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dijous, 14 de desembre de 2017

Pedro Álvarez. 1992.


La noche del 15 de diciembre de 1992, mañana se cumplen 25 años, el joven Pedro Álvarez, 20 años, familia humilde de La Verneda, empleado como reponedor en Carrefour, acompaña a su novia Yolanda, que seguro le desnuda con siete razones, hasta su casa en la avenida de Catalunya en L'Hospitalet. Llevan cuatro años juntos, se acercan las Navidades y el futuro parece algo tan real como los besos que se dan.

Cuando Pedro da media vuelta y enfila el camino de vuelta a casa de sus padres, un Opel Vectra blanco pasa a toda velocidad y casi se lleva por delante a Yolanda, que le suelta improperios. El conductor frena en seco, baja del vehículo, discute con la muchacha y la tira al suelo de un guantazo. Pedro vuelve a toda prisa sobre sus pasos para interceder, que ya bastantes hostias da un sueldo escaso. Discuten. El conductor iracundo ya viene caliente por un rifirrafe que acaba de tener con un guardia de seguridad del Hospital de Bellvitge. Y para desahogarse saca una pistola y le pega tres tiros a Pedro, uno en la cabeza. Pedro Álvarez ingresa cadáver en el hospital.

Todas las pruebas llevan a la detención de un tal José Manuel S.F. Resulta que el tal José Manuel S.F. es policía nacional, adscrito a la Brigada de Protección Ciudadana, y todas las pruebas (identificación por Yolanda, es propietario de un Opel Vectra blanco, las pruebas balísticas coinciden con las de las armas utilizadas por las fuerzas de seguridad del Estado) dejan de ser concluyentes. José Manuel S.F. es inmediatamente puesto en libertad y todo atisbo de investigación se va al garete. Desde medios policiales se insinúa que Pedro Álvarez igual andaba metido en asuntos de drogas y luego pasa lo que pasa.

La supuesta investigación, que lleva a cabo la propia policía nacional, obvia pruebas y se salta procedimientos. La titular del Juzgado de Instrucción numero 5 de L’Hospitalet, María José Magaldi, hermana de la actual fiscal jefe de Barcelona, Ana Magaldi, da carpetazo al asunto. María José Magaldi fue ascendida a la Audiencia Provincial de Barcelona, de la que fue presidente su cuñado Javier Béjar García.

Juan José Álvarez, el padre de Pedro, ha dedicado la tristeza de los años sin su hijo a pedir justicia y evitar que el caso caiga en el olvido. El calvario empezó la misma madrugada en que le comunicaban que Pedro estaba ingresado grave en Bellvitge. Nadie acompañó a la familia al hospital. Tuvieron que cruzar Barcelona en coche a toda angustia, incluso les cayó una multa por exceso de velocidad. Y desde entonces un topar continuo en el muro de las instituciones, ahí donde te lapidan a cantos de indeferencia.

El director de cine Pedro Costa intentó abordar el caso Pedro Álvarez en el programa de investigación Al filo de la ley que presentaba Rosa María Mateo en Antena 3, allá por el año 1993. El reportaje ya estaba hecho y a punto de emisión cuando una serie de llamadas obligaron a dejarlo en el congelador.

El caso, tras ser reabierto y vuelto a cerrar por la Audiencia en 2000, puede prescribir en cualquier momento. No prescribe en cambio la Plataforma Pedro Álvarez y su denuncia de la impunidad y los abusos de poder. En ese caminar, mañana, como cada año desde hace ya demasiado tiempo, a las 11 horas habrá flores en la sonrisa de Pedro y a las 20 horas un paseo a su lado por Barcelona.

dimecres, 13 de desembre de 2017

Amparo López Jeán. 1942.


Aunque somos reclusas / y no lo deben olvidar / no cometimos falta / pues no ofendemos la verdad. / Ellos se venden al traidor / y no se paran a pensar/ que en la vida todo cambia / y esto tiene que cambiar.

Se cumplen 75 años de la muerte de Rita Amparo López Jeán, en el exilio, el cuerpo derrotado de cansancio y tristeza. Había nacido en Culleredo. Allí su madre ejercía de maestra. Su madre, Adela Cruz Ramona Jeán Toca, tenía sangre aristocrática francesa. Se la traía al pairo y había dejado el de Jeán original en un simple Jeán. Su padre, Sabino María López Núñez, era abogado y secretario del concello de Santa María de Oza.

Para escándalo de las buenas familias de A Coruña en casa de los López Jeán se hablaba en gallego y así fue educada Amparo. Y ya puesta a cabalgar sobre el escándalo aquella niña de familia bien cabalgaba caballos a pelo por el campo. Acompañó a su madre viuda en su traslado docente a A Coruña y se convirtió en la primera mujer bachiller de la ciudad, además de estudiar música y pintura. Se convirtió en maestra como su madre y venga que dale con el escándalo al juntarse sin casarse con el escritor y periodista César Alvajar Diéguez, para más inri masón republicano.

Amparo y César acabaron casándose para que el escándalo no pisoteará a los hijos e hijas por venir, que estamos en Galicia y 1918. Nacerán Ana María, Javier, Amparo, María Teresa y Agustín, que morirá a los pocos meses.

Amparo López Jeán es una de las fundadoras en 1933 de la Agrupación Republicana Femenina de A Coruña y en 1935 se convierte en la primera mujer que milita en el Partido Galeguista. La Agrupación Republicana promueve la paz, la fraternidad, la justicia social y la democracia, con especial atención a los derechos de las mujeres, a las que se destinan un sinfín de actividades para llevarlas a un primer plano de la vida pública.

La familia Alvajar López se separó cuando en 1936 nombraron a César gobernador civil en Soria. Ya no volverían a estar todos juntos. Ana María y Javier se quedaron en A Coruña y el resto se trasladó a Soria. Tras el golpe de Estado fascista de julio del 36, Ana María, primer violín de la Orquesta Sinfónica de A Coruña y empleada en el Ayuntamiento, fue depurada. Javier fue reclutado en el bando nacional y desertó para cruzar al bando republicano. No lo consiguió y vivió escondido por las aldeas.

Amparo López y César Alvajar, con sus hijas Amparo y Teresa, huyeron a Madrid, de ahí viajaron a Valencia y acabaron en Barcelona. En Valencia la Amparo hija se casa con el escritor Arturo Cuadrado y Amparo madre vuelve a ejercer de maestra. En Barcelona, Amparo López Jeán colabora en los comités de ayuda a los soldados gallegos y se encarga del cuidado de grupos de niños y niñas refugiados hasta que ella misma debe cruzar la frontera francesa con los restos de su familia.

Amparo López fue internada en Argelès y su esposo César desplazado a Normandía. Amparo Alvajar y su marido Arturo Cuadrado partieron al exilio argentino, y ella, traductora y escritora, vivió en varios países europeos como representante de la ONU hasta su muerte en Portugal. María Teresa no pudo pasar la frontera y volvió a A Coruña disfrazada de soldado con el capote que le prestó un soldado gallego al que le dio lástima aquella muchacha de 17 años que estaba en los huesos. En A Coruña fue denunciada y encarcelada durante cinco meses, uno de ellos en el calabozo por cantar una canción con la música de la Joven Guardia Roja a la que unieron sus voces otras reclusas. Javier seguía escondido para evitar la represión.

César Alvajar consiguió sacar a Amparo de campos de concentración y se instalaron en Normandía, trabajando en una fábrica textil. En 1940, Ana María y María Teresa consiguen escapar a Francia y un 14 de abril se produce el reencuentro familiar. La felicidad dura poco, por eso es mayúscula, y la ocupación alemana los empuja hasta Montauban. A los 57 años de edad, cansada y cargada de morriña, Amparo López Jeán deja de respirar el 12 de noviembre de 1942. Lo seguirán haciendo sus hijas y su hijo.

Ana María publicó un libro de poesía y una parte de sus memorias, Soltando lastre. Javier fue alcalde socialista de Carral en 1983. María Teresa mantiene la memoria viva de su familia, y cuando puede se arranca a cantar aquellas estrofas que le costaron un mes adicional de calabozo.

Los restos de Amparo López Jeán fueron trasladado primero a París para reposar el lado de su marido, muerto también en el exilio, y finalmente, en 2006, fueron llevados al cementerio de San Amaro, A Coruña, frente al mar de su Galicia. El concello de Culleredo le puso su nombre a una calle. A veces, algunas veces, la memoria de las calles nos habla de quienes somos, ¿eh, Mariano?...en la vida todo cambia y esto tiene que cambiar...

dilluns, 4 de desembre de 2017

Manuel José García Caparrós. 1977.


Hoy hace 40 años, el 4 de diciembre de 1977, unas doscientas mil personas se manifiestan pacíficamente por las calles de Málaga clamando por la autonomía de Andalucía. Hay familias enteras venidas de toda la provincia. La manifestación tiene todos los permisos gubernativos en regla y los partidos parlamentarios exhiben consenso y concordia. Los partidos han dado el visto bueno a que se cuelguen banderas andaluzas en los edificios oficiales.

Francisco ‘Pancho’ Cabezas, presidente de la Diputación, se pasa el acuerdo por el forro y no la cuelga. ‘Pancho’ Cabezas, falangista, próximo al Frente Anticomunista Español, gran amigo de Enrique del Pino, líder local de Fuerza Nueva. Cabezas ostenta el cargo avalado por el anterior gobernador civil, el psiquiatra José González de la Puerta, un tipo que ha centrado su mandato en limpiar Málaga de perros callejeros. Literalmente. Canis lupus familiaris. Bueno, y ya puestos, limpiarla también de elementos subversivos. El primo psicópata de Mr. Proper, vamos. Cosas de psiquiatra.

La manifestación llega al Palacio de la Diputación Provincial. En el balcón sólo ondea la bandera española y empiezan los abucheos. Por eso y porque en los portales de la Diputación hay un grupo de fascistas, camisa azul y brazo en alto, insultando al personal protegidos por numerosos efectivos de la Policía Armada. En pleno intercambio de patronímicos altisonantes, el joven Juan Manuel Trinidad Berlanga, escayolista de profesión, se encarama al balcón y cuelga la bandera de Andalucía. Alguien da la orden y la policía carga disparando pelotas de goma y botes de humo. Hasta que se aburren. Y sacan las pistolas. Y un cabo dispara sobre Manuel José García Caparrós, 18 años, trabajador en la fábrica de cerveza Victoria, militante de CC.OO, que cae muerto allí mismo.

La policía continua la juerga y llega a ametrallar la fachada del Hospital Civil, que atiende a numerosos heridos. Esa misma noche dimite ‘Pancho’ Cabezas y desaparece del mapa, inmune a cualquier responsabilidad, amparado por sus buenas relaciones con Girón de Velasco y Utrera Molina.

El periodista Rafael Rodríguez califica los hechos de asesinato desde los micrófonos de Radio Juventud, lo cual enfurece mucho al ministro de Interior, Rodolfo Martín Villa, instalado en su dinámica de ‘lo suyo son asesinatos, lo nuestro son errores’. Al día siguiente un grupo de guardias civiles entran en los estudios de Radio Juventud y le dan una paliza a Rafael Rodríguez, por bocazas.

El gobernador civil, Enrique Riverola Pelayo, promete una investigación hasta sus últimas consecuencias, caiga quien caiga. Martín Villa encarga la investigación al subdirector General de Seguridad, José Sáinz González, bregado en la Brigada Político Social de Bilbo, estrella invitada en muchos interrogatorios y reconocido torturador, medalla de oro al mérito policial en 1979 y distinguido con la Pantortilla de Oro por la Peña Campurriana de Santander (sic).

El caso lo instruye Mariano Fernández Ballesta, notorio franquista que desarrollará una plácida carrera judicial. Al mes de papeleo decide dejarlo en manos de la jurisdicción militar. Los familiares son tratados por los tribunales como pelotas de ping-pong. Una comisión parlamentaria no llega a ninguna conclusión y los partidos parlamentarios exhiben consenso y concordia. En los siete años y medio que dura la instrucción nadie es juzgado. A los ocho años el sumario es sobreseído y acaba desapareciendo misteriosamente de los archivos de la Audiencia Provincial de Málaga.

En realidad la comisión parlamentaria sí sacó conclusiones. Concluyó que mejor callarse la boca. Se sabe que el autor del asesinato es un cabo primera del que sólo traslucen sus iniciales. M.P.R. Felizmente jubilado y fenecido hace unos años. 40 años después el Congreso sigue prefiriendo callar la boca y vetar algunas actas de la investigación pese a los intentos por aportar luz de la diputada de Unidos Podemos, Eva García Sempere, y pese a las investigaciones de la secretaria judicial Rosa Burgos, vertidas en Las muertes de García Caparrós, trabajo ampliado del precedente La muerte de García Caparrós, ambos editados por la revista malagueña El Observador.

En 2002, el alcalde del PP de Málaga, Francisco Manuel de la Torre Prados, inaugura una placa en memoria de Manuel José García Caparrós. O por lo que algunos entienden por memoria. Es una placa de mala muerte. Está colocada en un lugar equivocado, le han escrito mal el nombre y no hay mención alguna a cómo murió. El señor alcalde era diputado de UCD y miembro de la comisión que enterró en cal viva los informes sobre el asesinato de García Caparrós en 1978. Primero te matan con plomo y luego a culatazos de infamia.

dijous, 30 de novembre de 2017

Carme Serrallonga. 1997.


Hoy hace 20 años de la muerte de Carme Serrallonga, nacida en Sant Martí de Provençals, en una familia con los posibles para ponerla a estudiar en la Escuela Francesa de Gran Vía, de donde salió hablando un francés perfecto, y matricularla en el Instituto Alemán para aprender una lengua que vestía mucho. A los 22 años ya estaba licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. De la Universidad sale sabiendo griego, latín, hebreo y árabe, a los que con el tiempo añadirá el inglés y el italiano, siempre en modo autodidacta, aprendiendo con un diccionario, una gramática y unas buenas lecturas. Decidió compartir todo su saber y contagiar las ganas de aprender.

En 1932, años de la II República, participa en la fundación del Institut Escola, centro pedagógico a imagen y semejanza del Instituto Escuela de Madrid que recoge las semillas de la Institución Libre de Enseñanza. Josep Estalella la llama a participar en esa tarea y Carme responde con entusiasmo. Estalella es un prestigioso físico y químico que ya ha trabajado en el Instituto Escuela de Madrid y ahora dirige el de Barcelona. Josep Estalella morirá de pena en 1938 antes de cumplir los 60, superado por una guerra en la que adivina un futuro aún peor.

En 1939 las nuevas autoridades de la Victoria cierran el Institut Escola y apagan las luces en las escuelas. Carme Serrallonga, y varios compañeros y compañeras, encienden una bombilla. En una casa particular crean la escuela Isabel de Villena para continuar con su labor pedagógica. Sí, a veces es posible proclamar la república en el vientre de una dictadura.

La escuela Isabel de Villena, dirigida por Carme Serrallonga, más adelante mano a mano con Ricard Albert, miembro durante la guerra del Servicio de Salvación de Bibliotecas y responsable de preservar de la barbarie los archivos de Macià que ha pasado por los campos de concentración franceses, no tendrá sede fija. Va ocupando casas de la parte alta de Barcelona hasta su instalación en Esplugues de Llobregat en 1978.

La escuela Isabel de Villena está en la parte alta de Barcelona pero abre sus puertas a niños y niñas de la parte baja de la ciudad. Carme Serrallonga llegará a vender su casa para afrontar los gastos de la escuela sin dejar fuera a nadie. Es una escuela laica, en catalán, basada en el coeducación y en dar la palabra a los alumnos. Está prohibido el silencio en clase. Hay profesores de música, teatro, mimo y mucho gusto por la palabra. Siempre hay una aula vacía. Cuando los inspectores se presentan, las niñas se quedan sentadas y los niños van volando a esa aula, no vayan a verlos en promiscuidad, y los profesores dicen que son alumnos de repaso.

En los años 60 imparte clases de ortofonía en la Escuela de Arte Dramático Adrià Gual que han fundado Ricard Salvat y Maria Aurèlia Capmany, y de la mano de la Capmany entra en el mundo editorial para hacer traducciones del alemán. Traduce a su venerado Bertolt Brecht y también a Goethe, Böll o Döblin. Y se lanza con el inglés y el italiano, con E.M. Foster o Pirandello, que siempre son un buen sitio al que lanzarse.

También tradujo literatura infantil y juvenil, con especial mención para sus traducciones de Michael Ende. Eternamente joven, al cumplir los 84 años se regaló aprender ruso para poder leer a Chejov en su lengua madre, y ya puesta tradujo a Anna Akhmatova, fiel hasta el final a su amor por las palabras, esos pequeños seres cargados de música y significado que te cosquillean por dentro.

dimecres, 29 de novembre de 2017

Lanciotto Corsi. 1957.


Hoy se recuerdan los 60 años de la muerte de Lanciotto Corsi, nacido en el invierno de 1883 en Livorno. La vida estaba cruda en Livorno y emigró a Marsella. La vida también estaba cruda en Marsella y tras ser detenido lo entregaron a las autoridades italianas. Lanciotto decidió que sólo se entregaría a sus compañeros y no tardó en organizar una huelga de los obreros del puerto de su ciudad. La policía decidió abrirle ficha. Por anarquista peligroso. Así podían detenerlo con cualquier excusa.

Cada vez que había hostias con los fascistas, Lanciotto entraba en comisaría. Acusado de hacer frente común con los comunistas para oponerse al fascio lo condenaron a deportación, a pudrirse a las islas por 'delitos contra el Estado, incitación a la insurrección y propaganda subversiva'. El Estado tiene estas cosas.

Regresó a Livorno en libertad condicional bajo vigilancia a seguir trabajando en el puerto, y cada vez que se acercaba una fecha señalada lo enchironaban, no fuera a derrumbarse el Estado. Lo encerraron en vísperas del Día Internacional contra la Guerra convocado por el Komitern, de la boda del príncipe heredero y de la visita a Livorno de Mussolini. Lanciotto Corsi encabezaba una larga lista de personas a encarcelar al toque de ya. Pero nunca se entregó.

Harto ya del menú carcelario volvió a huir a Marsella, trabajando en una cooperativa de un compañero italiano. Mientras, las autoridades cooperaban entre ellas a su manera y se emite orden de detención, condena de dos años y multa de 20 mil liras por 'expatriación clandestina a Francia'. Con un par. No hizo caso a la orden y aprovechando el verano del 36 se viene a España para combatir al fascismo desde las filas de la Columna Ascaso. Luchará dos años en tierras españolas, en el frente de Aragón.

Viendo perdida la guerra cruza a Francia y es recibido como 'refugiado político antifascista'. No es una buena presentación. Debería serlo en cualquier sitio, pero no. Lo encierran en el campo de concentración de Vernet.

En julio de 1940 lo extraditan a Italia y va directamente a prisión. Al cumplir dos años le dan dos noticias, una buena y otra mala. La buena es que queda en libertad. La mala es que queda en libertad para ir confinado a Ventotene. Decide quedarse con lo mejor de las dos noticias y queda en libertad al evadirse del campo de concentración de Renicci aprovechando el caos del armisticio.

Una vez acabada la II Guerra Mundial lo dejaron en paz con su militancia, lejos también de los honores de su antifascismo de primera hora. Eso último se la traía al pairo, que no era lo suyo medrar, si no entregarse a los demás. Murió en su Livorno natal, o se entregó a la muerte porque le dio la gana, vaya usted a saber, que los hombres libres tienen estas cosas.

dimarts, 28 de novembre de 2017

Ángel 'Tacuarita' Brandazza. 1972.


Hoy hace 45 años secuestraban en Rosario a Ángel 'Tacuarita' Brandazza, católico practicante y peronista practicante. Un hombre de fe, vamos. También practicaba la solidaridad en las villas miseria. Su secuestro mostraba el modus operandi del terror que estaba a la vuelta de las esquinas.

Ángel 'Tacuarita' Brandazza, educado en el muy católico Colegio Sagrado Corazón de Venado Tuerto, al sur de Santa Fe, se matriculó en Ciencias Económicas. Tímido y laborioso, militaba en la peronista Unión de Estudiantes del Litoral y se volcaba en ayudar a los más necesitados, arrimando el hombro o prestando sus conocimientos.

A plena luz del día 28 de noviembre de 1972, mientras Brandazza espera el autobús tras atender a un cliente, un vehículo se detiene frente a él, bajan varios individuos y se lo llevan a golpes. Lo llevan a la localidad de Casilda y en un descampado lo muelen a palos, lo meten en el maletero del coche, un Chevrolet 400, y enfilan de nuevo para Rosario a seguir con las tareas.

Aprovechando el alto en un semáforo, Brandazza consigue abrir el maletero e intenta huir. Apenas puedes correr mientras grita pidiendo ayuda. Los ocupantes del Ford Falcón que cierra la siniestra comitiva no tardan en alcanzarle y reintegrarlo al grupo ante la atónita mirada de los empleados de una gasolinera. El incidente incluso llega a ocupar un breve en el periódico La Capital del día siguiente.

Ángel 'Tacuarita' Brandazza, 23 años, acaba tragado por el Comando del Segundo Cuerpo a las órdenes del coronel de Inteligencia del Ejército Luis Alberto Sarmiento, mientras otro grupo policial se presenta en el pequeño apartamento de Ángel para detener a su hermano, a la novia de su hermano, a su compañero de piso y ya que estamos a su madre, que estaba de visita. El material más subversivo que encuentran es una Biblia.

Ángel 'Tacuarita' Brandazza fue nuevamente torturado y asesinado un día después de su secuestro. Su cuerpo fue desaparecido.

La llegada a la presidencia del país de Héctor Cámpora en mayo del 73 pareció aportar algo de luz con la creación de la Comisión Bicameral Investigadora de Apremios Ilegales y Tortura de la Provincia de Santa Fe que avanzó rápidamente hacia los culpables. La luz duró poco. El general Juan Domingo Perón, de nuevo en poltrona, pasó el caso a la jurisdicción militar y la ruptura de Montoneros con Perón enterró definitivamente el caso dando barra libre a los militares. La madre de Ángel, Lorenza Cancela de Brandazza, se hartó de llamar a todas las puertas pidiendo por su hijo. Las autoridades civiles se encogían de hombros, las militares escupían una sonrisa y las eclesiásticas miraban al cielo silbando un avemaría.

Ángel 'Tacuarita' Brandazza es el primer caso de tortura, asesinato y desaparición registrado por la Comisión sobre la Desaparición de Personas. Tras él marchan 30.000 nombres más, 30.000 rostros que nos miran a los ojos. Y esa mirada no desaparece.

dimecres, 22 de novembre de 2017

Ettore Bonometti. 1872.


El Estado ya tiene cierta tendencia natural a aplicarte encima el 155, le llame como le llame y rime con lo que rime. Si no que se lo digan a Ettore Bonometti, nacido hoy hace 145 años en Brescia. Papá y mamá eran clase obrera comprometida y él se comprometió pronto. A los 18 años formaba parte del grupo libertario La Rivolta.

Antes de cumplir los 20 ya lo encerraron en prisión. Por cantar. Era primavera, qué iba a hacer. Además, una revuelta sin canciones es poca cosa. En verano volvieron a detenerle y encarcelarlo, por manifestarse contrario a la monarquía. Muy picajosas sus majestades. Al cumplir los 21 volvieron a meterlo en chirona por pensar lo que pensaba y tres meses después lo mismo por decir en voz alta y plaza pública lo que pensaba. Antes de cumplir los 23 vuelve a entrar en prisión y para celebrar los 23 en paz da esquinazo a la policía, que ya estaba por presentarse sin invitación para regalarle una estancia larga en un islote de Tremiti, y huye a Suiza.

Suiza parece un sitio tranquilo, y para seguir siéndolo las autoridades lo detienen en Lugano junto a su hermano y 15 compañeros más y les dan patada para Alemania, que se los saca de encima y los manda a París para que los detenga la gendarmería y los embarque para Gran Bretaña. Y ya que están allí aprovechan para participar en el Congreso Internacional Socialista como delegado del grupo anarquista La Comuna, de su Brescia natal.

Pasados dos años regresa a Brescia a ver si las cosas se han calmado. Se han calmado un poco y decide animarlas participando en varios motines populares, que las cosas estarán calmadas pero también muy caras. Se acuerdan de su cara y van a por él, que vuelve a escaparse hacia Londres. Pasará allí 14 años, lejos de casa, o no, que frecuenta conversaciones con Errico Malatesta y Pietro Gori, cantando, seguro, brazo sobre hombro, Addio a Lugano.

En 1912 regresa a Italia y está entre los fundadores de la Unión Sindical Italiana. También se mete de lleno en el movimiento antimilitarista ante los tiempos de matanza que se avecinan.

Ettore Bonometti se puso al lado de los soldados de Brindisi que se negaban a ir a pegar tiros a Albania y se puso al lado de Augusto Masetti, libertario que esperando en el cuartel Cialdini de Bolonia la orden de ir a pegar tiros a Libia, vio claro que el enemigo no estaba en las costas libias, si no viviendo a su costa, y le pegó un tiro al coronel. Esa acción, penada con la muerte, dio fuerzas al movimiento antimilitarista, y el Estado, para evitar un mártir, lo declaró loco y pasó buena parte de su existencia encerrado en psiquiátricos.

En Brescia, Ettore participó en la fundación de la Unión Anarquista Italiana y refugió en su casa a Errico Malatesta, ayudándole a huir de la persecución policial, tal como a él le ayudarían a huir otros compañeros, en un viaje que le llevaría de expulsión en expulsión nuevamente por Gran Bretaña, Francia y Suiza. Ya puesto, volvió a Italia. No pasó de Milano. Lo condenaron a deportación, pero por su precario estado de salud lo dejaron en arresto domiciliario.

En arresto domiciliario pasó los años del fascismo y la guerra, utilizando su taller de zapatero como centro de reunión. No dejó de entrar y salir de comisaría, que por lo visto seguían sin tener claro de qué iban las convicciones de Ettore Bonometti pese a no moverse ni un ápice de ellas, que ya bastante se había movido él.

Acabada la II Guerra Mundial organizó un gran mitin libertario en Brescia. Acudieron 50 personas. Y fueron creciendo, animadas por aquel septuagenario que moriría activo a los 88 años, y más que hubiera vivido de no haber muerto en un accidente de circulación, siempre llevando el volante de su vida.