Cercar en aquest blog

dilluns, 20 de novembre de 2017

Enrique Cano Ramos. 1922.


El día que mataban a Durruti cumplía los 14 años de edad Enrique Cano Ramos, nacido en Lebrija, familia jornalera. No había tiempo para la escuela y ya faenaba en el campo de chico. Sí había tiempo para la lucha, para que hubiera tiempo para la escuela, y a los 11 años ya andaba en las Juventudes Libertarias, en Dos Hermanas. Era un chaval que se hacía el despistado por Gobierno Civil para saber de los paisanos detenidos y encarcelados.

Igual no era para tirar cohetes, pero la II República daba pasitos en la reforma agraria y la fuerza del sindicato consiguió que nadie quedara sin un sueldo y que se repartieran las horas de trabajo para llegar a todos. Hasta que llegaron los fascistas en verano del 36. Los fascistas que fusilaron a su padre, Francisco Cano Montenegro, y lanzaron su cuerpo a una fosa aún por encontrar. En este país siempre hemos sido muy de enterrar de mala manera. Los fascistas que raparon a su madre, María Dolores Ramos Cárdenas, le hicieron tragar aceite de ricino y la pusieron a desfilar dando vueltas, el vientre suelto y la pelona pintada en rojo, por la plaza Mayor.

A Enrique lo metieron con los curas para reeducarlo. Cuando murió dejó bien claro que no quería símbolos religiosos en varios quilómetros a la redonda, sólo una bandera roja y negra cubriendo el ataúd, la que había abrigado a tantos necesitados sin preguntar.

Enrique Cano vivió la dura clandestinidad del franquismo. Parte de la vida se la buscaba en la vendimia francesa y a la vuelta aprovechaba para traerse propaganda clandestina para aventarla por su tierra. A muchos compañeros les rompieron los huesos por hacer eso. A él nunca le pillaron y llevaba con cierta pena por su fortuna y los golpes al prójimo.

Muerto el pequeño genocida, Enrique estaba en la reconstrucción de la CNT y participando en la ocupación de tierras, que la tierra es nuestra, tuya y de aquel, de Pedro, María, de Juan y José. Y de Enrique, que ocupó una pequeña parcela para declararla tierra libre.

En 1992, todo el mundo lo recuerda, se celebra la Exposición Universal en Sevilla (sí, la del Curro y la del monorraíl que acabó de atracción en un centro comercial en Zaragoza y finalmente en desuso o destino a Springfield por su alto coste de mantenimiento). Lo que ya nadie parece recordar son las protestas previas a la inauguración, con su carga policial descargando fuego real sobre los manifestantes. Hubo centenares de detenciones a colleja limpia y un apaño de juicio con penas de más de un año para algunos detenidos, por aquello de la rebelión y la sedición tumultuaria, imagino.

Enrique Cano, 70 años, volvió a ser aquel chaval de once que se pasaba disimulando por Gobierno Civil y logró esconder en su parcela a una veintena de compañeros a los que sólo conocía de mirar a los ojos, permitiéndoles escapar de cualquier humillación. Enrique Cano Ramos murió en 2004, en Dos Hermanas, siendo el chaval que cumplía los 14 el día que mataban a Durruti, supongo, para que no lo mataran del todo. 

divendres, 17 de novembre de 2017

Román Delgado Monteagudo. 1952.


Hace 65 años moría en su México revolucionario y querido Román Delgado Monteagudo. El gobierno mexicano le había concedido la nacionalidad mexicana unos años antes. Román era más de tierras que de patrias y la aceptó como un gesto de acogida y ya ahí, acurrucado, se dejó acoger por la tierra tras 58 años vividos a conciencia.

Román Delgado arribó al mundo en El Ferrol y a los 16 años ya dejó oír su voz clara en la huelga de peones del dique, andaba en la primera fila de la huelga de forjadores poco después y aún le dio tiempo a integrarse en el comité de huelga de los ferroviarios. Las autoridades, huelga decirlo, lo pusieron en su punto de mira por 'incitación a la rebeldía'. Lo detuvieron junto a su hermano mientras denunciaban con nombres y apellidos a los encargados de la Sociedad Española de Construcción Naval que se pasaban de la raya en sus atribuciones.

Román Delgado, junto a compañeros libertarios y también socialistas y republicanos, ayudó a abrir las puertas del Centro Obrero de Cultura y Beneficencia de Ferrol, semilla de las escuelas racionalistas que abrirían después y que organizaba excursiones instructivas, clases nocturnas, conferencias y un servicio de biblioteca.

Internacionalista, organizó suscripciones de solidaridad para ayudar a los hermanos Flores Magón, encarcelados en Estados Unidos, y los obreros represaliados en Argentina. Las autoridades locales le animaron a demostrar su internacionalismo andando y huyendo de la policía acabó embarcando a Cuba. En Cuba participó en la organización de las huelgas de los obreros del azúcar en Camagüey y Guantánamo. Lo expulsaron

Rodando rodando llegó a San Antonio, Texas, formando parte de un grupo magonista encargado de organizar a los trabajadores del petróleo en Tampico. Allí se quedó, engrosando las filas del sindicato revolucionario La Casa del Obrero Mundial y trabajando de soldador en una refinería.

Lo encarcelaron en Querétaro por su actividad sindical y al salir se dedicó a dar conferencias y charlas. Las autoridades locales de aquí tampoco eran de mucho charlar y se empeñaron en deportarlo. Román hizo maletas, con más libros que ropa, y con 20 años se planta en Nueva York.

En Estados Unidos escribe en varias publicaciones anarquistas y se convierte en editor del periódico Germinal. No es un gran negocio, pero ya se sabe, algunos invierten en valores de mercado y otros en valores éticos, como partirse la cara en las huelgas generales de los trabajadores del petróleo en 1917. Le invitan a marcharse por agitador.

De vuelta a México se instala en una granja que ha montado en Ticomán con su compañera Atanasia Rojas y lleva en sus brazos a sus hijas Armonía y Vida. En esa granja, y a través del anarquista José Miño, acogerá a Durruti y Ascaso en su exitosa gira de expropiaciones por América Latina. En agradecimiento le dejan en depósito uno de aquellos préstamos a bajo interés tomados a bancos y grandes empresas con el encargo de poner en marcha una escuela racionalista y un periódico que dé voz a los silenciados.

En 1933, tras asistir a un acto de la Federación Local de Grupos Anarquistas de México, las autoridades de marras se presentan en su casa esgrimiendo el artículo 33 de la Constitución: el Ejecutivo de la Unión tendrá la facultad exclusiva de hacer abandonar el territorio nacional, inmediatamente y sin necesidad de juicio previo, a todo extranjero cuya permanencia juzgue inconveniente. Los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país. Sí, las Constituciones tienen a veces un ramalazo... Lo empaquetan en Veracruz con destino a España.

Afortunadamente para él, gracias a las gestiones de su familia, regresó a México antes de acabar el año y más adelante se le concedería la nacionalidad mexicana, agradeciendo el detalle dejando oír su voz clara y tendiendo la mano a muchos de los republicanos que no tardarían en llegar.

dimecres, 15 de novembre de 2017

Manuel Alfonso Ortells. 1918 - 2017.


Ha muerto Manuel Alfonso Ortells, el preso número 4.564 de Mauthausen. Los padres eran de Onda, Castelló, y habían emigrado a Barcelona. En Barcelona nació Manuel. Creció en una barraca que su padre había construido con sus propias manos en Bellvitge, L'Hospitalet. El padre era obrero de la construcción cenetista y la madre, católica, ayudaba a los desfavorecidos prestando servicio voluntario con unas monjas muy de la caridad.

Manuel ayudaba a su padre en el obra mientras devoraba el TBO y demostraba buena mano para eso del dibujo, así que lo mandaron a practicar con lápices y pinceles a la escuela profesional de cerámica de Onda. No hubo vuelta a la escuela porque los fascistas daban su golpe de Estado en julio del 36 y Manuel, recién cumplidos los 18 se marcha voluntario al frente con la Columna Durruti sin decir nada en casa.

Más por bajas continuas que por méritos bélicos, Manuel acaba luciendo galones de teniente. Lo ponen al frente de los restos de dos compañías, un centenar de hombres, y lo mandan a un alto en el Cadí a parar a los fascistas. No los paran, claro, y acaba pasando la frontera a pie, por las montañas, herido, guarecido por la noche y vadeando ríos. La hospitalidad en Francia se llama Vernet y Septfonds.

En Septfonds se hace con un lápiz y un cuaderno para escribir cartas a su familia. Y para dibujar. Dibuja un retrato de su madre que le acompañará el resto de su vida, una vida que le lleva a enrolarse en la 23 Compañía de Trabajadores Españoles. Los mandan a parar a los nazis. No los paran, claro, e intenta cruzar a pie la frontera con Suiza. No lo consigue. Es detenido en Saint- Dié-des-Vosges y encerrado en el Stalag XI B en Estrasburgo.

En diciembre de 1940, Manuel Alfonso Ortells es uno de los 800 republicanos españoles trasladados en un vagón de ganado a las puertas de Mauthausen. Su primer destino es la construcción de la carretera de Mauthausen, directa a la muerte por extenuación.

La juventud y fortaleza de Manuel Alfonso le permiten aguantar hasta mayo del 41. A punto de rendirse, le llega la oportunidad de trabajar en la oficina de los arquitectos y delineantes del campo. Cuando ingresó en Mauthausen le preguntaron por su profesión y había dicho que era dibujante. Ahora su pasión por el dibujo lo agarraba a la vida.

En esos años de pura supervivencia recibe la noticia de la muerte en un absurdo accidente de su hermano y de su hermana, muerta de miseria y tuberculosis a los 15 años. Manuel aprovecha su privilegios en forma de suplementos de comida para compartirlos con los compañeros más débiles y algunos guardias hacen la vista gorda a cambio de dibujos pornográficos.

Manuel Alfonso regala dibujos a sus compañeros, les hace llegar tarjetas de Navidad, caricaturas... siempre firmando con un pequeño pájaro. El Pajarito, le llaman a Manuel sus compañeros, que mirando los dibujos abren una ventana a su infancia, a los recuerdos que les dan fuerzas, les hace libres.

Tras la liberación de Mauthausen y recuperarse en Saint-Jorioz, Manuel Alfonso Ortells se instaló en Talence, en la periferia urbana de Burdeos. Allí conoció a su esposa, Natividad Eguiluz, y siguió viviendo hasta su reciente muerte a los 99 años de edad, el vuelo de un pájaro.

dimarts, 14 de novembre de 2017

Antonio José Martínez Palacios. 1936.


Antonio José Martínez Palacios nació en una modesta familia burgalesa que en cuanto vieron el asombroso talento musical del chaval lo llevaron de la manita a clases de música en la iglesia de San Lorenzo y lo dejaron en manos del maestro de capilla Julián García Blanco y el jesuita José María Beobide, que n tardaron en abrir las manos para que echara a volar. Al cumplir los 13 años, el chaval ya ha compuesto su primer obra, Cazadores de Chiclana de la Frontera. Su talento no dejará de crecer.

En 1920 marcha becado a Madrid y una de sus piezas, Danza de concierto, hace temblar de una ovación el Paseo del Espolón de Burgos al ser interpretada por la banda militar del Regimiento de San Marcial en el tradicional concierto de Navidad.

Antonio José no para de crecer componiendo, ganando premios, dando conferencias, impartiendo clases, recopilando unas 200 piezas populares burgalesas y completando estudios en París. Antonio José se convierte en una figura de prestigio internacional que solo sueña con volver a Burgos para no salir de alli nunca más, dedicado a crear y enseñar música.

En 1929 regresa a Burgos y se hace cargo del Orfeón Burgalés y de la Escuela Municipal de Música. Entre sus muchas creaciones anda metido en una ópera, El mozo de mulas, basada en uno de los episodios del Quijote. En 1934 la Orquesta Sinfónica de Madrid interpreta dos fragamentos para ir abriendo boca. El Teatro Principal de Burgos acoge la interpretación de los primeros pasajes de la obra en exclusiva para el público local, los vecinos de Antonio José. No es un buen día para ofrecer belleza, o sí. Es el 18 de julio de 1936.

Antonio José Martínez Palacios, 33 años, y su hermano Julio, 37 años, maestro en Pradoluengo, son detenidos por los falangistas el 7 de agosto y encarcelados en el penal de Burgos. El 9 de octubre, sin acusación alguna, sin juicio alguno, Antonio José Martínez Palacios es sacado de madrugada junto a su amigo Antonio Pardo Casas, director de la revista Burgos Gráfico, y 22 presos más, y fusilado con ellos en un descampado. Su hermano Julio fue fusilado junto a otros 22 maestros de la provincia.

La figura y obra de Antonio José Martínez Palacios, sepultada en España, se publican en Francia, se estudian en Estados Unidos y se pasean por el piano de Arthur Rubinstein. En los años 80 empieza a recuperarse su memoria para hacerla presente y por encargo de la Junta de Castilla y León (Antonio José es autor del Himno de Castilla), Alejandro Yagüe termina la ópera El mozo de mulas a partir de la reducción para piano existente.

El pasado domingo 12 de noviembre la Orquesta Sinfónica y los coros de la  Federación Coral Burgalesa protagonizaron el estreno mundial la versión instrumental y vocal de la ópera en tres actos El mozo de mulas, en el Auditorio Rafael Frübeck.

Antonio José Martínez Palacios soñó en volver a Burgos para no salir nunca más de allí y, aunque más bien en tono pesadillesco, su deseo se cumplió. Sus huesos y los de su hermano siguen en paradero desconocido enraízados en la tierra burgalesa, música nocturna cuando el aire hace cantar las hojas de los árboles.

divendres, 10 de novembre de 2017

Aurora Maria Nascimento Furtado. 1972.



Hoy se cumplen 45 años del brutal asesinato de Aurora Maria Nascimento Furtado, joven militante de Acción Libertadora Nacional, grupo de guerrilla urbana creado por el poeta comunista Carlos Marighella, hijo de inmigrante italiano y nieto de esclava africana que optó por la lucha armada para enfrentarse a la dictadura militar surgida del golpe de Estado alentado por Estados Unidos. Agentes del Departamento de Orden Público y Social lo acribillaron en una emboscada en 1969.

Aurora era hija de buena familia con acceso a la carrera de psicología de la Universidad de Sao Paulo. Estaba metida en la Unión Nacional de los Estudiantes (UNE), la organización estudiantil más importante en Brasil, que en dictadura organizó la Marcha de los Cien Mil en protesta por el asesinato del estudiante de secundaria Edson Luís. Los militares respondieron deteniendo de una tacada a los 800 delegados del XXX Congreso de la UNE y torturando y desapareciendo a sus principales dirigentes.

Aurora Maria Nascimento tenía toda la vida por delante y en lugar de quedarse en casa y en la Universidad se fue ahí delante, a por la vida. Ingresó en Acción Libertadora Nacional en 1971. El grupo había copado portadas con el secuestro del embajador norteamericano en Río de Janeiro, Charles Elbrick, en 1969. Aurora participó en varias acciones armadas cuando la presión de la junta militar había ido eliminando a gran parte de los cabecillas guerrilleros.

Aurora fue herida en un encuentro con la policía y trasladad al siniestro Destacamento de Operaciones de Información - Centro de Operaciones de Defensa Interior. Era mujer, joven y universitaria, valiente. No hubo misericordia, era terreno conquistado. La sometieron a golpes, descargas eléctricas y ahogamientos en un cubo de agua sucia. Le arrancaron uñas y los pezones. Era una guerra de aniquilación. Le acabaron aplicando la corona de Cristo, una banda metálica a modo de torniquete que te va aplastando el cráneo hasta saltarte los ojos de las órbitas. Así murió.

Metieron su cuerpo sin vida en un coche y acribillaron cuerpo y vehículo para rubricar el informe oficial sobre un intento de fuga. Luego metieron el cadáver en un ataúd lacrado para entregarlo a la familia con orden tajante de darle sepultura sin más. La familia puso la vida y la memoria por delante y desobedeció. El informe del Instituto Médico Legal desveló todo el horror. No se desvelaron los culpables.


dimecres, 25 d’octubre de 2017

Antonio Vargas Rivas. 1917.


Hoy se celebra el centenario del nacimiento de Antonio Vargas Rivas. Nació en Adra, Almería. Familia de pescadores. Esta muy bien eso de homme libre, toujours tu chériras la mer! cuando eres poeta. A Antonio lo sacaron del colegio con ocho años para ponerlo a faenar. Iba descalzo y dejó el barco a los once años con los pies llagados de arena, agua y sal. Entró de aprendiz de panadero y acabó de oficial de manos enharinadas.

Nunca dejó de leer. Frecuentaba centros obreros y se llenaba los bolsillos con las colecciones de La Novela Ideal y La Novela Libre. En 1933 se afilia a las Juventudes Libertarias. Al año siguiente lo encarcelan con veinte compañeros más acusado de reunirse clandestinamente y de leer. En este país leer siempre ha sido visto con recelo.

Antonio Vargas es uno de los fundadores de la Federación Local de la CNT de Adra y uno de los primeros en salir a la calle para hacer frente a los golpistas en julio del 36. Más armados de valor que con rifles en condiciones detienen el primer golpe en Almería y pueblos de la Alpujarra granadina.

Durante el primer año y media de guerra, Antonio Vargas será concejal municipal y uno de los encargados de la colectivización de la pesca en Adra como secretario del Comité de la Industria Pesquera. Y recordando su infancia en la mar salada participa en la creación de una escuela para los hijos de los pescadores. Homme libre, toujours tu chériras l'école, debe pensar.

En 1938 fue movilizado con la infantería de marina en Cartagena. Cayó enfermo y tras un periplo de hospitales prestó servicios auxiliares hasta el final de la guerra, cuando escapó hacia Orán en un barco pesquero. El primer destino de acogida fue una Compañía de Trabajadores Extranjeros. Tras la ocupación nazi y ante la seguridad de entrar en las listas para la deportación que se estaban confeccionando, decidió entrar en la Legión Extranjera, lo justo para disimular y desertar al poco tiempo y pasar a la clandestinidad. La clandestinidad se acabó con una detención y encierro en el campo de concentración de Djelfa.

Djelfa fue liberado en noviembre del 42 por tropas aliadas y Antonio Vargas se enrola en el ejército británico para combatir al fascismo. Lo hará hasta el final de la II Guerra Mundial dando la cara en varios frentes.

Antonio Vargas Rivas se instaló en Londres trabajando en lo que iba saliendo y sin abandonar si militancia. En octubre de 1947, tras nueve años sin verse, se reencuentra en un abrazo que funde el tiempo con su compañera Carmen Valarino Sánchez y su hija mayor, Angelita. En sus brazos queda el vacío de su hija pequeña, Orquídea, muerta en Adra en 1943 antes de cumplir los siete años.

Secretario de Organización de la Asociación de Excombatientes Españoles Republicanos del Ejército Británico y editor del boletín anarquista España fuera de España (más que una cabecera un estado de ánimo) destinado a los trabajadores inmigrantes españoles del Reino Unido, Alemania, Suiza, Francia y Holanda.

Jubilado en 1981 y gracias a la pensión del Estado británico se instala de nuevo en Adra y colabora en diversas publicaciones y restaña las llagas de la memoria ofreciendo su testimonio allí donde quiera ser escuchado. Un testimonio recogido en su libro Guerra, revolución y exilio de un anarcosindicalista. De un hombre libre, diría, que amaba sin más.

dilluns, 23 d’octubre de 2017

La Jamancia. 1843.


'Dirigiré mi última mirada sobre esta hermosa capital con la más viva satisfacción, por haberla salvado de la ruina que la amenazaba y por haber destruido el germen de disolución que debía acabar con su prosperidad. Catalanes, conservad la paz y sed felices'.
José Laureano Sanz y Soto de Alfeirán

No es por dar ideas, pero un 23 de octubre de hace 174 años las bombas caían como chuzos de punta sobre Barcelona. No era la primera vez. Ni la última. No hacía ni un año que Baldomero Espartero había reurbanizado la ciudad desde el mirador de Montjuïc. Espartero, militar liberal (con prevalencia de lo primero), ídolo de masas jaleado por la hinchada progresista y el pueblo en general. Barcelona lo tenía en consideración de héroe por su victoria sobre el carlismo. Hasta que se subió a Montjuïc en noviembre de 1842 y pim pam pum.

Bueno. Octubre de 1843. Las bombas caen como chuzos en punta sobre Barcelona. La tormenta viene de meses atrás, cuando un movimiento de moderados y liberales echa a Espartero de la regencia y del país. El nuevo gobierno, que se presenta ante el respetable con el lema Constitución de 1837, Isabel II y Junta Central, no tarda en pasarse por el forro ese lema. Las calles de Barcelona arden ante esa traición. La milicia popular, el Batallón de la Blusa al mando de Juan Castells, toma las Atarazanas abandonadas por el Ejército con todas las armas dentro.

El mes de septiembre transcurrirá entre las escaramuzas que mantienen sublevados, constituidos en la Junta Suprema Provisional de la Provincia de Barcelona, y ejército leal al gobierno, fortificados primordialmente en el castillo de Montjuïc y la Ciudadela, y manteniendo posiciones privilegiadas en Gracia y la Barceloneta.

La Junta Suprema asegura que la revuelta está triunfando en el resto de Catalunya y en varias provincias españolas. Por si acaso, miles de ciudadanos irán abandonando la ciudad buscando refugio en casas de familiares que viven en los campos próximos. Por si acaso, que han llegado a la ciudad dos colegas de Reus con ganas de guerra: los militares Joan Prim y Llorenç Milans del Bosch.

El 7 de septiembre se lanzan las primeras 100 bombas desde Montjuïc, todas sobre las Atarazanas. El gobernador de las Atarazanas, Francisco Torres y Riera, responde enarbolando bandera negra, lucha a muerte. Días después abandona la ciudad por la puerta de atrás, por si acaso.

Los rebeldes en armas, los jamancios (la revuelta se conoce como La Jamancia, del verbo jamar, comer en jaló, y del nombre que se daba a la paga de cinco reales que recibían) son una tropa bullanguera que suele lucir barba Luchana y viste blusa azul, pantalón gris hasta media pierna, alpargatas, barretina con calavera plateada y una sartén pequeña de plomo prendida en el pecho. Con esa sartén cargan sobre el enemigo al grito de madurs a la paella / moderados a la sartén. Y muestran un talento compositivo para sus himnos que será recuperado años después por Georgie Dann: Chim, chim, chim, / ¡viva la Junta, viva la Junta! / Chim, chim, chim, / ¡viva la Junta y muera Prim!, cantan alegres.

Los jefes de la revuelta salen al balcón después de un banquete para gritar a la concurrencia enardecidos vivas a la Junta Central, a la independencia de Catalunya, a la reina Isabel niña Isabel ten cuidado y al pueblo soberano. Los ánimos irán enturbiándose a medida que pasan los días, caen algunas bombas, llegan las noticias de la campaña de Prim corriendo a sablazos y artillería a los rebeldes, las progresivas deserciones de mandos y tropa, el fracaso de la revuelta en provincias y el hambre. Hay mucha hambre. Los animales domésticos empiezan a desaparecer.

El nuevo capitán general de Catalunya, el teniente general José Laureano Sanz y Soto de Alfeirán, aboga por la paz y la concordia dentro del marco constitucional al tiempo que decreta el bloqueo sobre Barcelona para matarla de hambre.

La madrugada del 7 de octubre los revolucionarios intentan la toma por sorpresa de la Ciudadela. La sorpresa se la llevan ellos cuando ya en el tramo final enfilan las escaleras de asalto para tomar el muro y descubren que han tomado mal las medidas y les queda cosa de metro y medio para culminar el ascenso con éxito. Son barridos en retirada sufriendo más de un centenar de bajas.

Así llegamos a los días del 22, 23 y 24 de octubre, en los que caen 4.825 proyectiles sobre una ciudad hambrienta y muy despoblada ya, con cárceles y conventos habilitados como hospitales completamente desbordados. Las bombas continuan cayendo mientras se negocia la rendición. 12.000 bomas después, Barcelona se rinde el 19 de noviembre, quedando centenares de edificios y viviendas en ruinas, un frente marítimo despejado que inspirará futuros planes urbanísticos, una bomba incrustada en la fachada de una casa de la calle Sócrates y una estatua a Prim que derribarán las Juventudes Libertarias en 1936 y será repuesta en dictadura en el parque de la Ciudadela, para que al menos las palomas puedan cagarse a gusto. El que no se conforma...