Cercar en aquest blog

diumenge, 27 de setembre de 2015

Los últimos fusilados de Franco. 1975.


Entre abril de 1974 y agosto de 1975, ETA y el FRAP matan en atentado o durante un tiroteo a cuatro agentes de la Guardia Civil y la Policía. El dictador más viejo de Europa ordena venganza. Hay que buscar un culpable por cada muerte, montar farsas judiciales y llevarlos al paredón para dejárselo todo atado y bien atado a su sucesor, Juan Carlos de Borbón. El encargado del operativo es el comisario Roberto Conesa, ayudado por Carlos Domínguez Sánchez y Juan Antonio González Pacheco ‘Billy el Niño. Los detenidos empiezan a pasar por los sótanos de la Dirección General de Seguridad.

Entre el 28 de agosto y el 19 de septiembre de 1975 se celebran los cuatro juicios sumarísimos para condenar a muerte a los supuestos culpables. Previamente, el 22 de agosto, un Consejo de Ministros presidido por el general Franco en sus vacaciones en el Pazo de Meirás, aprueba el Decreto Ley Antiterrorista que posibilita los juicios sumarísimos en 24 horas contra civiles y que se aplica a los detenidos con carácter retroactivo.

Todos los acusados han firmado declaraciones bajo tortura. El caso más flagrante es el de José Antonio Garmendia, miembro de ETA abatido en un tiroteo con la policía y rematado de un tiro en la cabeza que provoca daños irreparables en su cerebro, dejándolo disminuido mentalmente. Aún así es sometido a interrogatorios en el centro hospitalario en el que permanece tras salir del coma. En ese estado no lo pueden fusilar y le hacen firmar una declaración que implica a Ángel Otaegui, que ni siquiera pertenece a ETA. Garmendia no puede firmar e imprimen su huella dactilar en la declaración.

Los juicios se solventan en pocas horas. La dirección del PCE ha dado orden a sus letrados de lavarse las manos y no inmiscuirse en los casos, no vaya a perjudicarles políticamente mezclarse con presuntos ‘terroristas’ en esos momentos. En el juicio a los tres miembros del FRAP los abogados defensores son expulsados de la sala y la vista continua con abogados militares que ni siquiera han leído la documentación del caso.

Los tribunales dictan 11 sentencias de muerte. Empiezan las protestas internacionales. El Consejo de Ministros del 26 de septiembre conmuta la pena de muerte a seis de los condenados por 30 años de prisión. Al día siguiente, 27 de septiembre de 1975, serán fusilados Juan Paredes Manot 'Txiki' (21 años), Ángel Otaegui (33 años), José Luis Sánchez Bravo (22 años), José Humberto Baena (24 años) y Ramón García Sanz (27 años).

Ángel Otaegui, hijo único, es fusilado en la tapia de la huerta de la prisión de Burgos tras pasar la noche bebiendo coñac con los funcionarios de la cárcel. En el campo de tiro de Matalagraja, en Hoyo de Manzanares, son fusilados José Luis Sánchez Bravo, José Humberto Baena y Ramón García. Los ejecutan tres pelotones formados por voluntarios, jaleados por guardias civiles y policías que han venido en autobús a ver el espectáculo, muchos de ellos completamente borrachos.

A Txiki lo mataron en mi pueblo, a las 8.30 de la mañana del 27 de septiembre de 1975, en un claro del bosque, cerca del cementerio de Collserola. Lo ataron con cadenas a un trípode y empezaron a pegarle tiros mientras cantaba 'Euzko gudariak'. 

A Txiki lo fusilaron, como a Julián Grimau, con la misma premeditada crueldad. A Grimau le pusieron un pelotón formado por soldados de reemplazo, que temblorosos y muchos de ellos incapaces de mirar a la víctima, necesitaron varias descargas y el tiro de gracia para matarlo. A Txiki, un chaval de 21 años, lo fusiló un pelotón de seis guardias civiles del servicio de información que se presentaron voluntarios, luciendo barbas y greñas empaquetadas en uniforme y tricornio. 

Se lo tomaron con calma. No hubo descarga a la orden de fuego, cada uno llevaba dos balas en su subfusil y fueron disparando uno a uno, entre insulto y chascarrillo, al estómago y el tórax, sin causarle la muerte. Los abogados de Txiki, Marc Palmés y Magda Oranich, mientras sujetaban al hermano mayor de Txiki, Mikel, que intentaba abalanzarse sobre los guardias, tuvieron que implorar el tiro de gracia. El general Franco, matarife mayor del reino, en sus primeros indicios de putrefacción, había decido despedirse tal como llegó al poder, haciendo lo que mejor se le daba, instaurar la muerte.

Cuatro días después, el 1 de octubre, aniversario de la proclamación de Franco como Jefe de Estado, mientras el general alude a la conspiración masónico izquierdista de la clase política en contubernio con la subversión comunista terrorista y la plaza de Oriente corea 'Si ellos tienen ONU, nosotros tenemos dos', a su lado en el balcón principal del Palacio Real, Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia saludan con la patita.

dimecres, 23 de setembre de 2015

Libertad Ródenas. 1893.


Custodio Ródenas era un cristiano de orden hasta que se fue a París, empezó a leer a Voltaire y se pasó el dogma por el libre pensamiento. De vuelta a Valencia se unió libremente con Emeteria Domínguez y tuvieron tres hijos, Volney, Progreso y Libertad, a los que llevaron a la escuela laica.

Libertad Ródenas nació el 23 de septiembre de 1893. Dejó pronto la escuela porque la economía familiar no daba para muchas alegrías, pero ahí estaba la semilla y la curiosidad y el compromiso de la joven Libertad empezó a crecer en Ateneos y debates políticos, destacando como oradora. Al venirse con toda la familia a Barcelona en 1918 interviene en el Congreso de la Confederación Regional de la CNT en Sants y le encargan irse de gira para explicar los acuerdos tomados y ya de paso crear sindicatos allí dónde hagan falta. Así conocerá a José Viadiu, también militante libertario, con quien tendrá tres hijos.

En la Barcelona de Miguel Arlegui como jefe de la Dirección General de Seguridad y Severiano Martínez Anido de gobernador civil, tiempos de ley de fugas y pistoleros en nómina de la patronal, la casa de Ródenas y Viadiu era un refugio para los perseguidos. Uno de los hermanos de Libertad, Volney, escapó milagrosamente a la ley de fugas; su primo Armando no tuvo tanta suerte y murió tiroteado por la espalda; y su otro hermano, Progreso, fue herido en un tiroteo. Libertad Ródenas pasará tres meses en prisión por negarse a colaborar con la policía.

Al salir de la cárcel se va con Rosario Dulcet a Madrid, a explicar lo que está pasando en Barcelona. Rosario Dulcet, activista libertaria que ha conocido cárcel y exilio, también ha convertido su casa en refugio de perseguidos y formará pareja con uno de ellos, Marcelino Silva, que eludirá a los pistoleros de la patronal para ser asesinado en mayo 1937 por los pistoleros de Stalin. Ródenas y Dulcet formaban parte del grupo Brisas Libertarias de Sants, que impartía clases nocturnas a mujeres obreras, y siempre fueron muy activas en los comités pro-presos barceloneses. Rosario Dulcet murió a los 87 años, atropellada por un coche en su exilio de Carcassonne.

Libertad Ródenas siguió dando charlas y conferencias por toda España, visitando por ello regularmente las dependencias policiales peninsulares. En julio de 1936, tras el golpe de Estado fascista, no lo pensó dos veces y se alistó en la Columna Durruti para marchar al frente de Aragón. Como miliciana participó en la toma de Pina de Ebro y luego se encargó de coordinar y llevar a cabo la evacuación de los niños y niñas desde Aragón a Catalunya.

Tras la disolución de las milicias y la creación del Ejército Popular, las mujeres fueron apartadas de la primera línea de fuego y mandadas a retaguardia, muchas destinadas a la industria bélica. Libertad, con sus tres hijos evacuados a la Unión Soviética, se alistó entonces a Mujeres Libres para seguir luchando por la igualdad hasta el final de la guerra. Ella iba con los centenares de miles que cruzaron la frontera y pudo instalarse en Burdeos, con las puertas de su casa siempre abiertas a quien lo necesitara. Y en esa época eran muchos.

Estalló la II Guerra Mundial y tenía todos los números para ser detenida y deportada. Inició un nuevo periplo que la llevó a Santo Domingo, La Habana y finalmente México, donde pudo reencontrarse con uno de sus hijos. Los otros dos murieron defendiendo Leningrado de los nazis en un asedio brutal de 872 días que costó la vida a más de un millón de personas, la mayoría a causa del hambre.

Libertad Ródenas se mantuvo fiel a su nombre hasta el final. Nomen est omen. Murió el 19 de enero de 1970 con la sonrisa intacta de quien ha vivido.

dimarts, 22 de setembre de 2015

Bartolomé García Lorenzo. 1976.


22 de septiembre de 1976. Seis policías apostados en el rellano del tercer piso del bloque de la Divina Pastora, en la barriada tinerfeña de García Escámez – Somosierra. Llaman al portal 4º. Abre la puerta Bartolomé García Lorenzo, que al ver a seis hombres armados apuntándole se asusta y cierra. Los policías disparan. Hasta 33 balas perforan la endeble puerta. Cuatro balas impactan en el cuerpo de Bartolomé, que estaba de visita. En la casa vive su prima Antonia, que tiembla de pánico mientras protege con su cuerpo a su bebé de meses.

La policía ni siquiera llama a una ambulancia, cogen el cuerpo malherido de Bartolomé de cualquier manera, lo meten en un coche policial y lo dejan en urgencias del Hospital General y Clínico. Los médicos intentan salvar su vida en el quirófano durante seis horas. El cuerpo de Bartolomé está desgarrado por dentro y ha perdido mucha sangre. Trasladado a la UCI muere dos días después.

Bartolomé García Lorenzo tenía 21 años, estudiaba Magisterio. ‘No te dejaron ser padre, ni maestro’, llora su hermana Dulce. Era deportista y senderista, fundador y presidente del grupo montañero Tanausú, enamorado de su tierra llevaba a los muchachos de excursión, para que pudieran conocerla mejor. También andaba muy implicado con el barrio.

La policía se excusa diciendo que buscaban a Ángel Cabrera El Rubio’, el presunto secuestrador y asesino del empresario Eufemiano Fuentes. Incluso en un primer momento comunican al gobernador civil que han abatido a ‘El Rubio’. Descubierto el error rectifican y dicen que Bartolomé iba armado e hizo ademán de disparar.

El padre de Bartolomé, Andrés García Vidal, teniente jubilado de la Guardia Civil, se presenta en el despacho del gobernador civil, Rafael Mombiedro de la Torre, y le exige respeto a su hijo que agoniza en el hospital. Las autoridades presentan sus condolencias a la familia y lo dejan todo en un lamentable error cuando pensaban que tenían cercado a ‘El Rubio’, prometiendo impartir justicia e inhabilitar a los agentes implicados.

Al entierro de Bartolomé García Lorenzo asistirán 25.000 personas en una isla en pie de guerra y sumida en la huelga general más absoluta que se haya vivido nunca en el archipiélago. Mombiedro de la Torre pide refuerzos que Rodolfo Martín Villa manda sin perder tiempo para tomar las principales vías de Tenerife, produciéndose multitud de altercados que terminan con numerosos detenidos y heridos.

Los seis policías, cuatro del Cuerpo General de Policía y dos de la Policía Armada, se sientan en el banquillo en febrero de 1982. Son Juan José Merino Antón, José Antonio del Arco Martín, José María Vicente Toribio, Ángel Dámaso Estrada, Juan Gregorio Valentín Oramas y Miguel Guillermo López García. La acusación pide 12 años de reclusión y su inhabilitación permanente para ejercer cargo público. La Sala de lo Penal de la Audiencia Provincial de Tenerife los condena a dos años de cárcel. Ninguno de ellos llegará a pisar la cárcel, siguen ascendiendo en el escalafón sin problemas. En 1986 un auto de la Audiencia Provincial de Tenerife declara extinguidas las responsabilidades de los agentes.

(Ángel Cabrera Batista ‘El Rubio’ fue acusado de secuestrar y asesinar al empresario Eufemiano Fuentes, aunque nunca se pudo demostrar. Durante 13 años anduvo en búsqueda y captura, toreándose a la policía española hasta que él mismo decide entregarse. Siempre mantuvo su inocencia y silencio absoluto sobre el caso. La policía encontró un cuerpo decapitado que supuestamente podría ser el cadáver de Fuentes, aunque otros aseguran haber visto al empresario vivito y coleando por Sudamérica. Eufemiano Fuentes, potentado tabaquero, era falangista, responsable directo de la represión en la isla durante la guerra y primera postguerra como cabecilla de las llamadas patrullas del amanecer que arrojaban rojos por la Sima de Jinámar. El propio Fuentes, en el trayecto en barco entre Canarias y Cádiz, arrojaba al mar a presos políticos republicanos, con las manos atadas, mientras gritaba ‘¡Patitos al agua!’. Eso sí, Eufemiano Fuentes era lo que hoy llaman un emprendedor y Ángel Cabrera era el delincuente).

diumenge, 20 de setembre de 2015

El Papus. 1977.


El humor es el triunfo de la anarquía por breves instantes, canta Quimi Portet. Los redactores de El Papus lo sabían y por eso su lema era Ni Dios, ni amo, ni CNT. A finales de noviembre de 1976 se les borra la sonrisa al recibir la visita de Alberto Rayuela, falangista y secretario nacional de la Hermandad de la Guardia de Franco, que tocándose la sobaquera le dice al director de la revista satírica y neurasténica, Xavier Echarri Moltó, que se ha quedado con su cara y que mucho cuidado. Al parecer anda muy cabreado por el tratamiento hecho al pasado 20N, con una portada que muestra a dos carcamales falangistas, uno haciendo el saludo fascista y el otro poniendo los cuernos mientras lo intenta y se justifica con un 'es que tengo reuma deformante'. El aviso no les hace ni pizca de gracia, pero el pulso no les habrá de temblar mientras siguen dibujando y acumulando denuncias, secuestros, multas, amenazas y citaciones judiciales. En esa época El Papus sólo es superada en ventas por Hola, Garbo, Lecturas y Diez Minutos.

Apenas un año más tarde, la mañana del 20 de septiembre de 1977, un joven entrega un paquete al conserje del edificio en el que se encuentra la redacción de El Papus, en la calle Tallers, con aviso de entregarlo urgentemente al director. El conserje, Juan Peñalver Sandoval, se dispone a hacerlo y al llegar al primer piso, antes de entrar en la redacción, el paquete explota y lo descuartiza. La onda explosiva provoca una veintena de heridos. Uno de los primeros en personarse en el lugar es el señor Godó (El Papus es propiedad de La Vanguardia), que muy preocupado pregunta si los daños materiales han sido muy cuantiosos...al Conde lo que es del señor Conde.

La mano de obra del atentado está integrada en Juventud Española en Pie, grupúsculo que encabeza Juan José Bosch Tapies y suele reunirse en los billares Manila o los recreativos Oriente, propiedad de Miguel Gómez Benet, alias El Padrino, leridano, lugarteniente de la Guardia de Franco que da cobijo y trabajo a los fascistas italianos huidos de la justicia de su país y acogidos como mercenarios al servicio de las fuerzas de seguridad del Estado.

Miguel Gómez Benet corre con los gastos y son habituales las reuniones en su finca leridana de Castell de Beme para hacer prácticas de tiro con los amigotes, prácticas que incluyen una ametralladora antiaérea. Gómez Benet es íntimo del gobernador civil de Lleida, Aparicio Calvo-Rubio, que murió en su cama a principios de 2014 y tuvo una exitosa carrera judicial en el Tribunal Supremo, llegando en 1988 a ser nombrado fiscal general antidroga y a punto estuvo de ser nombrado Fiscal General del Estado en 1997. En el grupo hay dos fascistas italianos que atienden por ‘Mario’ y ‘Giuseppe’ y que siempre se ha sospechado pudieran ser Giuseppe Calzona y Carlo Vanoni.

Alberto Royuela desaparece de escena y salen a relucir sus estrechos contactos con el coronel de Estado Mayor Luis Marín de Pozuelo, segundo jefe de Estado Mayor del Ejército en Barcelona, que antes ha estado destinado en el Estado Mayor Central del Ejército, en Madrid.

La investigación policial es digna de una Papunovela y ni siquiera se toman muestras del explosivo utilizado, T4 de uso militar. La responsabilidad del atentado se circunscribe a los empleados del mes de la trama negra y se aparca indagar de dónde vienen las órdenes. Los dos fascistas italianos desaparecen del mapa y en febrero de 1978 la Audiencia Nacional empieza a regalar libertades condicionales que algunos aprovechan para fugarse, empezando por Gómez Benet, que manda saludos desde Brasil.

De los 13 detenidos sólo 6 están presentes en el juicio por el atentado que se celebra en marzo de 1983. Gómez Benet ha vuelto para morir en Andorra de una cirrosis. Las penas de los acusados se ven substancialmente reducidas al considerarse como atenuante su buena conducta y el haber tenido explosivos durante tres meses sin utilizarlos en todo ese tiempo (sic). Nadie cumple su pena entera. A Juan José Bosch Tapies le caen 13 años de los que cumplirá 3, gentileza de la libertad condicional otorgada por el juez Donato Andrés Sanz, detalle que aprovecha para irse al Paraguay. Donato Andrés Sanz tiene la mano floja con los permisos, que en su momento otorgará a los asesinos de Yolanda González y a uno de los asesinos de los abogados de Atocha.

Una última y sangrante viñeta. En 1985 el Tribunal Supremo considera improcedente una indemnización al semanario, ya que las indemnizaciones por acto terrorista se conceden a personas físicas y no a personas jurídicas, además de dejar claro que la culpa de la explosión es del conserje Juan Peñalver Sandoval por no haber tomado las precauciones necesarias. El chiste no tenía ni puta gracia.

diumenge, 13 de setembre de 2015

José Luis Alcazo. 1979.


El razonamiento acémila de los fascistas entiende por debate de ideas destrozar las ideas con un bate. En 1979, en Madrid, bandas de jóvenes fascistas engominados gozan de holgada permisividad policial en sus correrías, con el ínclito Juan José Rosón de gobernador civil.

Uno de esos grupos se ha impuesto la misión de limpiar el Retiro de rojos, homosexuales y delincuentes. Lo forman chavales de entre 14 y 19 años, militantes o ex militantes de Fuerza Joven. Algunos lucen apellidos ilustres. Gabriel Rodríguez Medina (hijo de un alto oficial del Ejército). Fernando Pita da Veiga y Corral (sobrino del almirante y ex ministro de Franco). Pablo Calderón Fornos (hijo del teniente coronel Javier Calderón, número dos del CESID en los tejemanejes del 23F y futuro número 1 del CESID nombrado por José María Aznar, además de íntimo del ubicuo Eduardo Serra, secretario de Estado de Defensa con PSOE y ministro del ramo con PP).

El 12 de septiembre el grupo se adentra en el Retiro en busca de sujetos a los que escarmentar. Escogen a sus víctimas por su aspecto: pelo largo, vaqueros y barba son motivo de hostigamiento. Ese día escogen mal y los corren a hostias.

El 13 de septiembre vuelven armados con palos, cadenas, nunchakus y bates de béisbol tuneados con el lema 'Viva el fascio redentor'. También deciden que mejor no ir de cara, no se la vayan a partir como el día anterior, que mejor se esconden en unos arbustos y ya saltarán por sorpresa sobre sus víctimas, como los japoneses de las películas.

Las víctimas elegidas son Luis Francisco Canicio y Jesús Oyamburu, que van charlando tranquilamente cuando les asaltan y golpean. Detrás viene paseando con dos amigas y otro compañero José Luis Alcazo, 25 años, licenciado en Historia, que al ver la situación intenta defender a Canicio y Oyamburu apartando a los agresores de sendos empujones y echando a correr.

Canicio, Oyamburu y las muchachas consiguen escapar. José Luis Alcazo es derribado por la lluvia de golpes de los diez cachorros fascistas. Morirá a causa de los golpes de bate que recibe en la cabeza. Cuando supimos la noticia la escena de la pelea entre los Warriors y las Furias del Béisbol perdió toda su gracia.

Los diez jóvenes recibieron condenas de seis meses de arresto mayor a once años, ya que se consideraron diversos atenuantes como la edad de los implicados y la suposición de homicidio involuntario. Ninguno de ellos llegó a cumplir la mitad de la condena impuesta. La defensa justificó la acción de 'noble y altruista' en su intento de limpiar el Retiro de drogadictos y delincuentes. Cuando se reaizaó el juicio, tres años después del asesinato de José Luis, uno de los acusados sentados en el banquillo se encontraba realizando oposiciones a Policía Nacional. Apalea, pero seguro.

En una especie de tardío ejercicio de justicia poética a lo íbero, años más tarde, uno de los procesados murió de sobredosis en el Retiro.

divendres, 11 de setembre de 2015

Gustavo Muñoz de Bustillo. 1978.


11 de septiembre. Autoridades varias van dejando flores a los pies de un alto funcionario reincorporado a la administración tras una guerra en la que los señores no tenían grandes problemas en cambiar de bando por un quítame allá esas posesiones. En mi pueblo, sin ir más lejos, la familia Marimon, austriacista de toda la vida, se despertó una mañana felipista y cedió los terrenos para la acampada de 10.000 soldados que iban haciendo el relevo en el sitio de Barcelona. Tanto arraigó el felipismo en el municipio que aún ahora, cuando hay elecciones, mucha gente sigue votando a Felipe González. Bueno, a lo que iba.

Diada del 11 de septiembre de 1978. Hay dos manifestaciones a la misma hora. Una la convocan los partidos que andan pactando la Transición y piden el Estatut. La otra está convocada por los que piden la libre autodeterminación de los pueblos. Ahí va Gustavo Muñoz de Bustillo, 16 años, militante del PCE(i). No hace falta decir cuál es declarada ilegal por la autoridad competente.

La manifestación avanza desde la calle Ferran hasta plaza Catalunya, por las Ramblas, y vuelta a la calle Ferran, donde la policía carga con virulencia. Gustavo Muñoz recibe un disparo de frente. Un médico intenta en vano reanimarlo protegido en un portal, mientras continúan los disparos de balas de goma y alguno de fuego real que impiden la rápida evacuación del herido. Gustavo Muñoz muere en el portal.

El entierro de Gustavo Muñoz se hará a escondidas. Anunciado para las cuatro de la tarde, la policía sacará el cadáver por la puerta de atrás del hospital, a mediodía, metido en una furgoneta. Lo entierran a toda prisa, convirtiendo la misa prevista por sus padres en un responso de dos minutos.

Cuando por la tarde llegan sus compañeros de militancia para un último adiós que no han podido dedicarle, la policía aprovecha para detener a una treintena y someterlos a 7 días de interrogatorios, sin abogados, incomunicados en los sótanos de Via Laietana. El PCE(i) queda descabezado.

El seguimiento judicial del caso se convierte en un interminable y esperpéntico partido de ping-pong entre Audiencia Nacional y juzgados de Barcelona, con conclusiones de sumario y revocaciones que son un indigno insulto a los familiares del fallecido. Cinco años después el caso es sobreseído y sepultado en legajos. 

dimarts, 8 de setembre de 2015

Jesús María Zabala Erasun. 1976.


En el verano de 1976 no hay fiesta patronal que se precie en Euskal Herria que no incluya en sus actividades la actuación, en carne viva y riguroso directo al cráneo, de una dotación de la Guardia Civil cargando con malas intenciones. El flamante ministro de Gobernación, Rodolfo Martín Villa, es el mánager de la Benemérita que les consigue los bolos para reventar de manera sistemática las fiestas, que sirven de escenario y altavoz para reivindicaciones populares.

La alcaldesa de Hondarribia, Mercedes Iridoy Olascoaga, mujer de carácter, se planta ante el gobernador civil y le exige que se meta a las fuerzas de orden público en los cuarteles durante la celebración del Alarde en su municipio, que atrae a más de 50.000 personas de la zona. El gobernador le da su palabra de honor de que así será.

El 8 de septiembre transcurre sin incidentes en Hondarribia, alternando festejos, desfile y algunas peticiones de amnistía. Por la noche, terminado el desfile, unos centenares de personas se manifiestan en el barrio de la Marina pidiendo la libertad de Pertur y la amnistía total. Recorren la calle de San Pedro y se disuelven pacíficamente entre el público de la fiesta.

Fuera de programa empiezan a desplegarse por la calzada, en perfecta formación, agentes de la Brigada Antidisturbios de la Policía Armada, mientras la Guardia Civil toma posiciones en diversas bocacalles. Pasan los minutos y crece la tensión. Un incidente con una mujer cargada de chiquitos es la excusa perfecta para iniciar la carga lanzando gas lacrimógeno y balas de goma. La Guardia Civil se suma a la fiesta entrando por las bocacalles y convierten San Pedro en una ratonera.

En medio de la refriega un guardia civil le pega dos tiros a Jesús María Zabala Erasun, irunés de 24 años, delineante y militante de CC.OO., que ingresará cadáver en la Ciudad Sanitaria de San Sebastián. Hay dos personas más heridas de bala y una tercera perderá un ojo por el impacto de una bala de goma.

Una imagen queda en la memoria de muchos: Gabriel Alonso, hijo de Hondarribia, que fuera ídolo celtiña, ex jugador del Real Madrid y el futbolista que secó a Stanley Matthews e inició la jugada del gol de Zarra a Inglaterra en el Mundial de Brasil; se interpone entre ciudadanos y fuerzas del orden para pedir que dejen de disparar. Recibe una entrada merecedora de expulsión que lo manda de urgencias a la Clínica San Antonio de San Sebastián.

La noticia de la muerte del joven Jesús María Zabala llega al Parador de Carlos V, dónde la alcaldesa tiene cena de gala con las autoridades provinciales, militares y eclesiásticas. Indignada, llama mentiroso al gobernador civil y se baja a la calle de San Pedro.

Mercedes Iridoy convoca pleno extraordinario para la mañana del 9 de agosto. Asisten unos 500 vecinos y en protesta por lo sucedido se suspenden las fiestas y dimite el consistorio en pleno. Además convocan una manifestación para mostrar su rechazo a la actuación de las fuerzas de orden público y mostrar su apoyo a la familia del joven asesinado.

La manifestación es prohibida por Gobierno Civil. Aún así se celebra, bajo la lluvia; la meteorológica y la de balas de goma. Otra imagen: pese al humo y los disparos un grupo reducido, entre los que se encuentran Mercedes Iridoy y Eduardo Chillida, permanece inmóvil junto al túmulo popular de flores y objetos erigido en memoria de Jesús María Zabala y que la Policía Armada destroza.

Los trabajadores de las grandes empresas entre Irún y San Sebastián acordarán en asambleas realizar paros de protesta, que en algunas poblaciones llegan a ser huelga general. En Pasaia la policía reprime una manifestación y cerca a los trabajadores en la empresa Victorio Luzuriaga, produciéndose heridos de bala. La investigación judicial para esclarecer los hechos prometida por el gobernador, palabra de honor, nunca se realizó.

diumenge, 6 de setembre de 2015

José España Vivas. 1980.

1980. José España Vivas, 25 años, casado y con un hijo. Miembro activo de la Asociación de Vecinos Barrio Venecia de Alcalá de Henares, ecologista y militante del PCE(r). Joven y comprometido. Tenía todos los números de esa lotería llamada Transición, con sus boletos amañados, premios de mentirijillas y feriantes dados al cambalache, para acabar mal. En aquellos años la desactivación de los movimientos sociales y vecinales se hacía por dos vías: o te metían de hostias hasta hacer de ti un cuadro de Francis Bacon o te metían en una lista electoral hasta hacer de ti un florero.

A José España Vivas le detuvieron la medianoche del 4 al 5 de septiembre en Santorcaz, delante de toda su familia, en el marco de una operación general contra el GRAPO. Camino de Madrid paran al Alcalá de Henares y registran su casa sin orden judicial y sin encontrar nada relevante. José España Vivas es encerrado en los calabozos de la Dirección General de Seguridad, en Puerta del Sol, y queda incomunicado en aplicación de la ley antiterrorista para ser interrogado por agentes de la siniestra Brigada Central de Información.

Empieza el interrogatorio. José España Vivas dice lo que sabe: que no es del GRAPO, que milita en el PCE(r), que redacta y reparte octavillas, que está en la lucha por el socialismo. Todo es verdad. Pero no es suficiente para sus verdugos. O sí, y es la verdad lo que les aburre. José España Vivas no saldrá vivo del interrogatorio, ingresando cadáver en el hospital al que es trasladado a toda prisa la tarde del 6 de septiembre.

La prensa se limita a reproducir la versión oficial del Instituto Anatómico Forense que habla de muerte natural como consecuencia de un fallo cardíaco, provocado, a su vez, por un quiste hidatídico de 30 centímetros.

No habrá segunda autopsia y el cuerpo es depositado en un ataúd sellado que impide reconocer al muerto. Algunos médicos estiman el informe algo confuso y contradictorio en su justificación de la muerte por insuficiencia cardiaca, primero, y por insuficiencia hepática después. La familia también se muestra sorprendida. El historial médico de José España Vivas estaba impoluto hasta la fecha y su mujer jamás le había visto un quiste de 30 centímetros, una protuberancia visible para cualquiera que lo hubiera visto desnudo de cintura para arriba alguna vez. En el Congreso de los Diputados, el diputado del PCE Simón Sánchez Montero, plantea muchas dudas sobre lo sucedido y el ministro del Interior, Juan José Rosón, se ciñe a la versión oficial sin pestañear, una de sus grandes cualidades.

Las consecuencias de lo sucedido no se harán esperar: una semana después ocho personas son detenidas tras cargar la policía contra una concentración de protesta en la Plaza de Cervantes y un año después, en el aniversario de su muerte, varios miembros de la Asociación de Vecinos de Alcalá de Henares fueron procesados por editar una octavilla en su recuerdo pidiendo justicia. Y claro, no hubo investigación ni nadie fue juzgado. La verdad nunca fue relevante en los sótanos del Estado.