Libertarias. Tras el golpe de Estado fascista quiere coger un fusil para ir la frente. No le dejan y se refugia en las palabras, trabajando en Solidaridad Obrera hasta el final de la guerra.

No le dio la gana marcharse de su casa, y de enero a noviembre de 1945, en su casa de la calle Robadors se juntaban las letras que componían las palabras de los números clandestinos de Solidaridad Obrera que luego se imprimían en un taller de Gràcia. Joan Domènech, José Lamesa, Arturo Benedicto, José Nieto, Marina Herreros, Mario Casasús, Tomás Andrés...compañeros y compañeras de la CNT de Artes Gráficas que se jugaban la piel para mantener vivas palabras que hablaban de ideas hermosas en unos tiempos de pocas palabras y una dictadura cruenta más de ideas fijas.

Gran parte del grupo cae el 7 de noviembre de 1945. Antonia pasa por los calabozos de Via Laietana. No deben asustarla demasiado, porque a inicios de 1946, junto a otros y otras como Manuel Fernández, Miguel Jiménez, Juan Serna, Raul Carballeira, Diego Franco, Pura López o Francisco López, ponen en marcha la publicación clandestina Ruta, que imprimen en el Carmelo. Se tiran unos 2.000 ejemplares por número que costean engañando como pueden al hambre que pasan. El equipo irá cayendo poco a poco y Ruta resiste, a trancas y barrancas, hasta mayo de 1948.

Antonia Fontanillas también se encarga de poner en contacto a compañeros encarcelados con abogados que los defiendan y así conocerá a Diego Camacho Escámez, Abel Paz, que cumple condena en Barcelona tras su paso por los campos de concentración franceses y los batallones de castigo alemanes, y con quien parte al exilio francés y comparte vida hasta 1958.

Instalada en Dreux con su hijo Ariel, nunca dejará de escribir y participar en actividades culturales, formando parte de un grupo teatral y editando Surco, boletín escrito en francés, español y esperanto. Muerto el dictador siempre estuvo dispuesta a dejar oír sus palabras en memoria de Mujeres Libres y de tantos y tantas compañeras apartadas a silencios de la historia. Mujer acogedora, siempre se partió el verbo por la unión de tanto organismo libertario con espíritu de ameba. Antonia Fontanillas murió en Dreux en 2014 habiendo hecho de su vida una idea hermosa.

dimecres, 24 de maig de 2017

Félix Martí Ibáñez. 1972.


'Al igual que una moneda logra todo su valor cuando se gasta, la vida logra su valor supremo cuando uno sabe cómo abandonarla con elegancia cuando llega el momento. Hay una cosa inestimable que me llevo de mi viaje alrededor del mundo, una que no se paga con dinero y por la que no pagué derechos de aduana: la humildad'.

Hoy hace 45 años un inesperado infarto se llevaba por delante a Félix Martí Ibáñez. Moría en Manhattan, pero podría haber muerto en cualquier parte del mundo que había recorrido. Bueno, en cualquier parte menos en España, a la que había jurado no volver mientras viviera el general Franco. The New York Times se refería a él en su obituario como a un gran humanista laico. Un gran humanista, eso ya no se decía, que fue médico en la Columna Durruti y tuvo responsabilidades de gobierno, como representante de la CNT, en la II República.

Hijo del pedagogo Félix Martí y la pianista Josefina Ibáñez, sobrino de Vicente Blasco Ibáñez, había nacido en Cartagena y se vino a estudiar el bachillerato a Barcelona. Creció entre libros y el gusto por la cultura. En Barcelona se licenció en Medicina y un año después se doctoró en Madrid  con la tesis 'Ensayo sobre la historia de la psicología y fisiología místicas de la India'. Nunca se conformó con los conocimientos de la medicina occidental, siempre iba más allá, en pos de todo conocimiento por el placer de adquirirlo y difundirlo.

Militante de las Juventudes Libertarias y afiliado a la CNT, ejercía la psiquiatría en su consultorio del barrio de Gracia, defensor de la eugenesia, el higienismo, la liberación sexual...mientras escribía sobre ciencia y medicina en medios anarquistas, rechazando la visión asistencialista de la sanidad para convertirla en instrumento de transformación social, fundamental para una sociedad sana y democrática. Conferenciante ameno y profundo creó clubes de conversación y predicó la paz allá donde pedían escucharle, que era en muchos sitios.

Miembro de la Asociación de Idealistas Prácticos, fue uno de los más activos impulsores de la Organización Sanitaria Obrera, una mutualidad que admitía afiliados como el resto de mutuas comerciales sin abandonar la asistencia gratuita a los obreros enfermos sin recursos. Las cuotas exigidas a los afiliados eran las más bajas del mercado y los ingresos para mantenerla en pie provenía de aportaciones voluntarias y de festivales organizados con este fin.  La Organización Sanitaria Obrera estableció convenios con farmacias y clínicas y amplió el número de especialidades, teniendo presencia en 12 barrios de Barcelona y 42 municipios catalanes.

Tras el golpe de Estado fascista y tras haber actuado como médico en las barricadas que detuvieron a los sublevados en Barcelona, Félix Martí, que tiene 25 años, será nombrado sucesivamente director general de Salud Pública y Servicios Sociales de la Generalitat, subsecretario de Sanidad de la República y director de Educación Sanitaria de Guerra en Catalunya. Aún le dio tiempo a poner en marcha la Federación Estudiantil de Conciencias Libres.

Desde sus responsabilidades en el gobierno reorganizó los servicios sanitarios para estructurar un nuevo sistema de medicina social y preventiva; promovió medidas para luchar contra la lepra, tuberculosis, rabia, paludismo y venéreas; creó centros de educación sexual para la juventud; un servicio de incineración de cadáveres; reorganizó el cuerpo de enfermeros psiquiátricos; se puso al servicio de Mujeres Libres en la creación de los liberatorios de prostitución y fue autor de la primera ley sobre interrupción voluntaria del embarazo.

Marchó como médico al frente del Ebro y fue herido en la cabeza, aprovechando buena parte de su convalecencia para participar en actos internacionales contra la guerra y el fascismo. A su vuelta se reincorporó como comandante del Cuerpo de Sanidad de Aviación Militar. A la guerra le quedaban cuatro días y la muerte estaba echada. Fue uno de los miles que cruzaron la frontera a pie.

En julio de 1939, Henry E. Sigerist, defensor de la medicina social y director del Instituto de Historia de la Ciencia en la Universidad Johns Hopkins, conocedor del inabarcable talento de Martí Sánchez, consigue evacuarlo de Europa destino a Estados Unidos.

Sin dejar de colaborar con la prensa libertaria en el exilio, Félix Martí Sánchez se convierte en una eminencia mundial en historia de la medicina que se rifan todos los congresos y universidades a lo ancho del globo. Nombrado profesor y Director del Departamento de Historia de la Medicina del Colegio Médico de Nueva York, en 1950 fundó la editorial MD Publications Inc., de donde saldría, seis años más tarde, la revista Medical Doctor News Magazine, MD, aún hoy un referente no igualado de publicación dirigida a la profesión médica abierta a todos los ámbitos de la cultura que servía a Martí Sánchez para seguir escribiendo con pasión de aquellas cosas hermosas que nos acompañan y sobreviven. Mientras, en España, teníamos a Antonio Vállejo-Nájera y al marqués de Villaverde. Se hace difícil sobrevivir a eso.

dilluns, 22 de maig de 2017

Ezra Heywood. 1893.


El 22 de mayo de 1893 se moría, a los 63 años de edad y el cuerpo muy castigado, Ezra Heywood, nacido Ezra Hervey Hoar en el seno de una familia de fervientes y puritanos baptistas, que durante casi 30 años estaban viendo cumplidas sus oraciones de criar un hijo de gran inteligencia destinado a la iglesia. Inteligencia y supersticiones suelen ser incompatibles y en 1858 decide liberarse de dogmas y cadenas.

Puestos a romper cadenas y abrazarse al prójimo, Ezra Heywood forma parte activa del movimiento abolicionista y es nombrado agente de la Sociedad Antiesclavista de Massachusetts. En 1863 queda marcado por su encuentro con Josiah Warren, algo que solía suceder con todas aquellas personas que entablaban conocimiento con este brillante mecánico, músico y libertario empeñado en sacar adelante comunidades que sacaran lo mejor del ser humano, capaz de vivir en una sociedad libre basada en el apoyo mutuo sin tocar demasiado las narices a nadie.

Heywood organizó varios grupos de las Ligas por la Reforma Laboral Americana que fomentaban la autogestión de los trabajadores, convertidos en los propios dueños de sus vidas. Casado con Angela Fiducia Tilton, puso en marcha el periódico The Word. A Monthly Journal of Reform, que se convierte en bandera de la defensa de los derechos de la mujer, lo mismo al voto que al uso de su propio cuerpo como le venga en gana, que para eso es suyo.

En 1870 defiende el voto femenino en el libro Uncivil Liberty y en 1876 denuncia la esclavitud como argamasa del matrimonio, cargando contra Iglesia y Estado, instituciones que tan buen partido saben sacar de las servidumbres y los opiáceos, desde las páginas del libro Cupid's Yokes.

Su defensa del amor libre, métodos anticonceptivos, educación sexual y derecho al divorcio y el aborto lo pusieron en el punto de mira de autoridades eclesiásticas, que rezaban por ver arder su alma, y autoridades estatales, más partidarias del infierno en la Tierra.

Ezra Heywood cargó desde las páginas de The Word contra la Ley Comstock, inspirada por Anthony Comstock, orgullo de los puritanos de Nueva Inglaterra y en los altares del Foro Español de la Familia y Hazte Oír, cruzado contra el vicio nombrado inspector del Servicio Postal. Comstock impulsó una ley contra la obscenidad y la pornografía, dando tal consideración a la difusión de métodos anticonceptivos y a la educación sexual, cerrando periódicos y editoriales y llevando al fuego creaciones artísticas de vanguardia por inmoralidad manifiesta. La Ley prohibía mandar por correo todo material considerado indecente por las tropas de eunucos morales que lo encumbraron. Durante la I Guerra Mundial, los soldados norteamericanos fueron los únicos aliados que iban al frente sin condones. En 1972, William Baird tuvo que ir a juicio vía Ley Comstock por repartir condones en charlas sobre control de natalidad en la Universidad de Boston...

Heywood pagó caro su enfrentamiento con Comstock. Primero lo detuvo por organizar un congreso de la Liga por el Amor Libre en Boston, en 1877, y le cayeron dos años de cárcel y multa de 100 dólares por vender los libros Cupid's Yokes y Sexual Physiology.

En 1881 volvió a detenerlo por publicar dos poemas de Walt Whitman. Sufrió nuevas detenciones en 1883 y 1887 por expresar sus ideas en público. Heywood no escarmentaba y además le echaba humor al asunto, y dio publicidad en su diario a una jeringa de lavado vaginal, con fines anticonceptivos, a la que bautizó como 'jeringa Comstock'. Le cayeron dos años de trabajos forzados en la Penitenciaria Estatal de Charlestown. Tenía ya 60 años y su cuerpo no estaba para picar piedra. Al salir de prisión, enfermo y arruinado, acabó muriendo en menos de un año castigado por las leyes tan contrarias al amor.

divendres, 19 de maig de 2017

Joan Josep Peidro Vilaplana. 1897.


Hoy se celebran los 120 años del nacimiento de Joan Josep Peidro Vilaplana, Pepet. Aunque el padre de Pepet se dedicaba a fabricar café licor, bebida típica de Alcoi, no había mucha alegría en casa de los Peidro Vilaplana, obligados a sobrevivir.

Josep Peidro no pudo ir a la escuela, y a los 7 años lo pusieron a trabajar. Entró de aprendiz en una imprenta y así aprendió a leer. No tenía mucho tiempo para dedicarse a la lectura, sometido a jornadas de 12 horas aprendiendo el oficio de tornero. El único respiro a tanto trabajo se lo dio el tifus que contrajo a los 18 años.

Convertido en un tornero de primera, se afilió a la CNT y se casó con Empar Montserrat, amiga de la infancia que anda batallando en la fábrica de papel de fumar Bambú. Ser el mejor en su oficio no impidió que acabara en las listas negras por su actividad sindical y la persecución desatada bajo la dictadura del general Primo de Rivera le obligó a huir a Francia, dejando a una niña de 2 años y una esposa embarazada. Eso pesa demasiado y vuelve a casa sin dejar la clandestinidad.

Miembro activo en el conflicto generado por la huelga en la fábrica Terol Hermanos, acaba saltando por los tejados de Alcoi escapando de la Guardia Civil. No para hasta Alicante, a donde le siguen su esposa y las pequeñas Empar y Carme.

Dimitido Primo de Rivera, Pepet regresa a Alcoi para crear el Centro de Estudios Sociales y el Sindicato Metalúrgico y ver nacer a su hijo Albert. También verá como a pesar de vivir en una República los patrones mandan mucho y se las tiene con el de su fábrica. Se las tiene que pirar, vamos. A Vila-real. Allí participa en la creación del Sindicato de Oficios Diversos, trabajando en un taller y en la unidad de acción con la UGT.

Tras el golpe de Estado fascista será el representante de la CNT en el Comité de Defensa Antifascista y se presenta voluntario para marchar al frente. Le dicen que mejor aplique su talento a reconvertir los talleres metalúrgicos de material de riego en talleres de obuses. Habitual en los mítines, respetado por su recto proceder, participa en la creación de la Colectividad Productora Campesina UGT-CNT, que aguanta hasta junio del 38, con los fascistas entrando en Vila-real y Pepet saliendo a corre vuela en bicicleta para Alcoi

En Alcoi lo ponen al frente de la Consejería Municipal de Avituallamiento y trabaja en un taller socializado que fabrica obuses. Los obuses no sirven de mucho cuando faltan cañones y el 18 de marzo, en pleno derrumbe, se va para Alicante y al día siguiente embarca en un carbonero rumbo a México. No llega. El acorazado Canarias lo intercepta y descarga a los refugiados en Argelia para su distribución en campos de concentración.

Desfiló por varios campos de concentración y compañías de trabajos forzados, hasta que un cáncer de estómago se lo llevó en verano del 40, recordando, quizás, el aroma del café licor, los ojos de Empar, las pisadas de tres niños corriendo a recibirlo cuando volvía a casa tras saltar por los tejados o volar en bicicleta para traerles un mundo más justo...

dimarts, 16 de maig de 2017

Maria Lacerda de Moura. 1887.



'La sociedad, ciegamente, se enfrenta contra el instinto, contra la Naturaleza, y legisla, codifica y organiza el amor'. 

Hoy hace 130 años nacía en Minas Gerais, Maria Lacerda de Moura. No tardaron sus padres, Modesto y Amalia, en trasladarse con la pequeña María a Barbacena. La pusieron a estudiar con las monjas, pero papá, poco amigo de los curas, le puso al alcance textos de Tolstoi y Maurice Lachâtre, amigo de Proudhon, editor de El Capital y libertario. Para compensar, vaya.

Maria Lacerda de Moura se sacó el título de maestra en la Escuela Normal de Barbacena y se casó antes de cumplir los 18, nada dispuesta a ser la ama de casa ejemplar que esperaba la sociedad conservadora del lugar. Ejerció de maestra en la Escuela Normal de Barbacena siguiendo las pautas de la escuela moderna de Ferrer i Guàrdia, promovió una campaña para construir viviendas para los más pobres y participó como voluntaria en campañas contra el analfabetismo, en especial entre las mujeres, a las que creía urgente dotar de recursos para labrar su emancipación.

Junto a Bertha Lutz fundó la Liga por la Emancipación Femenina, proponiendo la creación de la materia Historia de la Mujer en los currículos escolares. La Liga se le quedó algo pequeña y aburguesada, muy centrada en el sufragio, y Maria quería ir mucho más allá. Ese camino la llevó a Sao Paulo, publicando ensayos y escribiendo en periódicos como A Plebe y O Combate, participando de las luchas obreras y sindicales, ya que siempre consideró la lucha feminista como parte de combate social que implica por igual a mujeres y hombres en su lucha por acabar con la explotación, la injusticia y los prejuicios.

Tanto en sus artículos como en sus múltiples conferencias por Brasil, Argentina y Uruguay, denunciará la opresión que se ejerce sobre las mujeres, sean ricas o pobres, y la casposa moral sexual burguesa, defendiendo el amor libre y arreando fuerte a la institución familiar: 'la institución de la familia está basada en la ignorancia de la mujer, en el servilismo y la esclavitud femenina'.

En febrero de 1923 edita la revista Renascença, una publicación cultural que circula vivamente en ámbitos libertarios y librepensadores que incomoda a las familias ejemplares por su agitación en temas como derechos de la mujer, educación sexual, amor libre, placer sexual o maternidad consciente. Maria opone la desigualdad al orden natural y armónico que nos debería ser propio y fuente de felicidad, mientras nos atamos a 'la unión monógama y la familia indestructible, que son la base y sostén de la Religión, del Estado y de la Propiedad Privada”. 

Predicó con el ejemplo y vivió durante nueve años en una comunidad en Guararema formada mayoritariamente por libertarios del exilio europeo, muchos de ellos desertores de la Gran Guerra, creando un espacio 'libre de escuelas, libre de iglesias, libre de dogmas, libre de academias, libre de muletas, libre de prejuicios gubernamentales, religiosos y sociales'. La dictadura de Getulio Vargas acabó con ese sueño.

Maria Lacerda de Moura vivió sus últimos años en Río de Janeiro, trabajando en Rádio Mayrink Veiga, sumida en el pesimismo que le provocaba un mundo adicto a la guerra, con comunistas y anarquistas a tortas y el fascismo siempre latente. Hay algo en nuestra naturaleza que no acaba de florecer por los pesticidas de religiones y naciones.


divendres, 12 de maig de 2017

Francisco Javier Elola Díaz-Varela. 1939.


'No me conceptúo reo de delito de rebelión militar, porque no me levanté contra la Constitución del Estado, ni del Jefe del mismo, ni de las Cortes, ni del Gobierno formalmente legítimo. Surge la rebelión por el alzamiento colectivo en armas contra un poder legalmente constituido. En 18 de julio de 1936 existía un Estado con todas las condiciones jurídicas y reales a las que debía su ser en el mundo internacional. Era el de la República Española. Se regía por una Ley fundamental: la Constitución de diciembre de 1931. Real y jurídicamente la rebeldía estaba en el campo de los que se levantaron contra el Estado republicano y no se consolidó como tal Poder'.

Francisco Javier Elola Díaz-Varela era un señor de Monforte que consideraba las leyes un pacto civilizado para garantizar la convivencia. Vale, sí, suena muy constitucionalista. Por eso estudió y se licenció en Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela y aprobó las oposiciones a juez y fiscal. Le tocó ejercer de vocal de la Junta Organizadora del Poder Judicial en malos tiempos, más de ordeno y mando que de justicia, con el general Primo de Rivera al frente del cortijo.

Francisco Javier Elola Díaz-Varela luce un prestigio intachable entre sus colegas, que respetan su rectitud, honestidad e inteligencia. Le nombran juez del Distrito de Chamberí de Madrid y representante de la judicatura española en los Congresos Penales Internacionales de París, Bruselas y Budapest.

El 13 de mayo de 1931, el Gobierno provisional lo nombra Fiscal General de la II República, para ser nombrado magistrado del Tribunal Supremo el 31 de julio del mismo año, cargo que compagina con el de diputado a Cortes Constituyentes por Lugo por el Partido Radical de Lerroux, algo rarito cuando defiendes la independencia judicial. No tardará en abandonar el partido de Lerroux.

Desde su silla en las Cortes defiende el derecho de los ciudadanos a ejercer los derechos contemplados en la Constitución y se opone a la utilización de medidas excepcionales para solucionar conflictos. 'El papel de la Justicia está en la realización del derecho, por medio de un juicio de valor secundario que pudiéramos llamar conocimiento. Fuera de eso no tiene ningún poder. La Justicia debe acantonarse en sus respectivas actividades, y dentro de ellas establecer y formar jueces que cumplan con su deber y sean dignos, cultos y amantes de estos movimientos nuevos que, al fin y al cabo, conducen a un mundo nuevo'.

Tras el golpe de Estado fascista de julio del 36, Francisco Javier Elola permanece fiel al Estado de derecho que representa la II República. El 26 de agosto se le nombra Presidente de la Sala III de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Supremo y el 27 de agosto Presidente de la Junta de Inspección de Tribunales de Madrid. El 16 de Septiembre de 1936 le nombran instructor del expediente general sobre el movimiento de rebelión militar.

Siempre creyó que las jurisdicciones especiales eran contrarias al espíritu de la II República y en todo momento se negó a convertir los tribunales en una coartada para la venganza. Eso le costó levantar suspicacias y ser apartado de alguna instrucción.

Francisco Javier Elola acompañó al gobierno en sus traslados a Valencia y Barcelona. En Barcelona, en junio del 38, se negó a depurar a la brava a los funcionarios de justicia acusados por el Tribunal de Espionaje y Alta Traición de Catalunya. Tampoco creía que su ideología conservadora o sus creencias religiosas les invalidará como responsables en sus funciones. Consiguió su absolución. Ninguno de aquellos a los que había salvado la vida o librado de prisión dio posteriormente la cara por él, cuando acabada la guerra y negándose a marchar del país, es detenido por las nuevas autoridades y es acusado de un delito de rebelión. El 18 de abril de 1939, el Alto Tribunal de Justicia Militar le condena a muerte 'por un delito de adhesión a la rebelión militar actuando como Juez Especial contra los verdaderos españoles que se sumaron al legítimo Movimiento Militar'.

Francisco Javier Elola Díaz-Varela fue fusilado a las cinco de la mañana del 12 de mayo de 1939 en el Campo de la Bota. Según el certificado de defunción la causa de la muerte fue una 'profusa hemorragia interna'. Una vez muerto se le instruyó expediente de responsabilidad política, por el cual se embargaban los bienes a su viuda y cuatro hijos. Uno de los jueces que instruyó el expediente era uno de aquellos que se libró del paredón gracias a la decidida intervención de Elola Díaz-Varela en los tribunales que presidía.

dimecres, 10 de maig de 2017

Antonio García Barón. 1922.


A los 14 años cambió el violín por un fusil para ayudar a parar el fascismo a las puertas de Madrid, sobrevivió 4 años en el campo de exterminio de Mauthausen y trabajó contando relámpagos en la Amazonia boliviana. Sí, Antonio García Barón vivió lo suyo. Hoy hubiera cumplido 95 años.

Antonio García Barón nació en Monzón, en una familia gente de campo con ideales republicanos. Era un asiduo de la biblioteca que tenía la CNT y ya nunca dejó de devorar libros. La guerra devora vidas y se enrola en la Columna Durruti a su paso por Monzón para irse al frente y romperle los dientes al fascismo.

García Barón acaba la guerra en la 26, son los últimos en cruzar la frontera, y allí promete que algún día volverá a España para contar el espíritu criminal que alienta a la Santa Iglesia en su Crvzada de barbarie. No tardará en doctorarse en barbarie. Primero lo dan de alimento a los piojos, la sarna, la difteria y la disentería en los campos de concentración gentileza del gobierno francés.

Enrolado en la V Compañía de Armas de Cambrai para salir del campo de Vernet, lo mandan a cavar trincheras en la Línea Maginot y a correr acorralado por las fuerzas alemanas hasta la playa de Dunkerque. Aún le da tiempo a derribar dos aviones alemanes con un antiaéreo inglés, pero cuando intenta salir de allí con la flotilla de emergencia que han enviado desde Gran Bretaña, lo dejan en tierra, por español.

La idea de García Barón es alistarse en el maquis para seguir combatiendo a los nazis. No le dan tiempo y lo capturan. Tras un penoso peregrinaje como prisionero es subido a un camión y arrojado en Mauthausen. Será el número 3422 y por su juventud y fuerza trabaja en la cantera. En 1945, en plena debacle del III Reich, consigue huir del campo tras un bombardeo y vuelve el 5 de mayo guiando a las tropas estadounidenses. Ese día jura que si vuelve a España será para mantener vivo el recuerdo de los compañeros asesinados en Mauthausen por orden directa del general Franco.

Instalado en París, García Barón consigue un trabajo de ingeniero, pero no se adapta a un continente alfombrado de cadáveres. Animado por el anarquista Gaston Leval decidirá marcharse a la Amazonia boliviana. Antes hará una rápida excursión a su Monzón natal para dar un último abrazo a su madre, que ha sido rapada y encarcelada. La visita vestido de cura.

Antonio García Barón aterriza en La Paz y de allí salta a orillas del Quiquibey, en plena selva, lejos de un mundo hostil. Es el año 1953. Le toca lidiar con el cura del lugar, un alemán que anda enredando y trata de enemistar a los indígenas con el recién llegado. Ya nadie se acuerda del cura alemán.

Unido a Irma Cortez, sangre indígena y japonesa, levantarán un hogar, cultivarán la tierra, criarán animales y tendrán cinco hijos. Toman del mundo lo poco que necesitan y repudian el dinero. La empresa pública de electricidad necesita datos de la zona para la construcción de una represa y lo contratan para contar relámpagos y observar las crecidas de los ríos.

Sólo volvió una vez a España, pasados muchos años, para explicar lo que se había prometido en la frontera francesa y en las puertas de Mauthausen. Rechazó cualquier tipo de homenaje, sugirió a un alto funcionario del Estado por dónde podía meterse el voluminoso fajo de papeles que le pedían para recuperar la nacionalidad española y se emocionó cuando le ofrecieron inaugurar una biblioteca.

Los últimos años en su rincón libertario en la selva boliviana se fueron llenado de turistas y explotaciones de todo tipo que destrozaban poco a poco el entorno natural, cercano al Parque Nacional Madidi. Cansado y enfermo, prácticamente ciego por un glaucoma, Antonio e Irma se trasladaron a una casa de ladrillo que ellos mismos se construyeron en San Buenaventura, La Paz. Ya no podía leer libros, pero podía leer la vida y estaba llegando a las últimas líneas de una historia fascinante. Antonio García Barón decidió dejar de tomar alimentos y diluirse definitivamente con el mundo el 17 de noviembre de 2008.