Cercar en aquest blog

dimarts, 8 de maig de 2018

Carmen Casco de Lara Castro. 1993.



Doña Coca. No, no hablamos de una telenovela. Hablamos de pasiones verdaderas. Hablamos de Carmen Casco de Lara Castro, Doña Coca, así la llamaban. Y así la recuerdan en Paraguay a los 25 años de su muerte. Hija de un militar al que la patria mandó a la Guerra del Chaco para tiempo después mandarlo al destierro por liberal.

Carmen estudió en colegio de María Auxiliadora y creció aferrada a unos sólidos valores cristianos que hablaban del apoyo mutuo y poner la voz al servicio de los perseguidos. Los mantuvo toda su vida, y no era fácil en el país al que sacudió con un golpe Alfredo Stroessner, dejándolo aturdido durante 35 años.

Carmen trabajó de maestra, se casó con el abogado Mariano Luís Castro y fue madre de seis varones. El mismo año de su boda accede al poder el general Higinio Morínigo, simpatizante del fascismo que proscribió al Partido Liberal por traición a la patria esa de marras. Aunque Carmen no se metió de cabeza en la política hasta 1954 con Stroessner inaugurando su mandato de represión y terror. Lo hizo luchando por los derechos de la mujer paraguaya y uno de sus resultados fue la asociación cultural de Amparo a la Mujer.

Desde la asociación se trabajó por la igualdad de salarios y los derechos de la maternidad. María Campos Cervera, Beatriz Méndez de Prieto, Mary del Pino y María Elena de Pérez estaban con Carmen en ese empeño y ofrecían también asesoramiento jurídico a las madres solteras. Un empeño que ayudó lo suyo a conseguir el derecho al voto en...1962...

Carmen militaba en el Partido Liberal Radical, pero su política no era de partido, era de calle, más aún cuando el Parlamento era una especie de juguete roto pese a la dignidad que aportó Carmen como diputada. La dignidad de la mujer es una dignidad universal y Carmen fue una de las fundadoras y presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en tiempos muy duros para los derechos y los humanos en general.

La Comisión, reconocida y apoyada por Amnistía Internacional, era un madero de esperanza para miles de presos políticos en la hacienda de Stroessner. Ahí estaba su voz en foros internacionales, mientras su casa servía de refugio para muchos huidos. Nunca dejó de visitar a los presos para recoger su testimonio y ayudar en lo que pudiera, nunca dejaron de detenerla. Y ayudó a conseguir, principiando los 70, que los presos dispusieran de colchones, camas y retretes en sus celdas o centros de retención. Y así, sin descansar, consiguieron desmantelar el campo de concentración de Emboscada que hacinaba a 500 personas.

Carmen Casco de Lara siempre fue partidaria de crear un frente democrático consistente que enfrentara sin miedo a Stroessner y sus operaciones de maquillaje constitucional. En 1989 un golpe de Estado echa a Stroessner y la calle aúpa a Doña Coca a senadora, que agradece el gesto encabezando los trabajos para derogar varias leyes de la dictadura. Carmen Casco de Lara Castro había llevado adelante cada uno de sus propósitos sin sobreactuar, que Doña Coca no es una telenovela.

Carmen murió el 8 de mayo de 1993 a  los 75 años de edad, a causa de una diabetes, llevaba tantos años luchando por los demás que cuando le tocó hacerlo por ella no le dio importancia, era así.


dimecres, 2 de maig de 2018

Joël Fieux. 1958.



Si todo es corazón y rienda suelta
y en las caras hay luz de mediodía,
si en una selva de armas juegan niños
y cada calle la ganó la vida,
no, no te equivocaste de aeropuerto:
Entra nomás, estás en Nicaragua.
Julio Cortázar

Hoy hubiera cumplido 60 años. Joël Fieux. Técnico de radio. Impresor. Antimilitarista. Ecologista. Libertario. Joël Fieux, enamorado de la VIDA en mayúsculas. Por eso se fue a Nicaragua, la flor más linda de mi querer. Antes, con 19 años, pasó una temporada en Lyon, trabajando en el grupo editor de la revista IRL. El Estado le llamó a filas. Esas no eran sus filas y en 1980 marchó a México, colaborando en mantener encendida la llama de ediciones Antorcha, la casa abierta de Chantal López y Omar Cortés.

Las fronteras se besan y se ponen ardientes, y en septiembre del 80 Joël Fieux se abraza a Nicaragua. En la zona de Matagalpa ayuda a crear una imprenta y a establecer una red de radios populares, formando técnicos de radio y participando como brigadista en la campaña de alfabetización. En Nicaragua se casará con la periodista Fátima Herrera y el 19 de julio de 1985 celebran el aniversario del triunfo de la Revolución pariendo un hijo, Oswaldo.

Matagalpa, a dos horas en coche de la frontera con Honduras, es zona peligrosa. La Contra financiada por Estados Unidos esparce muerte. El embajador yanqui en Honduras es John Negroponte. Un tipo siniestro Negroponte. Ha sido agente de la CIA en Vietnam, era el oficial al cargo del Consejo de Seguridad Nacional entre 1971 y 1973 que puso en marcha la Operación Fénix que carga en cuenta unos 40.000 asesinatos civiles. Esos méritos le pusieron al mando de la base El Aguacate en Honduras para entrenamiento de la Contra y escuadrones de la muerte operativos en América Central. Negroponte es el embajador en la ONU que alentó la intervención en Irak a la búsqueda de armas bla bla bla...

El mediodía del 28 de julio de 1986, Joël Fieux viaja en camioneta con un grupo de voluntarios internacionales y militantes locales del FSLN cuando son atacados por un grupo de sesenta hombres de la Contra que descargan ametralladoras pesadas M-60 y lanzacohetes.

La camioneta en la que viaja Fieux es alcanzada de lleno. Mueren Joël Fieux, 28 años; el suizo Yvan Leyvraz, carpintero y electricista de 32 años que trabaja construyendo viviendas en Wiwili; el alemán Berntd Koberstein, 29 años, que trabaja en la instalación de sistemas de agua potable; y los técnicos nicaragüenses William Blandón y Mario Acevedo. El grupo que viaja en la otra camioneta consigue resistir un tiroteo de 45 minutos hasta la llegada de refuerzos que ponen en retirada a los agresores.

De los 150 técnicos nombrados para poner en marcha diversas cooperativas en el departamento de Matagalpa entre 1980 y 1985, 147 fueron asesinados. Fieux, Leyvraz y Koberstein fueron asesinados para poner sobre aviso a los voluntarios internacionales. La Contra acababa de dejar claro, con manifiesto oficial a los pocos días, que los voluntarios eran considerados agentes extranjeros sujetos a castigo militar. La solidaridad es delito en el imperio.

dilluns, 30 d’abril de 2018

Amilcare Cipriani. 1918.



Hoy se cumple el centenario de la muerte de Amilcare Cipriani, un tipo tozudo y consecuente. A los 15 años se largó de casa para unirse a Garibaldi y las tropas piamontesas para parar los pies a los austriacos y avanzar en la unificación de la futura Italia. El choque es en Solferino, allí combaten los franceses, y San Martino. Mientras Cipriani y Garibaldi, que consideran aquello más una Revolución que una batalla, se juegan el tipo en primer línea, Vittorio Emanuele II se lo mira desde un alto a cinco quilómetros de distancia fumándose un puro.

La escabechina de marras cierra la Segunda Guerra Italiana de la Independencia, abona el campo para la unificación y los estragos que provocan las nuevas armas estrenada para la ocasión, con cañones más precisos y con más potencia de fuego, llevan a Henri Dunant a crear la Cruz Roja Internacional.

Amilcare formará parte de la Expedición de los Mil para liberar Sicilia de Borbones y volverá a ponerse al lado de Garibaldi para liberar Roma. Esta vez les paran los pies a ellos en Aspromonte. Garibaldi cae herido y es hecho prisionero. Cipriani logra escapar a Grecia y ya que estamos se une al anarquista Emanouil Dadaoglou en su lucha contra la monarquía de Otón I. También le toca huir de Grecia para pasar por Londres y llegar a Egipto, donde formará parte de la expedición de Giovanni Miani a la búsqueda de las fuentes del Nilo.

Amilcare volverá para la tercera guerra de la independencia de 1866 para incorporar al Véneto y el Trentino. Acabada, se va a Creta a luchar contra los turcos y traba gran amistad con Gustave Florens, amistad que mantendrán codo con codo en la defensa de la Comuna de París, que la costará una herida y la deportación por siete años a una colonia penitenciaria en Nueva Caledonia junto a miles de communards.

Amnistiado en 1880, volverá a Italia a tiempo para ser encarcelado por conspirador. Pasará siete años encarcelado hasta ser liberado gracias a una insistente campaña popular que le tiene por referente moral. Su viaje en tren de Milán a Rimini convierte cada estación en una fiesta.

A la muy respetable edad de 53 años se marcha voluntario a Grecia a luchar contra los turcos. Cae herido y vuelve a Italia con orden guardar reposo y tomárselo con calma. Lo hará establecido en París y escribiendo en medio como La Petite Republique, L'Humanité y Le Plébéien. Socialistas revolucionarios, republicanos, sindicalistas, antimilitaristas, anticlericales y anarquistas le tienen por modelo a seguir. Será elegido varias veces diputado y todas ellas se negará a ocupar escaño mientras haya trono en Italia.

Amilcare Cipriani, progresivamente retirado de la vida pública entre el ruido de la Gran Guerra, morirá pobre y enfermo en una casa de salud en París a los 73 años de edad, tozudo y consecuente, acompañado en su funeral por  miles de franceses que los mismo eran italianos que griegos.

dimarts, 17 d’abril de 2018

Rosario Sánchez Mora. 2008.


Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.

Hoy hace 10 años nos dejaba Rosario Sánchez Mora, aquella muchacha que con 17 abriles se subió a un camión para ir al frente y detener al fascismo en su avance sobre Madrid, en Somosierra. Era julio del 36 y le hizo frente pegando tiros sin instrucción militar previa y cargando con un mosquetón de siete quilos.

Rosario Sánchez Mora había nacido en Villarejo de Salvanés, entre el Tajo y el Tajuña. Huérfana de madre, su padre accedió a mandarla a Madrid, a casa de unos amigos, a cuidar de sus niños y a aprender corte y confección. Su padre, Andrés Sánchez, era el presidente de Izquierda Republicana en Villarejo. Al año de llegar a Madrid se produjo el golpe de Estado fascista. Y allí estaba Rosario subida a un camión camino de Somosierra sin decirlo a nadie de su familia, al lado de otros jóvenes del barrio.

Tras quince días de intensos combates y tras ver morir a muchos conocidos, el frente se estabilizó y a Rosario la mandaron a la sección de dinamiteros, ubicada entre Buitrago y Gascones. Era la única mujer. Rosario la Dinamitera. Emilio González González, barrenero de Sama de Langreo, les enseñaba a fabricar bombas. La tecnología disponible no daba para mucho. Llenabas una lata de leche condensada con tornillos y clavos, vertías dinamita, cerrabas la lata lo mejor que podías no fuera a desparramarse y Emilio González colocaba el fulminante y la mecha. A veces hasta explotaban, aunque la precisión no estaba entre las cualidades del artefacto.

Rosario fue instruida en el manejo de los cartuchos de dinamita. No tenía mucho misterio. Le pegabas fuego a la mecha y cuando sentías el calor de la llama en la uña del dedo pulgar, te la sacabas de encima. El 15 de septiembre aprendió que la dinamita mojada es un mal asunto. Había llovido y el cartucho estaba húmedo, así que la mecha quemó por dentro. No notó el calor de la mecha, sólo un tenue silbido y una explosión que le arrancó la mano derecha por encima de la muñeca. Le salvaron la vida en la Cruz Roja en La Cabrera.

Rosario pasó por varios hospitales, y convaleciente en el de San José y Santa Adela, al saber que los fascistas estaban a las puertas de Madrid entrando por la Ciudad Universitaria, y mientras el Gobierno se piraba a Valencia, ella saltó de la cama y se fue de nuevo al frente con la X Brigada Mixta. La destinaron al Comité de Agitación y Propaganda y se encargó de la centralita del Estado Mayor de Valentín González El Campesino.

En aquellos días, Rosario entablará amistad con los poetas Antonio Aparicio, Vicente Aleixandre y Miguel Hernández, que había escrito su poema Rosario, dinamitera. También conoció a un joven sargento de la Sección de Muleross, Francisco Burcet Lucini. Se hicieron novios. Apenas unos paseos por el Retiro y Rosario se fue de nuevo a primera línea, haciendo de cartera. A las ocho de la mañana ella y otros compañeros cargaban las sacas de correspondencia y salían para Brunete.

El 12 de septiembre de 1937, Rosario y Francisco contraen matrimonio. Serán pocas semanas, lo justo para quedarse embarazada y ver como Francisco parte al frente de Aragón. No podrá ver nacer a su hija, Elena, el 22 de julio de 1938.

Rosario deja a Elena con la abuela y marcha a Alicante con su padre esperando un barco de la Sociedad de Naciones que no llegará nunca. Son dos de los 15.000 republicanos capturados en aquella ratonera. Los llevan al campo de concentración de Los Almendros. Allí fusilan a su padre.

Rosario puede volver a Madrid para ser detenida por unos falangistas de su pueblo. Es tiempo de cárcel y juicio sumarísimo. Pena de muerte conmutada por 30 años por adhesión a la rebelión. Sí, los fascistas, esos magos del humor.

Las Ventas (4.000 mujeres en una cárcel con capacidad para 400), Durango (convento convertido en prisión), Orúe (condenadas a trabajos forzados) y Saturrarán (encerradas en sótanos con el agua por los tobillos cada vez que sube la marea). Rosario saldrá en libertad el 28 de marzo de 1942, el día en que muere Miguel Hernández de España y cárcel.

Rosario tiene prohibido ir a Madrid. Va a Madrid, a reunirse de nuevo con su hija, que tiene ya cuatro años y no sabe quien es esa señora que la estruja con un amor que duele. Viven acogidas en el domicilio de Rufina Núñez, compañera de prisión. En Madrid se entera que Francisco, tras pasar por la cárcel de Barcelona, vive ahora en Oviedo, se ha vuelto a casar (Franco invalidó todos los matrimonios por lo civil) y tiene dos hijos.

Para ir tirando Rosario Sánchez empezó a vender tabaco americano de estraperlo (y repartir clandestinamente Mundo Obrero). Un día de 1953 un tipo se planta frente a ella. Es Francisco. 15 años después se abrazan con un amor que duele y que es también un adiós.

Rosario Sánchez Mora consiguió abrir un estanco en Vallecas y ahí trabajo 22 años hasta su jubilación, los ojos encendidos cada vez que miraba las mechas que vendía.

¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!

dilluns, 16 d’abril de 2018

Manuel Jiménez Pérez. 1908.




Hoy hace 110 años nacía uno de tantos, Manuel Jiménez Pérez, uno de tantos que hundían las manos en la tierra para sacudir las entrañas del mundo y hacerlo más habitable. Empezó a hacerlo siendo niño jornalero en Dos Hermanas. A los 17 años se metió hasta los codos en la huelga de los recogedores de olivas que pedían la jornada de 8 horas.

Militante de la CNT y la FAI, Manuel Jiménez Pérez leía el cielo de día y los libros de noche, asistiendo a las clases de Antonio Muñoz Benítez, otro hijo de campesinos que no pudo terminar la primaria y acabó siendo alumno de José Sánchez Rosa en Grazalema. Los señoritos de Dos Hermanas le llamaban despectivamente El Laico. Durante los primeros años de la II República fue nombrado alcalde por aclamación hasta ser destituido en 1934 acusado de obrerista y ateo. Tras las elecciones de febrero de 1936 fue nombrado concejal de Instrucción Pública.

Manuel fue uno de tantos en Dos Hermanas en tomar las riendas de sus destinos, codo con codo con los cargos electos, en un proyecto colectivo que pasaba por tener más escuelas y tierra para todos. Todo se detuvo con el golpe de Estado fascista del 17 y 18 de julio. En Dos Hermanas los fascistas entraron a caballo, como los señoritos. Manuel Jiménez estaba en la barricada que los detuvo e hizo retroceder.

Los fascistas se avinieron a negociar con una propuesta muy simple. O abandonaban la barricada o fusilaban al consistorio en pleno que tenían en su poder. Los anarquistas abandonaron la posición y cada uno escapó en la dirección que mejor le pareció. Manuel Jiménez no quiso marcharse de Dos Hermanas y se fue la hacienda de Bujalmoro, a recoger aceitunas, las que nacían de la tierra que siempre había pisado.

Manuel Jiménez Pérez y su compañero Manuel Núñez González fueron detenidos por un grupo de falangistas el 27 de julio de 1936, mientras faenaban. A los señoritos debía parecerles poco emocionante llevar dos presos al matadero y, siendo más de montería, disimularon descuido para verlos correr. Manuel Núñez, asmático, fue abatido a los pocos metros. Manuel Jiménez, herido en un pie, tuvo tiempo a llegar a un olivar y tenderse bajo un árbol mirando al cielo color aceituna. Allí lo remataron. Cuatro días después, su maestro, Antonio Muñoz Benítez, era fusilado por los falangistas en el cementerio de Alcalá de Guadaira, musitando, quizás, una oración:

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.
Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

dimecres, 11 d’abril de 2018

Enric Barberà Tomàs. 1908.



'Paquita hoy está imposible, procuro animarla y apenas lo consigo. Estuvo en la puerta hablando con la ya viuda del malogrado Albero y se hizo propio su dolor, por eso la dejo llorar. Nuestra pequeña nos contempla muy triste. ¡Pobres hijitos nuestros! A la edad de comer dulces, beben la hiel que se les sirve'.

Hoy se cumplen 110 años del nacimiento de Enric Barberà Tomàs. Nació en Alcoi y le llamaban Carrasca, porque era fuerte como una encina. Entró a trabajar en una fábrica de sombreros hasta que la cerraron y se buscó la vida como camarero, afiliado al Sindicato de Oficios Varios de la CNT. Era un tipo sano, amable, entusiasta en eso de vivir y amar, siempre dispuesto a echar una mano.

Libertario, vegetariano, naturista, suscrito a la revista Iniciales, dirigida por José Elizalde, estaba entre los impulsores de una especie de Ateneo que ofrecía una biblioteca y organizaba excursiones a la Naturaleza, charlas y audiciones musicales. Lo necesario para respirar, vaya. En la zona de Els Canalons, Enric y sus compañeros anarquistas decidieron construir un trozo de paraíso en la Tierra, que es tontería esperarse a morir para disfrutar.

Armados de picos y palas construyeron una pequeña presa, pusieron un trampolín para impulsar chapuzones de pura alegría y plantaron frutales y flores. Allí entregaban sus cuerpos desnudos al sol, limpios. Allí unió su vida a la de Paquita Llorens.

Durante la II República se dedicó al compromiso con el sindicato y a ejercer como profesor de educación física, hablando a chicos y chicas de no entregarse a adicciones que les anularan como personas. Hasta que en julio de 1936, este país adicto a políticas malsanas, Enric se siente obligado a defender su porción de paraíso marchando al frente de Córdoba con la Columna de Milicias Alcoyana de la CNT. Los restos de la columna acabaron integrados con la militarización en la 82 Brigada Mixta y Enric Barberà acabó con el grado de capitán.

Al terminar la guerra y continuar el exterminio, Paquita le pide a su compañero que huya a Francia, no lo vayan a detener y encarcelar. Enric se niega, no ha hecho nada malo y alguien debería cuidar los frutales y replantar las flores. Si algo siembran los fascistas son cadáveres y no tardan en dar con él y meterlo en el monasterio de Porta Coeli, reconvertido en campo de concentración, uno de los 188 que hubo en España entre 1936 y 1947. Por Porta Coeli pasaron unos 5.000 prisioneros, militares republicanos, de los cuales la mitad fueron fusilados. En Porta Coeli se obligaba a formar a los reclusos en el patio mientras se daba cuenta de los paquetes de ropa y comida que les enviaban los familiares. Hacían un montón con los paquetes y obligaban a los prisioneros a cantar el Cara al sol mientras le pegaban fuego con gasolina a los envíos.

A Enric Barberà lo trasladaron a las cárceles de Alcoi y Alicante para someterlo a consejo de guerra. Lo acusaron de todo en base a supuestos testimonios anónimos, desde apoyo a la rebelión a ejecuciones varias. El único testimonio de cuerpo presente fue el de un seminarista, Antonio García Sánchez, que explicó como Enric Barberà la había salvado la vida. Fue condenado a muerte.

Entre el 5 de junio de 1941 y el 16 de septiembre de 1942, mientras esperaba la llamada para ser asesinado, Enric Barberà escribió un diario sobre su estancia en la cárcel de Alicante. Lo escribía en papel higiénico y pudo sacarlo a trozos camuflado en hatillos de ropa de otros compañeros. Escribió hasta momentos antes de ser llevado al paredón. Su compañera, Paquita Llorens, guardó los papeles en una botella y la enterró. Enterrada permaneció años.

La hija de Paquita y Enric, Marcela Barberà, transcribió el diario en 1994, ardua tarea debido al mal estado del manuscrito. Pero esa botella enterrada dio un hermoso árbol frutal en 2004, cuando Rosa Montero consiguió publicar el escrito en editorial RBA. Estampas de luz.

dimarts, 3 d’abril de 2018

Manuel Fernández Márquez. 1973.



'Yo soy yo y mis compañeros'

Manuel Fernández Márquez era uno y era miles, por eso lo asesinaron. Uno de tantos de los que se vinieron de Extremadura a la mina, en Fígols, y de ahí al cinturón metropolitano, a Santa Coloma y las Comisiones Obreras.

Casado con Carmen Rodríguez Jurado, sevillana a la que conoció en Fígols, se vinieron a Santa Coloma con su hijo de dos años, José Manuel, a principios de 1973- A los dos meses encuentra trabajo en COPISA, una de les empresas que andan en la construcción de la tercera y última torre de la Térmica del Besòs, ese paisaje a lo Chernobyl Beach.

Los obreros de la Central 1733 han parado y ocupado los comedores porque están hartos de trabajar en unas condiciones similares a los obreros de las pirámides. Piden, entre otras cosas, un aumento de 4.000 pesetas al mes, pasar de 56 a 40 horas semanales de lunes a viernes, anulación de los contratos firmados en blanco, 30 días de vacaciones pagadas, derecho de reunión en las instalaciones de la empresa, botas de seguridad y vestuarios en condiciones, que resta intimidad compartirlo con las ratas.

Manuel Fernández participa en esas acciones con sus compañeros de tajo, a los que representan gente que se llama Manuel Pérez, Antonio Jiménez, Miguel Guerrero. El Tribunal de Orden Público les pide penas de entre 12 y 20 años de cárcel por levantar la voz. La empresa amenaza a los trabajadores con sanciones de empleo y sueldo de cinco días. Muchos tienen contratos de 15 días a renovar si son obedientes.

La mañana del 3 de abril de 1973, hoy se cumplen 45 años, Manuel Fernández se despide con un beso de su hijo y de su mujer. No sabe si les dejaran entrar a trabajar, sólo sabe que tiene que estar al lado de sus compañeros, que un hombre solo, una mujer, así tomados, de uno en uno, son como polvo, no son nada.

Desde las 7.30 horas, unos 2.000 obreros van llegado a la térmica propiedad de FECSA. Les esperan nutridas dotaciones de Policía Armada, policía a caballo, Guardia Civil y los delincuentes uniformados de las brigadas especiales, los grises de Valladolid.

Las puertas de la Térmica están cerradas y sólo les dejarán entrar si lo hacen en grupos de cinco personas como máximo. Los obreros se  niegan, o entran todos a una como siempre o no entra nadie. Y no entra nadie. Los sacan de allí a hostias. Las fuerzas policiales cargarán hasta tres veces. La última con fuego real y tirando al bulto.

Una bala hiere en el cuello a Serafín Villegas Gómez, 25 años. Manuel Fernández Márquez se agacha para ayudarle a reincorporarse. Es entonces cuando un policía a caballo vuelve a disparar y un balazo en la cabeza quiebra los 27 años de existencia de Manuel.

La noticia del asesinato de Manuel se expande como la sangre por el pavimento. Esa misma mañana Sant Adrià sale a la calle y por la tarde el Colegio de Abogados de Barcelona emite comunicado de condena. Al día siguiente paran Siemens, Pegaso, Bultaco, Hispano Olivetti, Seat, La Maquinista Terrestre y Marítima...

En mi pueblo, los obreros de Aiscondel, Meler, Joresa, son los primeros en ocupar las calles junto con compañeros de otras fábricas y talleres. Los recuerdo pasar por la calle desde mi ventana en una planta baja de Les Fontetes. Y las cargas. Y los vecinos abriendo las puertas de casa, dejando entrar a señores como mi padre, sudorosos por la carrera, miedo en la mirada, una sonrisa para el chaval que los miraba sin entender mucho y un gracias señora por el vaso de agua que les daba mi madre.

Esos días mi pueblo hasta salió en la prensa. 'La mayor incidencia estuvo localizada en Sardañola, donde el paro afectó a nueve factorías, con un total aproximado de mil obreros, que abandonaron sus puestos de trabajo poco después de iniciada la jornada, para no reanudarla en todo el día', La Vanguardia. (nota: eran más de nueve fábricas paradas y más de mil obreros abandonando sus puestos en las cadenas)

A Manuel Fernández lo enterraron en el cementerio de Pomar, barrio de Badalona levantado en 1967 para tener apartada a gente procedente de las barracas de Montjuïc. Un compañero de trabajo empezó a leer un poema que le había dedicado, Murió por gritar. No le dejaron terminar, la policía volvió a cargar, que viendo el cementerio cerca estarían animados.

Martes 3 de abril de 1973. / Ese día murió Manuel, / Manuel Fernández Márquez, / obrero. / Per no murió de cansancio, / como morimos muchos. / Pero no de accidente de trabajo, / como seguimos muriendo. / Pero no de hambre y de miedo, / como quisieran que muriésemos. / Murió por gritar / que no quería morir por nada de eso. / Murió por gritar / Yo soy yo y mis compañeros. / Murió porque el único argumento de sus opresores / se le incrustó en el cuerpo / ese martes, ese 3 de abril / teñido de sangre / asesinaron a Manuel, Manuel Fernández Márquez / compañero nuestro.

Ese 3 de abril asesinaron a Manuel, que nunca hizo daño, que era uno y es miles. Años después una calle de Sant Adrià que iba a llamarse avenida de Carrero Blanco se llamó por decisión de los vecinos calle de Manuel Fernández Márquez. Ya ven, algunos salen propulsados de la memoria y otros se quedan con nosotros a pie de calle.