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dilluns, 30 de novembre de 2015

Francesc Layret. 1920.


'Pues sepa que el ideal anarquista, el anarquismo, contrariamente a lo que su señoría acaba de decir, es algo tan bello, tan justo, tan humano, en fin, tan sublime, que no tiene cabida ni puede entrar por las puertas del Instituto en el que se educó su señoría'.

Así se lo soltaba Francesc Layret al fiscal que solicitaba la pena de muerte para siete anarquistas a los que se estaba juzgando en la Audiencia de Málaga. El público asistente hizo la ola y los procesados fueron absueltos. Layret acostumbraba a ganar sus casos por goleada, en parte por su dedicación y en parte por ser casos sin más pruebas que los atestados de policía y guardias civiles.

En mi pueblo el Ayuntamiento está en la plaza de Francesc Layret, esquina con Lluís Companys. Layret y Companys fueron concejales, así que más que una dirección debería tomarse como directriz para los ediles de hoy.

Hijo de buena familia nacido en el verano de 1880, Layret tuvo que andar ayudado por dos muletas a causa de una parálisis en sus piernas desde los dos años de edad. Igual por eso nunca dejó de caminar y prestar su atención a los desvalidos. Hizo el bachillerato en el Liceo Políglota y se hizo muy amigo de un chaval de Lleida al que sus padres habían mandando de interno. Lluís Companys.

Layret es consciente de la importancia de la educación para caminar por la vida con paso firme. A los 18 años empieza a cursar Derecho y Filosofía y Letras, y a los 20 participa en la creación de la Associació Escolar Republicana; la Extensión Universitaria para llevar la universidad a la clase obrera y acaba redactando los estatutos de una de las más luminosas instituciones barcelonesas, el Ateneu Enciclopèdic Popular, que presidirá en 1905. En 1908, como concejal en el Ayuntamiento de Barcelona, promueve el Presupuesto de Cultura para impulsar escuelas municipales en lengua catalana y basados en la coeducación como semilla de una sociedad igualitaria.

El año 1915 se le puede ver en el núcleo fundacional de Bloc Republicà Autonomista, con Lluís Companys, el poeta Gabriel Alomar i Marcel·lí Domingo, el que sería ministro de Instrucción Pública de la II República y uno de los artífices de la implantación de un sistema educativo que debía sacar al país de las tinieblas y las supersticiones religiosas. Por cierto, Alomar y Domingo morirían en el exilio.

También por esa época la CNT empieza a contratarlo como abogado full time para defender a sus numerosos procesados, destacando en la defensa de los ferroviarios de la huelga general del sector en 1917 en Zaragoza y estableciendo una gran y estrecha amistad con Salvador Seguí. Aprovechando su acta de diputado por Sabadell alzó su voz en el Congreso para denunciar la feroz represión desatada tras la huelga de La Canadiense en 1919, con la ley de fugas convirtiendo Barcelona en coto privado de caza de patronal y militares.

El 30 de noviembre de 1920, la mala bestia del gobernador civil, Severiano Martínez Anido y su principal sicario en los menesteres de orden público, Miguel Arlegui, jefe de la Dirección General de Seguridad de Barcelona, encierran a 36 anarquistas, entre ellos Salvador Seguí y Francesc Comes, en el barco prisión La Giralda, anclado en el puerto. Entre los detenidos se encuentra Lluís Companys, al que no le sirve de mucho ser concejal en el Ayuntamiento. La orden es transportarlos al penal de Mahón. La excusa es una de las obras cumbres del cinismo de Martínez Anido, que justifica la medida para salvar sus vidas de la inseguridad ciudadana que se vive en sus dominios.

La esposa de Companys, Mercè Micó, acude a la casa despacho de Layret en la calle Balmes, 26, para pedir ayuda. Layret llama al alcalde Martínez Domingo para concertar cita con Martínez Anido y pedir explicaciones y la libertad de los detenidos. El alcalde hace la gestión pertinente y le dice a Layret que él y el gobernador le esperan en Sant Jaume sobre las seis y media. Layret queda con Mercè Micó que lo recoja a las seis para ir juntos.

A eso de las seis de la tarde del 30 de noviembre de 1920 Francesc Layret sale de su despacho. Al otro lado de la calle espera Mercè Micó en un vehículo. Cuando está cruzando se le acerca un individuo del Sindicato Libre de la patronal y le descerraja siete tiros. Curiosamente, pese a estar en pleno centro y al clima que se vive por las detenciones de los 37 de La Giralda, no aparece ni un solo representante de las fuerzas de orden. El asesino, que nunca será juzgado, es Paulí Pallàs, escogido para el encargo por un Martínez Anido en plena racha. Es el hijo de Paulí Pallàs padre, anarquista torturado y fusilado en Montjuic en 1893.

Llevado primero al dispensario de la calle Sepúlveda, donde se presenta un Martínez Anido que está que se sale para preguntar por el estado de salud de Layret, Francesc Layret muere a las diez de la noche en la clínica del doctor Corachán. Al día siguiente se declara huelga general en Barcelona y los encarcelados en La Giralda, que ya han llegado a Mahón, reciben la noticia por parte de un guardia.

El 2 de diciembre el féretro de Layret es sacado a hombros desde su casa en Balmes, 26 para trasladarlo al cementerio de Montjuic. Las calles están abarrotadas y al poco de iniciado el cortejo Martínez Anido y Arlegui presentan sus respetos ordenando una carga a caballo y sable que acaba con el féretro por los suelos. La intervención del concejal Lluís Nicolau d'Olwer, que asiste en nombre del alcalde y que por cierto, morirá en el exilio, consigue poner algo de paz para que la gente se vaya disolviendo y sólo los más allegados consigan llegar sin más incidentes al cementerio.

Martínez Anido no moriría en el exilio, murió como Ministro de Orden Público del primer gobierno del general Franco. Los dos grandes amigos de Layret, Lluís Companys y Salvador Seguí tampoco morirían en el exilio. A Companys lo fusilaron en Montjuic y a Seguí lo asesinaron en 1923, junto a Francesc Comes, los pistoleros de la patronal y Martínez Anido.

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