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dijous, 12 de maig de 2016

Emilia Pardo Bazán. 1921.


Hoy se cumplen 95 años de la muerte de Emilia Pardo Bazán. Cuando yo iba al colegio, Emilia Pardo Bazán era la autora de 'Los pazos de Ulloa'. Y punto. Bueno, y condesa que andaba por el Pazo de Meirás. Y ya está. No nos contaban que también era periodista, voz temida en cualquier debate por su sólido arsenal intelectual y defensora de los derechos de la mujer, esa 'reclusa moral encerrada en un corazón que no se le permite expresar'.

No salían en las fichas que nos hacía rellenar el profesor Hernández, mientras leía el 'Mundo Deportivo' tras sus gafas de sol, los artículos de 'La cuestión palpitante' o de 'Nuevo teatro crítico', ni menciones a las mujeres obreras de 'La tribuna' o al erotismo de 'Insolación'.

Nadie nos explicó que Pardo Bazán luchaba por 'la imposición de la razón sobre la tradición del absurdo' y consideraba la educación algo fundamental para conseguir la igualdad y la emancipación de la mujer, lo que ya habla bastante de la educación que recibíamos. En 1870 el 91% de la población femenina española era analfabeta. El padre y la madre de Emilia siempre le facilitaron el acceso a la educación y la literatura, una educación de verdad, no la meramente decorativa de piano y francés destinada a las señoritas de buena cuna.

Nadie nos dijo que el padre de Emilia, José Pardo, se fue de diputado a Madrid, y harto de tanta inutilidad se llevó a la familia de viaje por Europa, empapándose de cultura hasta las cejas, aprendiendo a hablar inglés y alemán. Ni nos dijeron que mandó a paseo a su marido, José Quiroga, cuando le exigió que dejara de escribir. Y que se lió con Benito Pérez Galdós y con cuantos le vino en gana, que por algo era la única dueña de sí misma y ningún meapilas iba a darle lecciones de moral.

Tampoco supimos entonces que fue gran amiga de Francisco Giner de los Ríos, ni lo que significaban esas amistades, como irte a París a charlar un rato con Zola y Victor Hugo.

Eso sí, quedaba claro que era una buena escritora, pese a lo cual, eso ya no entraba en el cuestionario, le fue denegado hasta tres veces su ingreso en la Real Academia Española. Lo pidió para Concepción Arenal y ni caso. En fin, tampoco se lo concedieron a María Moliner. Ahí dentro no hubo sitio para señoras hasta 1978.

Abriendo camino fundó y dirigió 'La Biblioteca de la Mujer', fue la primera presidenta de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid y la primera mujer catedrática en España. Se puso a impartir clases de Literatura de Lenguas Neolatinas en la Universidad Central. Sólo se matriculó un alumno. La tradición del absurdo nos ha hecho más de profesores con bigote y gafas de sol leyendo prensa deportiva en el aula. Y punto pelota.

dijous, 5 de maig de 2016

Arturo Pajuelo y Juan Carlos García


La manifestación del 1 de Mayo convocada por CC.OO. y UGT en Madrid acaba con un minuto de silencio en memoria de los abogados de Atocha y de Yolanda González, asesinados por fascistas. Y se disuelve pacíficamente.

Arturo Pajuelo Rubio, 33 años, fundador de la Asociación de Vecinos Guetaria, miembro activo de la Coordinadora de Barrios de la Zona Sur de Madrid y líder vecinal muy querido del barrio de Orcasitas, ha ido a la manifestación con sus amigos Joaquín Martínez Mecha y Carlos Martínez Bermejo y ahora van charlando por el paseo de Santa María de la Cabeza. Pese a la evidente presencia de grupos fascistas que han seguido de cerca la manifestación y aún andan por allí, la policía se entretiene disolviendo a guantazos la manifestación que CNT ha montado por su cuenta.

Sin mediar aviso ni provocación alguna, un grupo se abalanza sobre los tres amigos. Alguien sujeta a Arturo por la espalda mientras otro le clava una bayoneta en hígado y pulmones. Nueve veces. Cae muerto allí mismo. Carlos Martínez y Joaquín Martínez consiguen huir. Carlos ha recibido cuatro puñaladas que no le afectan órganos vitales. Joaquín, herido de gravedad en el riñón, arrastrará secuelas de por vida.

Los asesinos no huyen, se van andando. La policía no está ni se la espera, la misma policía que ocupará el turno de noche en controlar la asamblea de cuatro mil vecinos que se organiza en el colegio Velázquez al conocerse la noticia de la muerte de Arturo, impidiendo el acceso a los que intentan sumarse y deteniendo a los ocupantes de un vehículo que recorre las calles anunciando por megáfono lo acontecido.

Testigos de la agresión y los propios agredidos identifican como autor del crimen al falangista Daniel Fernández de Landa y Roca. A pesar de todo ello la investigación se lo tomará con calma, y pasarán tres años hasta que se dicte auto de procesamiento contra Fernández de Landa, que a esas alturas de la película ya se halla fuera del país en paradero desconocido.

El Ministro de Interior es el teniente general Antonio Ibáñez Freire, veterano de la sublevación fascista del 36 y de la División Azul. Deja el cargo al día siguiente. Toma el relevo Juan José Rosón, familia de pedigrí falangista, gobernador civil de Madrid con Martín Villa y director general de RTVE con Arias Navarro. Todo queda en casa.

El 6 de mayo hay manifestación de protesta por el asesinato de Arturo Pajuelo. La marcha concluye en la plaza de la Cruz de los Caídos. Algunos manifestantes acaban realizando pintadas en el monumento. 'Fachas asesinos', puede leerse. El jefe provincial de Falange de Madrid, José María Alonso Collar, y numerosos falangistas acuden al lugar para borrar las pintadas.

Un centenar largo de falangistas llegan a la Cruz de los Caídos en Ciudad Lineal y empiezan a limpiar la afrenta. Literalmente. Unos le dan al balde y el estropajo, otros van cortando el tráfico y algunos más la emprenden a empellones con los transeúntes más curiosos. Cuando terminan quedan unos cuarenta. Tienen un plan. En perfecta formación militar marchan en desfile hacia el Bar San Bao, donde supuestamente están tomando unas cañas los autores de las pintadas al monumento patrio.

Encabeza el desfile un señor bien trajeado luciendo unos complementos que desentonan un poco con su impecable chaqueta y chaleco gris: un machete en una mano y una pistola en la otra. Marcando el paso se puede ver a Daniel Fernández de Landa y Roca, el asesino de Arturo Pajuelo, que ha cambiado la bayoneta por un revólver. Más caras conocidas. Algunos jovenzuelos que hace un año habían asaltado la Facultad de Derecho de la Complutense disparando a diestro y siniestro, entre ellos Pedro Pablo Peña, actual presidente de Alianza Nacional.

A eso de las 22.15 horas, el grupo irrumpe en la terraza del Bar San Bao, en Arturo Soria 42, donde apuran el trago y la conversación antes del cierre unos treinta jóvenes. Se presentan al grito de '¡Viva Cristo Rey!' y con una sucinta y diáfana declaración de intenciones: '¡Os vamos a matar!'.
Estalla la tormenta de cadenas y bates de béisbol sobre los presentes. Y suenan cuatro disparos. Dos de esos disparos acaban con la vida de Juan Carlos García, 20 años, que está haciendo el servicio militar voluntario y había quedado con unos amigos. Le disparan por la espalda. Los otros dos disparos dejan heridos con una bala en la pierna y una en el bazo a Ramón Carlos Bornal, 19 años, y Vicente Seoane Martín, 20 años. A Arturo Simón Moliner le abren la cabeza de un golpe y precisa varios puntos de sutura.

La policía hace una redada gracias a las informaciones obtenidas del primer detenido, que canta el 'Cara al sol' y el nombre y dirección de los integrantes de la columna, excepto el del señor del traje gris y los complementos mal combinados, que debe imponer respeto. La Audiencia Nacional condena en 1983 a varios de los agresores a penas de entre 6 meses y 10 años. Curiosamente, o no, se libran los autores materiales del asesinato, Iñigo Guinea Pérez y el reincidente Daniel Fernández de Landa y Roca. La instrucción de la causa ha tardado tanto que ha dado tiempo al primero a instalarse en Brasil, mientras que el segundo aún anda en paradero desconocido.

Las penas mayores son 10 años para Juan Domingo Martínez Lorenzo y 4 años para Jesús Alfredo Fernández de Landa, hermano de Daniel, que obtendrá la condicional a los 2 años. En 1985, la Sala Segunda del Tribunal Supremo propone al Gobierno un indulto parcial rebajando la mitad de la condena al estimar que Martínez Lorenzo y Fernández de Landa no fueron los ejecutores materiales del asesinato. Sólo uno de los ocho jueces del Supremo se opone a ello. José Hijas Palacios. No, no se me alboroten. Se opone por considerar las penas excesivas y querer rebajarlas más.

Hijas Palacios había sido presidente del Tribunal de Orden Público durante la dictadura y su argumentación para rebajar la pena de Martínez Lorenzo es apabullante y define una amplia zona de los Tribunales: 'no existe alevosía en la muerte de Juan Carlos García a pesar de haber recibido el disparo por la espalda. No fue un ataque traidor, porque el condenado entró en el bar gritando 'salid si tenéis cojones' y el que avisa no es traidor'. Y punto.