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dissabte, 16 d’abril de 2016

Saturnino Bernal. 1940 - 2016


Se nos ha muerto Saturnino Bernal, el Satur. Se nos ha muerto un 14 de abril, con el puño en alto. Mi padre trabajaba en Aiscondel y fue a él al primero que oí hablar del Satur. Que vaya con el Satur, que joder con el Satur, que si 10 como el Satur y otro gallo nos cantaría... Yo era un crío, así que me imaginaba al tal Satur como algo parecido a un musculoso tornero fresador héroe de la Unión Soviética. Cuando más adelante lo conocí en persona resultó ser un tío canijo, moreno y enjuto, y empecé a comprender que la fuerza no radicaba en el tamaño y el músculo, sino en nuestros principios. Eso lo dijo Salvador Allende, pero yo lo supe por el Satur.

Aunque hablar de Saturnino es hablar también de Dolores Sánchez. El Satur y la Dolores, una vida en común de amor y lucha. Ellos representan una época y una actitud. Cuando el movimiento obrero se demostraba andando. Cuando aquello del cinturón rojo. Cuando las Comisiones Obreras y PSUC. Cuando había clase obrera, antes de convertirse en clase media de tele de plasma y sofá.

Dolores y Satur llegaron de Extremadura. A Berga, para trabajar en las minas de Fígols. Allí vivió Satur su primer encierro, a metros bajo tierra. No dejaban bajar agua ni comida, así que los más jóvenes, más delgados, trepaban con mochilas por los conductos de respiración y salían brevemente al exterior para cargar vituallas que les dejaban los familiares. Gracias a eso, y al temple de los más veteranos, mineros asturianos, aguantaron hasta provocar cierta respuesta internacional que alivió algo la situación. Allí, en la mina, murió el padre de Dolores, en un accidente. Bajo tierra. Bajo tierra continua enterrada parte de la memoria de este país.

Y luego Cerdanyola. El Satur y la Dolores se instalan en Las Fontetas, base rebelde contra el Imperio que caminaba hacia Dios. Y en Cerdanyola, Aiscondel. Son tiempos de jornadas laborales de 12 horas, de lunes a sábado. Tiempos de listas negras y sindicato vertical. Tiempos de tricornio, miedo y palizas en una habitación mal ventilada. Tiempos de asambleas semiclandestinas en el merendero de Les Fontetes un domingo por la mañana, con alguien subido a un pino para avisar si venía la Guardia Civil.

En 1973, el Satur es uno de los principales promotores de la huelga iniciada a raíz del asesinato por disparos de la policía de Manuel Fernández Márquez, en Sant Adrià. Serán 21 días de paro, muchos de ellos acompañados por el cierre de comercios. Son habituales las imágenes de cargas a caballo y policías aporreando trabajadores en los márgenes del río.

Hay también imágenes hermosas. En plena carga policial, con todo el mundo a la carrera, los vecinos del paseo Cordelles, plantas bajas, abren sus puertas para que puedan refugiarse. Los sientan a mesa para comer juntos. Si llama la policía les dicen que son invitados que, 'lo juro, señor agente', llevan aquí mucho rato.

Se acaba la huelga. Las furgonetas de la policía quedarán aparcadas frente a la fábrica muchos meses para vigilar a la plantilla, de la que ya no forma parte Saturnino. Lo han despedido. Un despido significaba entrar en la lista negra y no volver a ser contratado en ninguna fábrica. La gente quería trabajar en una fábrica porque ahí se fabricaba el futuro de sus hijos, muchos de los cuales llegarían a ser el primero en generaciones en acceder a la Universidad.

Ese 1973 será uno de los 113 detenidos de la Assemblea de Catalunya. Y vuelve a corroborar lo que ya sospechaba, que la policía es tonta, con muy mala leche y muy poca educación, pero tonta del culo. Pese a llevar algunos documentos comprometedores en la cartera, las hostias se las lleva por un calendario de bolsillo del Barça.

Mientras, Dolores aguanta en casa, llevando ingresos y cuidando de los cuatro hijos; realizando, quizás sin saberlo entonces, actos de resistencia pacífica. Cuando se presenta la policía con alguna orden de registro, los aguanta en el rellano hasta que no acaba de leer, con mucha parsimonia, el documento judicial. Si le meten prisa, le echa la culpa a Franco, que no la dejó ir a la escuela.

El Satur siguió en todas las luchas mientras una a una iban cerrando todas las fábricas de mi pueblo, las sindicales, las huelgas contra las sucesivas reformas laborales, las que pedían una mejor sanidad, una mejor educación...

Hace tres años se organizó una cena de homenaje al Satur y la Dolores. Una cena con estética de boda modesta, porque algo de eso tenía. Una boda es la escenificación de un compromiso, y había un compromiso en cada uno de los abrazos que allí se dieron. Abrazos de hombres y mujeres que si algo han hecho en la vida, visto lo visto, es luchar por encima de sus posibilidades de triunfo. Un compromiso en cada sonrisa que no consiguieron borrar las hostias que les dieron.

Al terminar la cena la mayoría se fue para casa a dormir, pero Saturnino y Dolores se apuntaron a una última copa. Porque siempre hay tiempo para una última copa. Siempre hay tiempo para intentarlo una vez más. Se lo debemos. Ese será nuestro mejor homenaje. Salud! Y que los abrazos y las sonrisas sean nuestro equipaje, porque ahí vive la memoria de los hombres buenos, como el Satur.