Cercar en aquest blog

dilluns, 31 d’agost de 2015

José Prudencio García. 1979.

31 de agosto de 1979. En Arganda del Rey, cuando al sur de Madrid aún había alcaldes comunistas, están de fiestas patronales. Desde mediados de mes un grupo formado por una docena de fascistas afiliados y simpatizantes de Fuerza Nueva y Fuerza Joven realizan incursiones diarias intimidando a los transeúntes. Ya ha habido algún enfrentamiento directo con jóvenes de Arganda y el alcalde alerta que se avecina un incidente grave. El gobernador civil, Juan José Rosón (su familia, falangistas como él mismo, son responsables directos de la brutal represión durante la Guerra Civil en su zona natal de Becerreá, Lugo), sigue manteniendo que los niveles de delincuencia, y ahí incluye las actuaciones fascistas, son los normales en una ciudad como Madrid y sus alrededores. Rosón es un hombre de Martín Villa que llegará a ministro de Interior con Suárez.

El grupo fascista vuelve a aparecer la noche del 31 de agosto. Hace apenas dos días irrumpieron en un Seat 850 y un Citroën GS a toda pastilla por la avenida principal, simulando atropellar a los viandantes y montaron una trifulca en el club Zahara. Al aparecer por el centro de Arganda el grupo es identificado por vecinos y jóvenes, empezando una persecución por la avenida del Ejército.

Luis Miguel Martín Giménez, 19 años, saca una pistola y efectúa algunos disparos sobre los vecinos que les persiguen. El grupo ultra se dispersa aprovechando la confusión y los vecinos van a por el de la pistola, que en compañía de Federico Molina Ruizberri, 16 años y con antecedentes por violencia ultra, encañona a Emilio Martínez Martínez para robarle su Renault 5. En ese momento llegan unos treinta vecinos, que agarran a Federico Molina. Luis Miguel Martín dispara contra José Prudencio García, 44 años, provocándole la muerte y huyendo en el vehículo.

Otro de los fascistas protagonistas de aquella noche es Iñigo Guinea Pérez, detenido por la policía municipal de Arganda y entregado a la Guardia Civil, que lo pone en libertad a la media hora. Iñigo Guinea Pérez es uno de los integrantes del grupo de falangistas que organiza una batida de castigo contra el bar San Bao de Madrid en mayo de 1980, pocos días después del asesinato del líder vecinal de Orcasitas, Antonio Pajuelo, también por falangistas. El asalto al bar San Bao termina con el asesinato del joven de 20 años Juan Carlos García Pérez, dos heridos de bala y varios contusionados. Iñigo García Pérez huirá de España sin problemas, abonado al paradero desconocido. Por su parte, la Fundación Blas Piñar está abonada a la subvención del Ministerio de Cultura del PP.

diumenge, 30 d’agost de 2015

Josep Lluís Facerías. 1957.


Esbirros del Estado apostados en ventanas y edificios acribillan a balazos a un hombre que pese a ir bien pertrechado de desconfianza y precauciones se ve sorprendido por la muerte que lleva años sin perderle de vista. No, no es Emiliano Zapata en la peli de Kazan. Es el 30 de agosto de 1957 y se trata de Josep Lluís Facerías. Y también lleva años de lucha insobornable.

Afiliado a las Juventudes Libertarias y con sólo 16 años se marchó al frente de Aragón a luchar por la revolución y contra el fascismo. Al final de la guerra, en plena retirada, lo hicieron prisionero. Su mujer y su hija de meses no tuvieron tanta suerte. Murieron ametralladas desde el aire mientras huían hacia Francia.

Entre cárcel y servicio militar obligatorio en las peores condiciones se le echa encima el año 1945. La II Guerra Mundial ha terminado y empieza a quedar claro que los aliados no tienen ningún interés en patear el culo del general Franco, que más bien le darán unas palmaditas en la espalda. Facerías crea el Movimiento Libertario de Resistencia. Resistencia al Estado fascista, resistencia el miedo y la resignación inoculados a una población devastada.

Los grupos de Facerías se dedicaban básicamente a recaudar fondos para la CNT y para familias con presos, abocadas a la miseria. La fuente principal de ingresos eran los bancos. Si tú robabas a un banco el Estado debía indemnizar a los clientes afectados. 'Nosotros somos incapaces de robar a un semejante, pero un bando no es un semejante. ¿Quién pierde el dinero que se roba en un banco? Los clientes, no. Los accionistas lo descontarán de los beneficios que no declaran y lo contarán en las pérdidas que declaran. Y lo cobrarán al seguro. Y no lo pagarán a Hacienda. Aún van a salir ganado dinero. ¿Lo has entendido?', razonan José Luís López Vázquez, Agustín González, Gracita Morales y Cassen en una maravillosa escena de Atraco a las tres (1962). 

A veces, aprovechando la huída después de atracar un banco, lanzan octavillas de propaganda. Tampoco son semejantes los usuarios de meublé, las joyerías en tiempo de hambre y los propietarios de automóviles y garajes, a los que detienen en cruces de carretera para apropiarse de dinero y documentación.

Cuando la presión policial se hace insostenible, Facerías pasa a Francia e incluso a Italia, se da un descanso y vuelve a la carga. Sueña con encender la chispa de una insurrección popular en Barcelona, en un plan que incluye el asalto de La Modelo y la liberación de presos, dinamitar la Jefatura de Policía, la voladura de líneas telefónicas y la toma de Radio Barcelona para dar la buenanueva. Pero no. Al final se quedó en algunos petardos en consulados sudamericanos, una bomba en una central eléctrica y el incendio de los garajes de Campsa.

Entre el invierno del 49 y la primavera del 52, la guerrilla libertaria es práticamente aniquilada, con la mayoría de combatientes caídos en enfrentamientos, delatados y muertos en emboscadas, encarcelados y fusilados.

Refugiado en Italia y tentado de irse al Brasil, Facerías decide mantenerse fiel a si mismo y vuelve a una España que ya forma parte de la ONU y firma tratados con probos demócratas que no le hacen ascos a estrechar la mano de ese general homicida que igual te firma una concesión que una pena de muerte. Facerías, Luis Agustín Vicente y Goliardo Fiaschi cruzan la frontera en bicicleta destino a Barcelona.

A la altura de Sant Quirze de Besora, Luis Agustín Vicente 'El Metralla' se separa para ir a casa de un amigo en Sabadell. Allí le detendrán y será torturado. Facerías y Fiaschi se instalan a una cabaña al pie del Tibidabo. Facerías se baja a Sant Andreu para un contacto. Al poco de irse, Fiaschi es detenido en una emboscada cuando regresaba a la cabaña.

Josep Lluís Facerías se baja del taxi en la confluencia de Doctor Urrutia con Pi i Molist. No tuvo la más mínima oportunidad. De haberla tenido la hubiera rechazado con elegancia y bombas de mano. Lo acribillaron a conciencia, que es el único uso de la conciencia que suelen practicar los fascistas. Facerías llevaba una pistola, cinco cargadores, librillo de papel de fumar, petaca y un espejito. En el puño cerrado una bomba de mano que no le dió tiempo a utilizar. Murió, sí, pero ni cautivo ni desarmado. 

dimecres, 26 d’agost de 2015

Celedonio García y Enrique Martínez. 1949.




Cuando Josep Lluís Facerías y Antoni Franquesa pasan la frontera el 2 de julio de 1948, les acompañan Celedonio García Casino y Enrique Martínez Marín. Durante un año realizarán una frenética actividad recaudando fondos para la causa. Es la causa antifascista y es muy triste tener que pedir, porque además no te hacen ni caso, así que mejor quitárselo a quien no lo necesita. El grupo atraca sucursales bancarias, roba documentación y realiza alguna visita intempestiva a la Casita Blanca y el meublé Augusta, que tiene su algo de justicia poética ver a los vencedores bajarse los pantalones.



A Celedonio García Casino el final de la guerra lo pilló con 17 años, no le habían dejado ir al frente y decide abrir el suyo desde la Federació Ibèrica de Joventuts Llibertàries de Gràcia de Barcelona. Lo trincan rápido y se pasa cinco años en La Modelo. Al salir reemprende la militancia clandestina y no tarda en contactar con Facerías, convirtiéndose en un habitual de los pasos fronterizos y responsable de diversas acciones armadas en Barcelona (bomba contra el cuartelillo de la Guardia Civil en Travessera de Gràcia, bomba que no explota en una de las torres del Tibidabo). También intentará, sin éxito, llevarse por delante a la mala bestia de Eduardo Quintela Bóveda, jefe de la Brigada Político Social, el tipo que ya jubilado se vino de Galicia con su perdiguero para ayudar a cazar a Quico Sabaté.



El 16 de agosto de 1949, Facerías, Franquesa, Celedonio, Enrique y otros se llegan al Mas del Bosch, en la carretera de la Arrabassada, cerca de mi pueblo. Encierran a los propietarios y servicio doméstico en una habitación y montan un peaje en la carretera. Quien dispone de vehículo propio en esa época es alguien bien situado, así que obtienen una buena recaudación en metálico y quincallería de la buena y deciden ir preparando la retirada a Francia. Antes, como despedida, provocan un incendio en los garajes de CAMPSA, ametrallan la comisaría de Gracia y tirotean a un policía armada. El 22 de agosto inician el viaje hacia la frontera tomando carreteras secundarias y cambiando de vehículo a menudo.



Enrique Martínez Marín tenía 12 años cuando terminó la guerra y sufrió en la infancia la humillación de los vencidos en su barrio del Carmelo. Decidió no resignarse y desde su militancia en las Joventuts Llibertàries empezó a luchar contra la dictadura. Lo detuvieron y encarcelaron al poco de cumplir los 20 años. Al salir de la cárcel en marzo de 1948 se fue directo a buscar a Facerías para integrarse en su grupo. Y allí estaban, tomándole el cochazo prestado a Edgar Neville.



El 26 de agosto los cuatro toman un camino de montaña para cruzar los Pirineos. Celedonio y Enrique van delante y son los que recibirán de pleno los disparos de la Guardia Civil, que les estaban esperando. Morirán allí mismo, en el monte. Antoni Franquesa es herido en la boca y un brazo y cargado a hombros por Facerías, que soltando el lastre de lo recaudado durante el último año se abre paso a bombas de mano.



Franquesa curó sus heridas en Perpignan. Cuando se recuperó volvió a la lucha con Facerías. En abril de 1950 a Antoni Franquesa lo mataron poco después de realizar un atraco en la panadería Sisquella de mi pueblo. A Josep Lluís Facerías lo acribillaban a balazos en una emboscada en Sant Andreu el 30 de agosto de 1957. A todos querían borrarlos del recuerdo. Ahí están, riéndose dentro de un coche que han tomado prestado camino de Francia mientras se acuerdan de aquellos poderosos con los pantalones por los tobillos.

dimarts, 25 d’agost de 2015

Justo López de Zubiría y Félix Mingeta. 1979.

Siempre hay algún bar que se llama Las Vegas, canta Quique González tomando la canción prestada de Diego Vasallo. El bar restaurante Las Vegas en Vitoria estaba en la calle Portal de Villarreal. Abría cuando ni siquiera había salido el sol, los obreros de la zona industrial de Vitoria hacían tiempo allí mientras esperaban los autobuses que les llevaban al trabajo.

A eso de las seis y poco de la mañana del 25 de agosto de 1979 Antonio Macías Benítez entra en el bar restaurante Las Vegas cargando una buena cogorza y gastando muy mal rollo. Empieza a discutir y buscar bronca con el personal mientras le pide un güisqui al dueño del establecimiento, Justo López de Zubiría, que le dice que nones, que se tome una Mirinda y ahueque el ala. Antonio Macías se rebota y Justo López lo echa a la calle. En la calle, Antonio amenaza con volver y liarla de verdad.

Una hora más tarde un taxi se detiene frente al bar Las Vegas y Antonio Macías sale de él y vuelve a entrar en el bar. Una vez dentro, Macías, policía nacional, saca su arma reglamentaria y apunta a Justo López. Un cliente, Félix Mingeta Sanz, 39 años, tres hijos, intenta mediar. Antonio Macías lo asesina de un tiro en el pecho. Vuelve a apuntar a Justo López y también lo asesina de otro disparo en el pecho. Enfunda la pistola, sale del bar y vuelve a subirse al taxi que le espera en la calle sin que el taxista tenga la más remota idea de lo que ha pasado dentro.

El informe policial convierte la borrachera de Macías en “síntomas de inestabilidad nerviosa” y miles de personas se manifiestan hasta el Gobierno Civil. Las Fuerzas de Orden Público cargan con contundencia y disuelven la manifestación y los hechos. Dos años después, Gaizka, uno de los dos hijos que ha dejado Justo López, de 17 años, pierde un ojo por un pelotazo de goma en una carga policial y cuando tiene 19 años participa en un extraño suceso, resultando herido de seis balazos cuando intenta sacar a su madre de la planta psiquiátrica del Hospital Santiago Apóstol utilizando a un rehén. Siempre hay algún trozo averiado del día que no puedes borrar pero te gustaría. 

dimarts, 18 d’agost de 2015

Francisco Pérez Carballo y Juana Capdevielle. 1936.


Francisco Pérez Carballo tenía eso que se llama un prometedor y brillante futuro profesional por delante. Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras con excelente expediente académico, dirigente de la Federación Universitaria Española, miembro de la Asociación Internacional de Estudiantes, militante de Izquierda Republicana y profesor ayudante en la cátedra de Derecho Romano de la Universidad de Madrid además de oficial letrado en el Congreso.

El gobierno del Frente Popular le nombra gobernador civil de A Coruña con sólo 25 años. Es abril de 1936 y el ambiente anda tenso. A Pérez Carballo le hacen llegar una lista de mandos militares más que sospechosos de afilar sables y conspirar contra la República. Por otro lado representantes obreros y sindicales le piden distribuir armas entre la gente por si los fascistas. Pérez Carballo se opone tanto a represalias contra militares sospechosos como al reparto de armas entre la población civil, manifestando un reverencial respeto por la legalidad vigente.

Al final los militares se pasan la legalidad por el forro. Pérez Carballo pasará unos días frenéticos, del 17 al 20 de julio, en la sede del gobierno civil, sin apenas dormir, mientras todo se desmorona. El 20 de julio, los militares acuartelados en A Coruña deciden finalmente apoyar el golpe de Estado fascista, arrestando a los generales Salcedo y Caridad Pita, que se oponían a la sublevación. El gobierno civil se convertirá en símbolo de la resistencia de las autoridades civiles al golpe militar y Pérez Carballo el único gobernador civil gallego que defenderá la legalidad con las armas.

Escasos de armamento y sobrados de buena voluntad, una treintena de guardias de asalto y algunos voluntarios se atrincheran tras unas barricadas de sacos terreros y la cobertura de dos ametralladoras. Resisten tres horas. Los militares, a los que no tardará en unirse la Guardia Civil, han apostado una pieza de artillería en Parrote que cañonea a placer desde lo alto. En gobierno civil ya hay los primeros muertos y los heridos son tratados con una botella de Jerez como antiséptico.

Tras la rendición y hechos prisioneros, Pérez Carballo, el comandante Quesada y el capitán Tejero Langarita, oficiales de la Guardia de Asalto leales a la República que han organizado la defensa del Gobierno Civil, son tratados con especial saña y llevados a la cárcel, cerca de la Torre de Hércules. La madrugada del 24 de julio son sacados del calabozo y llevados a Punta Herminia, cerca de la cárcel y del Campo da rata. Los tres hombres se abrazan para despedirse. Quesada y Tejero se ponen en posición de firmes, Pérez Carballo se quita el sombrero. El pelotón hace trizas sus cuerpos, que caen de espaldas al mar.

El pelotón, por orden de los militares golpistas, está formado por guardias de asalto que habían estado a las órdenes de Quesada y Tejero. El oficial al mando del pelotón que da la orden de fuego es el teniente Manuel Valcárcel, amigo personal de los dos oficiales fusilados. De regreso al cuartel, Manuel Valcárcel entra en la parte trasera de un camión y se descerraja un tiro en la cabeza.

Aquel mismo 24 de julio, Francisco Pérez Carballo, sabiendo de su suerte, escribe una nota de despedida para su mujer: 'Juana: Has sido lo más hermoso de mi vida. Donde esté y mientras pueda pensar, pensaré en ti. Será como si estemos juntos. Beso tu anillo una vez cada día. Te quiero. Paco. Para Juana Capdevielle, mi querida esposa. Viernes, 24 de Julio de 1936, cinco de la madrugada'.

Francisco Pérez Carballo estaba casado con Juana Capdevielle San Martín, una mujer extraordinaria a la que había conocido en el Ateneo de Madrid. Juana Capdevielle, compañera de estudios de María Zambrano, licenciada en Filosofía y Letras. Intelectual, pedagoga, conferenciantes. Era jefa técnica de la biblioteca del Ateneo de Madrid y organizó el servicio circulante de lectura para los enfermos del Hospital Clínico y de la Cruz Roja, impulsó la modernización de las bibliotecas españolas y estaba pensionada por la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas.

Juana Capdevielle estará al lado de Francisco Pérez en gobierno civil del 17 al 20 de julio, hasta que tras los primeros tiroteos saldrá por una puerta lateral del edificio con algunos trabajadores de la sede y se refugiará en casa de una familia amiga, los López Abente. El día 21 intenta tener noticias de su marido llamando a las autoridades militares. Ya por la noche consigue hablar con el psicópata Florentino González Vallés, teniente coronel de la Guardia Civil, que le dice que si le da su dirección ahora mismo pasan a recogerla para llevarla a ver a su marido.

Y sí, pasan a recogerla, pero no para ver a su marido, si no para llevarla detenida y encerrarla en los calabozos de la comandancia de la Guardia Civil. Al día siguiente la trasladan a los calabozos del Cuartel de Asalto. De allí la llevan a dependencias de Seguridad y luego a la cárcel de A Coruña. A finales de julio le hacen llegar la nota de despedida de Francisco. A principios de agosto la dejan libre mientras, le dicen, tramitan su destierro. Su cuñado, Ángel Pérez, intenta la mediación del cónsul francés (el padre de Juana es francés), Leon Porettio, que se pasa la fraternidad por la entrepierna y se escaquea.

El 17 de agosto le llega la orden para presentarse a la Guardia Civil. González Vallés ya ha decidido qué hacer con ella. La trasladan al local de Falange de Culleredo. Ya en la madrugada del 18 de agosto la suben a un automóvil que se detendrá en las afueras de Rábade, Lugo, cerca de un paso a nivel. La sacan del coche y la llevan a la cuneta. Le acribillan los pechos y la rematan de un tiro en la cabeza. Juana Capdevielle tenía 31 años y estaba embarazada de seis meses. Arriba España.

'Juana, has sido lo más hermoso de mi vida. Donde esté y mientras pueda pensar, pensaré en ti. Será como si estuviésemos juntos. Me dijiste la noche del veinticuatro de julio de 1936 antes de que te matasen. Paco, has sido lo más hermoso de mi vida. Donde esté y mientras pueda pensar. Pensaré en ti. Será como si estuviésemos juntos. Te digo en la noche del dieciocho de agosto de 1936 antes de que me maten. Y pienso: me quitarán la vida, pero no me quitarán el amor porque el amor es indestructible'.



dimecres, 12 d’agost de 2015

Moncho Reboiras. 1975.


La medianoche del 12 de agosto de 1975 la Brigada Político Social y la Policía Armada tienen montado un dispositivo de 300 agentes en la calle de Concepción Arenal, en Ferrol. Tienen información de la existencia de un piso franco en el que se esconden Moncho Reboiras, de 25 años, su mujer Elvira Souto y Lois Ríos. El objetivo es capturar Reboiras, al que le tienen muchas ganas. En junio, en un control en la frontera extremeño - portuguesa, han parado a su hermano Manuel y tras la desilusión al comprobar que no es el Reboiras al que buscan, le dicen que cuando lo vea le diga que tienen 'muchas ganas de conversar con él'. 

Moncho Reboiras había nacido en la aldea de Imo, en el concello de Dodro. Una familia humilde obligada a emigrar a Vigo, donde Moncho compagina estudios de Bachillerato, trabaja un tiempo en el obra y echa una mano en el Bar Noia que tiene la familia. Es buen estudiante y se acaba sacando la carrera de Ingeniería Industrial, obteniendo una beca para especializarse en Astilleros Barreras. Se acaba especializando en lucha sindical. Y le cuesta la beca tras andar en primera línea durante la huelga de septiembre de 1972.

Militante de Union do Povo Galego (UPG), trabaja en diversas empresas y recorre Galicia en 600 repartiendo propaganda en la lucha por una Galicia socialista e independiente, libre de todo sometimiento. Estará en la fundación de la revista 'Des tornillo', en el grupo teatral O Castro y en la organización Fronte Cultural Galega que coordina la acción de la mayoría de asociaciones culturales gallegas.

Miembro del Comité Central y del Comité Ejecutivo de la UPG, dedicado a la organización sindical, empieza a mostrarse partidario de la lucha armada. En el piso franco de Ferrol está intentando montar un grupo estable en la ciudad. La lucha armada gallega se reduce básicamente a unos cuantos atracos perpetrados por un muy limitado grupo de personas.

El cerco policial se estrecha pero no debe estar muy coordinado porque los tres ocupantes del piso consiguen escabullirse. La policía va a por Reboiras, que consigue despistarlos por un tiempo. Sobre las cuatro de la mañana es localizado y se inicia una persecución a la carrera. La policía dispara. En el informe policial se dice que 'al ser requerido para que se detuviera, echó a correr, por lo que los funcionarios actuantes, después de reiterar la voz de alto, trataron de intimidarlo con unos disparos al aire'.

Los disparos al aire se traducen en tres balazos por la espalda. Moncho Reboiras, muy mal herido, se refugia en el portal número 27 de la calle Terra. En ese portal morirá desangrado. La policía acordona el lugar y tarda dos horas en entrar a ver qué ha pasado con Reboiras. Para asegurarse ametrallan el portal, se cuentan más de cien impactos de bala, y lanzan dos bombas de gas lacrimógeno.

A las 10 de la mañana un vecino comunica a la familia que algo grave le ha pasado a Moncho Reboiras. Su madre y su hermano Manuel se enterará de lo sucedido por el parte radiofónico de las 12. El padre de Moncho, marino mercante, se enterará unos días después en alta mar y aún tardará mucho más tiempo en poder regresar a tierra.

A la una del mediodía la madre y el hermano de Moncho reconocen el cadáver en un cuarto del cementerio de Catabois y el juez instructor no se presenta hasta eso de las cinco de la tarde para hacer el levantamiento del cadáver y proceder a la autopsia para proceder a enterrarlo allí mismo vía urgente, discreta y bajo fuerte presencia policial. No será hasta el día siguiente que podrá ser enterrado en Imo, acompañado por los suyos, los que habían conocido y querido a aquel joven que como dejó escrito su hermano, 'recorre Galicia en un 600 y el mundo entero con su imaginación, un mundo que imagina libre de dictaduras, un mundo rojo, azul y blanco'.