Cercar en aquest blog

dilluns, 23 de febrer de 2015

Julieta Lanteri, 1932.


Buenos Aires. Año 1911. Elecciones municipales de legisladores. La Parroquia San Juan Evangelista de La Boca es centro de voto y los allí presentes no dan crédito a sus ojos. Una mujer, Julieta Lanteri, vota. Es la primera mujer que ejerce ese derecho en Argentina y en América del Sur. Las leyes argentinas no prohíben específicamente el voto femenino, es la inercia, la fuerza de la costumbre, que deja a las mujeres en casa. El único requisito para votar es estar empadronado. Y Lanteri lo está. Los requisitos para poder empadronarse son ser mayor de edad, residir en la ciudad, tener un comercio o industria o ejercer una profesión liberal y tener al día el pago de impuestos. No se dice nada del género. Así que Julieta Lanteri vota. Al día siguiente es la noticia en portada de los grandes medios.

Julieta Lanteri había llegado a Argentina con su familia cuando tenía seis años. Eran emigrantes italianos. En 1886 fue la primera mujer que ingresó y obtuvo el bachiller en el Colegio Nacional de La Plata, vía para la Universidad. En 1891 opta por la Medicina, carrera vetada a las mujeres a la que puede acceder gracias a un permiso especial del decano. Acabará obteniendo el doctorado en 1907. Un año antes, como integrante del Centro Feminista ha participado en el Congreso Internacional del Libre Pensamiento que en Buenos Aires y para mayo de 1910 organiza junto a otras mujeres el Congreso Femenino Internacional también en Buenos Aires. Junto con su amiga Raquel Camaña, fundan en 1911 la Liga pro Derechos de la Mujer y del Niño, que dos años después organizó el Primer Congreso del Niño en Argentina.

Tras su histórico voto de noviembre de 1911, las autoridades no tardan en reaccionar y aprueban una ordenanza que especifica claramente que las mujeres no podrán votar porque el empadronamiento se basa en el registro de empadronamiento del servicio militar. Y se va Julieta Lanteri directamente a los registros militares y al Ministro de Guerra y Marina para enrolarse en el Ejército. Le dicen que no, que el Ejército y el voto son cosa de hombres. Lanteri decide que si no puede votar, hará que la voten, y el 1919 crea su propia formación para presentarse y pode ser elegida diputada. Es la primera mujer candidata a un cargo electivo en la Argentina. Las autoridades no legalizan su ingreso en el parlamento y en 1920 es incluida en las listas del Partido Socialista Argentino.

No satisfecha con eso, Lanteri funda el Partido Feminista Nacional para presentarse a legisladora en varias ocasiones. Su plataforma electoral incluye en el programa la licencia por maternidad y el subsidio estatal por hijo; el sufragio universal para los dos sexos; igualdad civil para los hijos legítimos y los no legítimos; jornada laboral de 6 horas para la mujer; salario igual para trabajos equivalentes para los dos sexos; jubilación y pensión para todo empleado u obrero; divorcio y abolición de la pena de muerte.

En una entrevista concedida a la revista Nuestra Causa en junio de 1919, explicaba que el voto femenino pondría en la agenda política las necesidades de las mujeres y sus hijos, haciendo posible dictar leyes que 'protejan la vida y la vuelvan soportable. Como estas innovaciones están ligadas fundamentalmente a la parte económica de los pueblos, seguramente la mujer trabajará por una más equitativa distribución de la riqueza y una mayor responsabilidad moral por parte de los dos sexos. Equilibradas las fuerzas económicas, dentro de una estabilidad de vida relativamente tranquila, los problemas de la paz universal serán asunto de especial predilección para la mujer.Una sola moral para los dos sexos será una de las luchas futuras y los nuevos rumbos que se impartan a la educación harán que otros sentimientos se desarrollen en el varón. Seguramente que una nueva moral, no ya religiosa sino nacida de los sentimientos de solidaridad humana reinará entonces, fruto de las modificaciones imprimidas a la educación social individual, bajo las instituciones femeninas. El mayor aprecio que el hombre tenga de su propia vida y de la de sus hijos impedirá las guerras de individuos y si éstas se produjeran serán más bien luchas de ideas y pensamientos que obligarán al hombre a actividades de un orden más elevado, transformando el espíritu de codicia en el de emulación y mayor conquista espiritual'.

Lamentablemente, el exceso de testosterona siguió zurrando a la nueva moral cada vez que se cruzaban por la calle. En 1930 se produce el golpe militar fascista del general José Félix Uriburu, el primer golpe militar en la historia del país y que inauguraba una tétrica costumbre. Julieta se opuso a la dictadura con todas sus fuerzas, mientras se multiplicaban detenciones, torturas y ejecuciones de comunistas y anarquistas. Luego llegaría el gobierno del general Agustín Pedro Justo, inaugurando la Década Infame.

La tarde del 23 de febrero de 1932, mientras Julieta Lanteri paseaba por Diagonal Norte y Suipacha, un coche realiza una extraña maniobra. El vehículo mete marcha atrás, se sube a la acera y atropella a Lanteri, que muere en el hospital dos días después. El hecho fue despachado como un lamentable accidente, pasando por alto que el conductos era miembro de la Legión Cívica, grupo paramilitar encargado de limpiar las calles de indeseables. Los fascistas no tienen madre, los parió el odio en incesto con la ignorancia.

divendres, 13 de febrer de 2015

Sabadell. Huelga general 1976.


En enero y febrero de 1976, Sabadell bullía en manifestaciones por una enseñanza pública de calidad (si es que la cosa viene de lejos). El 23 de enero habían empezado las huelgas en los centros educativos. El 13 de febrero de 1976 hay una gran manifestación por la enseñanza, en un ambiente lúdico y reivindicativo que reúne a docentes y familias. Hay muchos niños. Y la policía carga a saco. Varios niños acaban en el hospital por los golpes recibidos. Supongo que la policía siempre ha estimado que la letra de la ley con sangre entra y que una hostia a tiempo evita perniciosas militancias. ‘No te metas en política, que sólo trae disgustos, mira tu padre’, me decía mi madre mientras mi padre disimulaba el ojo a la funerala del último desalojo.

La ciudadanía se indigna. Llevan desde finales de 1975 recogiendo firmas pidiendo la dimisión de un consistorio que no se moja por ellos. Ese 13 de febrero colma el vaso del aguante. Una asamblea en la parroquia de Sant Fèlix convoca manifestación de repulsa para el 19 de febrero. CC.OO. se suma y añade una convocatoria de huelga al envite. El 16 empieza la huelga de estudiantes, el 17 se suman los obreros de la construcción, el 18 los del textil y el 19 6.000 personas colapsan el centro ciudad. La policía vuelve a la carga y los heridos a los hospitales. David Wilson, profesor en la FIAC, morirá a causa de un pelotazo de goma. El 20 la asamblea en la iglesia de Ca n'Oriac convoca a huelga general para el 23. Piden el fin de la represión, la dimisión del consistorio y amnistía. El 22 los sindicatos preparan la huelga en la ermita de Sant Julià y el 23 ya están en huelga todo el sector industrial, los comercios de barrio y los centros educativos.  Hay varias detenciones. La prensa del momento habla de 50.000 trabajadores en huelga.

El 25 hay asamblea en el pabellón de deportes. Participan unos 8.000 huelguistas. La policía desaloja pacíficamente el recinto y monta guardia para que vuelva a producirse otro día igual. Y no se produce. Lo que viene es aún mejor. Gallina de piel. El día 26, de manera espontánea, columnas de trabajadores salen de sus centros y marchan, algunos caminan unos 3 kilómetros, hacia las pistas de atletismo. Allí se realiza una asamblea en la que participan 30.000 almas.

'Hoy es un día de fiesta para la clase trabajadora y para todo el pueblo de Sabadell. Para nosotros, republicanos sin república, los que un día intentamos forjar una sociedad más justa, al cabo de 40 años, junto con vosotros cantando, mientras esperamos a los detenidos, es el mejor estímulo, sin duda, para los que estamos cansados de esperar', suelta por el megáfono alguien que había permanecido años en silencio. El gobernador civil afloja y ordena la liberación de ocho de los once detenidos, que llegan al recinto entre cantos y clamores.

El 27 de febrero los trabajadores se reincorporan a sus puestos, el alcalde dimite y pocos días después son puestos en libertad los detenidos restantes. En aquellos días podías creerte aquello del poder popular, como volvería a suceder en el huelga del metal de septiembre / octubre del mismo año. Luego, que la vida iba en serio... ya saben ustedes cómo va la cosa.

Y cosas de la vida, también un 13 de febrero, pero del año 2009, moría Antoni Farrés, el que fuera primer alcalde de Sabadell tras el retorno de la democracia, cabeza de lista del PSUC, hombre honesto que trabajó en la dignidad y el compromiso de los barrios y que se retiró tras 20 años en el cargo renunciando a cualquier oropel. El camino que hay de Antoni Farrés a Manuel Bustos dibuja buena parte de lo que acabó siendo la Transición y el movimiento obrero, lo dicho, que la vida iba en serio...


diumenge, 1 de febrer de 2015

Yolanda González Martín. 1980.


La mañana del 1 de febrero de 1980, ETA masacraba a seis guardias civiles en Ispáster. Y sonaron algunos teléfonos. Muchas veces el Estado pasa la frontera entre justicia y venganza. El Estado ya es un poco una cuestión de fronteras. A un lado del teléfono, David Martínez Loza, industrial, jefe nacional de seguridad de Fuerza Nueva, y con muchos amigos en las fuerzas de seguridad del Estado. Al otro lado, Emilio Hellín Moro, ingeniero electrónico. Los dos integran el llamado Grupo 41, en los aledaños de Fuerza Nueva, grupo dispuesto a mantener la unidad de España aunque sea rompiéndola a hostias y bombazos. Martínez Loza le dice a Hellín Moro que se olvide de la bomba que iban a poner en una agencia que trabaja para el Grupo Z que publica 'Interviú' y pasan a otro de los objetivos que tienen en su lista. Uno muy fácil. Yolanda González Martín.

Yolanda González, 19 años, nacida en el Deusto obrero, se ha venido a Madrid a estudiar electrónica en el Centro de Formación Profesional de Vallecas. Yolanda militaba en el Partido Socialista de los Trabajadores y era la representante de su centro en la Coordinadora de Estudiantes de Enseñanza Media. Compaginaba estudios, militancia y trabajos como empleada del hogar para no tener que pedir dinero a sus padres. Hellín Moro se acerca al piso en el que vive Yolanda con su novio y una amiga, en la calle Tembleque del barrio de Aluche. Le acompañan Ignacio Abad Valavázquez, estudiante de químicas; Félix Pérez Ajero, empleado de banca; José Ricardo Prieto Díaz, agente de ventas; y Juan Carlos Rodas Crespo, policía nacional. No encuentran a su víctima y deciden volver más tarde.

A última hora vuelven al piso de Yolanda. Está sola. Hellín y Abad la engañan exhibiendo enseñas policiales falsas. La golpean y destrozan el piso en un supuesto registro. A punta de pistola la sacan a la calle. Yolanda lleva el jersey violeta que le hizo su madre, el violeta feminista que ella le pidió, y una medalla con el lauburu que le regalaron unos obreros del Nervión cuando ella, a los 16 años, les ayudaba en sus reivindicaciones repartiendo octavillas. Hellín y Abad la suben a empellones a un vehículo y arrancan.

El viaje es una lluvia de golpes, insultos, escupitajos y un delirante interrogatorio sobre su supuesta vinculación a ETA. El coche se desvía por una camino a la altura del kilómetro 3 de la carretera que une Alcorcón con San Martín de Valdeiglesias. Hellín y Abad sacan al falangista que llevan dentro, dan un corto paseo y Emilio Hellín le descerraja dos tiros en la cabeza. Ya en el suelo, Ignacio Abad la remata de un tercer disparo.

La mañana del día 2 de febrero, dos trabajadores encuentran el cuerpo de Yolanda. Y saldrá su foto en los periódicos. Recuerdo el lunes 4 de febrero, de retorno al Instituto tras el fin de semana, como la mañana más fría. No hizo falta decretar un minuto de silencio, el silencio, la rabia, destilaban un dolor que se nos filtraba por los pulmones. Nos buscábamos con la mirada herida. Me abracé a mi compañera de entonces con un abrazo que ya nadie conocerá.

Juan Carlos Rodas Crespo, el agente de la Policía Nacional que había participado en la vigilancia del exterior de la vivienda en el momento del secuestro, también se enteró del asesinato de Yolanda por la prensa. Sobrepasado por los hechos, los denunció a sus superiores y el 7 de febrero, Hellín y Abad fueron detenidos y confesaron el asesinato. La investigación judicial, a cargo del juez Ricardo Varón Cobos, prefirió no tirar de la cuerda sobre las vinculaciones de los fascistas con el Estado y se centró en los ejecutores directos.

Ricardo Varón fue el mismo que en 1984 acordó la libertad provisional del jefe de la Camorra napolitana, Antonio Bardellino, para el que Italia había pedido su extradición. Lo hace a petición del magistrado del Tribunal Supremo, Jaime Rodríguez Hermida, previamente untado. La Sala Segunda del Tribunal Supremo los absolvió en 1986 de la acusación por presuntos delitos de prevaricación. El mismo mes de mayo, el CGPJ acuerda la expulsión de los dos magistrados de la carrera judicial. El Tribunal Supremo revoca esa decisión respecto a Varón Cobos, que en 1988 toma posesión de su cargo de magistrado de la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional, percibiendo además cerca de 15 millones de pesetas en concepto de salario debido. Vayan, vomiten, y vuelvan, que aún queda.

La Audiencia Nacional condenará a Emilio Hellín a 43 años de prisión. Tras una fuga y algunas tentativas más, es declarado preso muy peligroso, concepto que no parece tener muy claro el juez de vigilancia penitenciaria de Valladolid, José Donato, que le concede un permiso penitenciario que Hellín aprovecha para irse a Paraguay con toda su familia. En Paraguay trabaja para la Junta Militar de Alfredo Stroessner en temas de vigilancia, lo que ya hacía en España bajo los gobiernos de Carrero Blanco y Arias Navarro. La Interpol lo trinca en 1989 y es extraditado al año siguiente para cumplir 14 años de la condena.

Cumplida la condena cambiará de identidad sin demasiados problemas y en 2013 se sabía que había trabajado contratado por el Ministerio del Interior entre el 2006 y el 2011, justo el mismo período de Pérez Rubalcaba ocupando la cartera, impartiendo cursos sobre técnicas de espionaje y rastreo informático. Ahora sí, vomiten lo que quieran.