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dimecres, 13 de juliol de 2016

Juana Belén Gutiérrez de Mendoza. 1942.


El 13 de julio de 1942 moría Juana Belén Gutiérrez de Mendoza tras 67 años de vida vivida. Poeta, periodista, revolucionaria, coronela zapatista, libertaria...mujer, olvidada en las páginas oficiales.

Había nacido en San Juan del Río, Durango, nieta de indígena caxcana, hija de campesinos pobres. Santiago se llamaba el padre, llegado de Jalisco para trabajar de jornalero y herrero, y Porfiria se llamaba la madre, mujer religiosa, resignada a la miseria. Juana Belén nunca quiso resignarse. En esos años, en México, si nacías varón la familia te montaba una bienvenida con chocolate, si nacías mujer con atole de masa ya va que chuta. No, no quiso resignarse y ella sola aprendió a leer y a escribir mientras trabajaba de sirvienta.

A los 17 años se casó con Cirilo Mendoza, minero analfabeto, al que enseñó a leer y escribir y a defender sus derechos. El esposo murió pronto y la dejó sola con tres hijos: Santiago, Julia y Laura. Santiago murió siendo niño. Resignación, dirían. Pues no. A los 22 años, Juana Belén empieza a denunciar las injusticias desde la prensa. En 1897 publica un reportaje sobre las condiciones de vida de los mineros de La Esmeralda, en Chihuahua. Los propietarios de la compañía minera mandan encarcelarla.

Al salir de la cárcel pudo haberse callado y dedicarse a sus cosas. Y eso hizo. Dedicarse a sus cosas, quiero decir, a denunciar. Funda el Club Liberal Benito Juárez en Minas Nuevas. Quieren encarcelarla y se marcha a Guanajuato para fundar el semanario 'Vésper', el nombre de la estrella vespertina que tanto fascinaba a su hijo Santiago. Y le pone un lema: '¡Justicia y Libertad!', mucho mejor que Resignación, desde luego.

'Vésper', fundado, dirigido y escrito por una mujer, atiza a Porfirio Díaz, el Estado y la Iglesia con contundencia e ironía. Una mujer que además publica libros de poesía. Al gobernado y el obispo de Guanajuato no les gusta el tono de Juana Belén y mandan decomisar la imprenta. Juana Belén escapa de ser decomisada ella misma y se va a ciudad de México a refundar el semanario y continuar su lucha. Allí se instala con sus dos hijas y se relaciona con el círculo del ingeniero Camilo Arriaga, convirtiéndose en una de las precursoras ideológicas de la Revolución Mexicana, firmante del Manifiesto del Club Liberal Ponciano Arriaga que pide amnistía política y sufragio libre.

El Manifiesto le supone ir a la cárcel y al destierro en Laredo, Texas. Y allí sigue editando 'Vésper', junto a Elisa Acuña. Y sigue pidiendo justicia y libertad. Y un mayor protagonismo de la mujer en la vida pública. Y educación libre de tutelas religiosas. Y el exilio que se divide y fragmenta en egos y luchas internas.

En 1905 vuelve a México, y con otra poeta y revolucionaria, Dolores Jiménez y Muro, fundan el grupo Socialistas Mexicanos, dirigiendo su propio órgano de expresión, 'El Partido Socialista'. Juana Belén estará en la creación del Club Político Femenil Amigas del Pueblo, el Club Hijas de Cuauhtémoc y Las Hijas de Anáhuac, que agrupa a unas 300 mujeres libertarias que exigen la igualdad, uniendo las reivindicaciones de género con las reivindicaciones indígenas. La mandan a la cárcel y el destierro, claro.

Para echar a Porfirio Díaz de la poltrona da su apoyo a Francisco Madero y participa en el complot de Tacubaya, que fracasa. Pasará tres años en la cárcel.

Madero acabará triunfando, no así la Revolución, más por los pactos en los despachos que por el cambio social, esa vieja historia. Juana Belén se va al sur con Emiliano Zapata y los explotados. A Madero, en su intento de llevarse bien con todo el mundo, se lo acaba cargando Victoriano Huerta. Zapata la nombra coronela, encargada de organizar el regimiento Victoria. La violación se castiga con el pelotón de fusilamiento.

El jefe de las Comisiones de Seguridad, Francisco Chávez, le tenderá una trampa y le caerán diez meses de cárcel en las Islas Marías por zapatista. Con ella van Dolores Jiménez, Manuela Peláez y María de Jesús Jaso. Al salir fundará otro periódico, 'La Reforma', para dar voz a los indígenas. En 1916 vuelve a la cárcel por zapatista, esta vez casi un año de presidio acompañada por su hija Laura, también zapatista.

Una vez asesinado Zapata, Juana Belén regresa a Morelos y organiza una colonia agrícola comunitaria que aguanta poco por falta de recursos y unas ayudas prometidas por los 'revolucionarios' del Gobierno que nunca llegan.

Poco dada a resignarse se va de nuevo a ciudad de México y participa en la organización del Consejo Nacional de Mujeres Mexicanas y el secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, viejo compañero de cuando el complot de Tacubaya, la nombra maestra misionera del Programa Educativo del Departamento de Educación y Cultura Indígena, un hermoso proyecto contra el analfabetismo y la marginación. Acabará siendo inspectora de escuelas rurales en Zacatecas.

Incansable, Juana Belén edita la revista 'Alma Mexicana' y vuelve a impulsar 'Vésper', además de dirigir el hospital de Zacatecas y publicar 'Por la tierra y por la raza' y 'República femenina', crítica al patriarcado como simiente de la desigualdad. También le da tiempo a crear el grupo Indoamérica, grito a la unión latinoamericana contra el colonialismo yanqui, y a dirigir la Escuela Industrial para Señoritas, en Morelia, organizando una cooperativa de talleres para dar formación y oficio a mujeres.

'En todos los rincones del mundo está viviendo el dolor, en todos los rincones del mundo se enrosca la perfidia y se abren unas mandíbulas dispuestas a triturar y yo no tengo indiferencia para ver, ni cobardía para huir, ni mansedumbre para acomodarme allí'.

La mujer que vendió su rebaño de cabras para comprarse una imprenta y poder plantar cara a los poderosos; la mujer que dejó su impronta en avanzadas leyes sobre matrimonio, divorcio y uniones civiles; la mujer que escandalizaba vestida con pantalón y corbata; la mujer que renunció a prebendas oficiales porque la Revolución es otra cosa; murió el 13 de julio de 1942, arrinconada, a los 67 años de edad. Para poder pagar su entierro tuvieron que vender su máquina de escribir, la que utilizó a los largo de una vida vivida por la justicia y la libertad.