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dimecres, 18 d’octubre de 2017

Laureano Cerrada. 1902.


Hoy se conmemoran los 115 años del nacimiento de Laureano Cerrada Santos, empresario creativo, eso que hoy llamarían un emprendedor innovador. No, no hay canapés laudatorios en el Círculo de Economía. Laureano Cerrada, alcarreño, era un emprendedor libertario. Su gran empresa era derrocar la dictadura del general Franco. Tal como queda patente a primera hora de esta tarde, no lo consiguió. Y no sería por no intentarlo.

Laureano Cerrada era el empresario que financió el intento de atentar contra Franco con una avioneta. La idea era sobrevolarlo y echarle encima unas bombas mientras el genocida asiste a unas regatas en Donostia. Les salieron unos cazas cuando ya enfilaban el yate del dictador. El material explosivo desaprovechado quiso optimizarlo para bombardear en palacio veraniego de Aiete para despertar a Franco de la siesta y a España de la modorra. Ese día llovió y no hubo tutía de despegar.

Tuvo otra idea cojonuda, inundar España de moneda falsa y provocar el colapso económico. Él mismo hacía incursiones en coche repartiendo dinero falso a espuertas por municipios de todo el país.

Laureano Cerrada era un autodidacta. Dejó el hambre y los caciques de su MIedes de Artienza natal, en Guadalajara, para venirse a Barcelona. Había aprendido a leer y escribir leyendo y copiando las letras de los periódicos que pasaban por sus manos. Militante anarquista, Cerrada recibirá el encargo por parte de CNT, UGT y POUM de gestionar los ferrocarriles en Barcelona durante la guerra.

Muerta su mujer en 1938 y perdida la guerra es uno de los últimos en pasar a Francia. Lo hace cargado del dinero obtenido en su gestión de los ferrocarriles. No lo quiere para él. Antes de que pueda caer en manos de Franco prefiere entregarlo a los ferroviarios franceses.
Laureano Cerrada conoce los campos de internamientos franceses y tras ser detenido por los ocupantes alemanes lo destinan a un campo de trabajo. Cerrada falsifica su propia orden de liberación. Incorporado a la Resistencia, participa en asaltos a arsenales y cuarteles alemanes.

Entre sus muchas habilidades, es un gran organizador, está la de falsificador y aprovechará ese don para falsificar documentos que salvarán a miles de personas perseguidas. También lo aprovecha para falsificar moneda. A capazos. Considera que alguien debe correr con los gastos de la Revolución, que ya está bien de pagarla siempre con vidas en interminables plazos.

En abril del 45, aprovechando el caos que se vive en Italia, se acerca a Milano, se cuela en la fábrica donde el régimen franquista imprime los billetes de 100 y 500 pesetas y se lleva prestadas en usufructo las planchas de impresión. La idea es inundar España de moneda falsa. El primer transporte debe ir de Donostia a Valencia repartiendo dinero por los caminos. Los detienen en Zaragoza.

Laureano Cerrada logró construir un pequeño imperio financiero que incluía la posesión de hoteles, almacenes y empresas de transportes y artes gráficas, comprando con su dinero el Mas Tartás, masía a cinco quilómetros de la frontera con España que servía de base guerrillera para sus incursiones contra la dictadura.

Iba por libre y era un cachondo pionero del overbooking que falsificó y regaló entradas para una corrida de toros en Nimes que no pudo acoger al doble del público previsto, generándose tales altercados en la plaza que obligaron a suspender la corrida mientras Cerrada se partía la caja mientras asistía al espectáculo desde la terraza de un café. La CNT no le encontraba la gracia al espíritu que impulsaba las acciones de Cerrada y lo echó. Nunca les guardó rencor por ello. Total, no por ser expulsado de la CNT dejaba de ser anarquista.

Lo cierto es que Laureano Cerrada, que utilizaba el dinero para corromper voluntades que facilitasen su lucha contra el sistema (si el dinero corrompe que corrompa al propio sistema capitalista), tenía que transitar por caminos frecuentados por el hampa, lo que incluye mafiosos y policías untados, convirtiéndose en un tipo que sabía demasiado.

La policía acabó desmontando el tinglado de Cerrada, que empezó a acumular detenciones y penas en prisión. Nunca se rindió, colaboró en Defensa Interior en el empeño de derribar a Franco y así hasta ser detenido de nuevo por falsificación a los 67 años, pasando cuatro años en prisión. Al salir no cambiaría mucho sus rutinas.

El 18 de octubre de 1976, el día de su 74 cumpleaños, Laureano Cerrada acude a una cita en el café Europe, del cual es cliente habitual. Entra otro tipo que saluda sin disimular, habla brevemente con Cerrada y salen los dos a la calle. Dan unos pasos calle arriba y el tipo le dispara dos tiros a quemarropa. Laureano Cerrada trastabilla y cae muerto. El tipo en cuestión es identificado por algunos como Ramón Benichó, alias Leriles, ex de la CNT y confidente vinculado a la prostitución. La policía no se toma muchas molestias con él y huye al Canadá.

No quedan claros los motivos del asesinato de Laureano Cerrada, zanjado por las autoridades como ajuste de cuentas, si bien se vinculan a la posibilidad de que estuviera planeando escribir sus memorias a raíz de los encuentros con el periodista Eliseo Bayo, que estaba escribiendo su serie de artículos para Gaceta Ilustrada sobre los atentados contra Franco. Unas memorias que podrían dejar a muchos con el culo al aire. En fin, algunos falsifican billetes, otros falsifican la democracia. Si quieren saber más y mejor sobre Laureano Cerrada vayan a lis libros de Eliseo Bayo, Los atentados contra Franco, o al trabajo Laureano Cerrada, el empresario anarquista, escrito por César Galiano Royo y editado por la imprescindible Pepitas de Calabaza.

dilluns, 25 de setembre de 2017

Victoria Kent. 1987.


Fue la primera mujer en ingresar en el Colegio de Abogados de Madrid; la primera en abrir despacho propio como abogada laboralista y la primera en todo el orbe en ejercer como defensora ante un tribunal militar, añadiendo la desfachatez de ganar la causa. Además, su reforma del sistema penitenciario inspiraría años después el modelo escandinavo. Era española. Murió en el exilio, claro.

Victoria Kent Siano nació en Málaga, familia abierta de miras. Aprendió a leer y escribir en casa, con su madre, que prefería pagarle profesores particulares a mandarla a la escuela a aprender a rezar y coser. La inversión le permitió salir maestra de la Escuela Normal de Málaga, donde imparten dos mujeres excepcionales: Suceso Luengo y Teresa Aspiazu, que consideraban la educación un instrumento para formar personas que crecieran en igualdad. Defensoras del voto femenino, Aspiazu fue la primera mujer concejal del Ayuntamiento de Málaga.

Cosa bastante inaudita en aquel entonces, año 1917, sus padres la dejaron irse sola a Madrid, a estudiar, instalada en la Residencia de Señoritas que dirige María de Maeztu, mente brillante trizada por la guerra y el exilio, y matricularse en Derecho en la Universidad Central. Cursa carrera como alumna no oficial, recibiendo todo el apoyo de Luis Jiménez de Asúa, otro que murió en el exilio.

En 1930, Victoria Kent aparece en portada en todos los periódicos por defender a Álvaro de Albornoz ante el Tribunal Supremo de Guerra y Marina, que lo acusa de alentar el intento de sublevación republicana en Jaca. Y gana la libertad de su defendido.

Tras la proclamación de la II República será la primera mujer nombrada Directora General de Prisiones. Su idea es convertir los centros penitenciarios en centros de reinserción, no en una cloaca de castigo. Cierra 114 cárceles y manda construir el modélico centro de la Cárcel de Mujeres de Ventas, que el franquismo convertiría en centro de hacinamiento y sala de espera para el paredón de muchas mujeres.

Victoria Kent impulsa la mejora de la alimentación y la libertad de culto en las prisiones, la ampliación de los permisos por razones familiares, la substitución de las monjas carceleras por un cuerpo femenino de funcionarias y la prohibición del uso de grilletes y cadenas.  

Elegida dos veces diputada colabora en la redacción de algunos puntos de la Constitución. Lo de 'España es una República de trabajadores, liberal en el principio, democrática en el fundamento y social en la orientación', es suyo. También son suyas las disposiciones que equiparan hijos legítimos e ilegítimos, la igualdad de retribución salarial entre hombre y mujeres y las medidas de protección de la infancia y la maternidad.

En cambio se la vuelve a ver en portada de la prensa por su debate sobre el voto femenino con Clara Campoamor. Kent es contraria a ese derecho en aquel momento, por estimar al grueso de las mujeres del país poco preparadas para ejercerlo tras siglos de sumisión y educación católica. Ganará la visión de Campoamor de no posponer por más tiempo un derecho fundamental. La prensa no pierde ocasión de hacer chanza por ver debatir a dos mujeres.

El golpe de Estado fascista la llevaría al exilio, cruzando la frontera al cargo de cientos de niños de los que se encargó que no fueran abandonados a su suerte, creando refugios y guarderías para que pudieran ser atendidos. También llevó a cabo una ingente labor consiguiendo visados con destino América del Sur.

La ocupación nazi puso precio a su cabeza, condenada en rebeldía por el Tribunal contra la Masonería y el Comunismo a 30 años de cárcel e inhabilitación absoluta. La Cruz Roja la esconderá con identidad falsa en un piso cerca del Bois de Boulogne. Allí, en 1944, mientras acampan en el bosque, pasará unos días con los muchachos de La Nueve que acaban de liberar París.

Victoria Kent marcha al exilio mexicano en 1948 y trabaja en la Escuela de Capacitación para el Personal de Prisiones. En 1950 la reclama la ONU y recala en Nueva York. Allí se quedará, al lado de Louise Crane, la millonaria filántropa hija del que fuera gobernador de Massachussets y de la que fuera una de las fundadoras del MoMA. Crane corre con los gastos de la edición de la publicación mensual Ibérica por la Libertad, dirigida al exilio español y denuncia constante del régimen franquista.

Victoria Kent, ya octogenaria, volvió a España tras la muerte de Franco. La muerte le susurró que volviera a Nueva York para cerrar los ojos al lado de Louise Crane. Así lo hizo hoy hace 30 años. 'Yo no tengo otra pasión que España, pero no regresaré a ella mientras no exista una auténtica libertad de opinión y de asociación', había dicho en ese exilio que no parece acabarse nunca.

dilluns, 18 de setembre de 2017

Juan José Bernete Aguayo. 1937.


A nadie le hizo daño, a nadie le quitó ná,
pues sólo quería un caballo pa correr en libertad.
Pedro Garfias.

Juan José Bernete Aguayo nació rodeado de hermanos en el cortijo de Bramadero, Córdoba, dominio del cacique Martínez Lora. No había ni tiempo ni dinero para la escuela, así que aprendió a leer con los periódicos que pasaban por sus manos. Pasar las hojas de los periódicos era como abrir ventanas al mundo. También aprendió a montar a caballo y a tirar con escopeta. Era un consumado jinete y tirador preciso.

A los 14 años ya se le habían muerto la madre y dos hermanos pequeños. A los 20 años podría haber tirado sobre el cacique dedicado al cultivo de hambre y miseria, pero prefirió tirar al monte con un compañero. Duraron poco, la Guardia Civil lo metió en un reformatorio de Alcalá de Henares. Allí se pasó tres años sin poder montar a caballo. Empezó a cabalgar sobre las ideas libertarias que le pasaban entra abrazos y textos otros compañeros de encierro.

La amnistía del Frente Popular lo pone en la calle y vuelve a su tierra para hacerla de todos. Afiliado a la CNT se parte el lomo y recorre los campos hablando de unidad y solidaridad, de un todos a una que prescinda de comendadores.

El golpe de Estado fascista lo encuentra segando en Marinaleda. Al galope se presenta en su pueblo para defender la II República y al galope se le suman compañeros hasta formar una improvisada caballería, la caballería de Juan José Bernete Aguayo, el capitán Chimeno. Al galope se enfrentan a los fascistas y echan abajo las puertas del cuartel de Fuente Palmera. Cuando algunos pretenden sacarse años de humillaciones de encima levantando un paredón, el capitán Chimeno se pone delante, que allí no se fusila a nadie porque se trata de levantar un mundo nuevo.

La caballería de Chimeno pasó por Almodóvar, Guadalcázar, Peñaflor...defendiendo a la población civil y hostigando a los fascistas. Juan José Bernete carga en primera línea y no pica espuelas en retirada hasta que lo sobrepasa el último de sus hombres, que adoran a ese joven de 24 años capaz de aglutinar a anarquistas, comunistas, socialistas y republicanos moderados a los que relata historias y recita poesías entre refriega y refriega. Desde Sevilla, Queipo de Llano lo pone el primero de su lista negra.

Los tiempos de ponen malos con el avance de los sublevados y el capitán Chimeno encabeza un peregrinaje para poner a salvo a cientos de civiles en zona republicana. Él les guía y su puntería permite cazar alimento. Posadas, Fuencaliente, Villanueva, Villafranca...en Villafranca conoce a Dolores Ortiz, apenas 16 años, y se enamoran, y firman una declaración de principios uniendo sus cuerpos, clavos de luna nos funden mi cintura y tus caderas...

El capitán Chimeno acaba incorporándose en el batallón Garcés, comunista, de la 73 Brigada Mixta. En una práctica bastante habitual en el ejército regular republicano, un fulano que no corre riesgos manda carga suicida contra nido de ametralladoras en una colina, en cerro Mulva, Fuente Obejuna. Por si la cosa no fuera bastante peliaguda, el tanque que debe cubrir el avance del capitán Chimeno hace una extraña maniobra y lo deja al descubierto. Una ráfaga le rompe la camisa y le abre el pecho. Murieron varios hombres que sin recibir orden alguna acudieron a rescatar su cuerpo. En un bolsillo llevaba un gorrito rosa para la hija que nacería tres meses después.

Juan José Bernete Aguayo, capitán Chimeno, fue enterrado con todos los honores en Villanueva de Córdoba. Luego los fascistas lo desenterraron para arrojarlo a una fosa común, patria de tantos.

dimecres, 13 de setembre de 2017

Emilio Herrera Linares. 1967.


Hoy se cumplen los 50 años de la muerte de Emilio Herrera Linares, granadino, hijo de padre militar y madre aficionada a la pintura. Católico practicante y monárquico, íntimo de Alfonso XIII. Presidente del Gobierno republicano español en el exilio. Ahora les cuento.

Emilio Herrera empieza estudios de arquitectura, pero su pasión es la aeronáutica y se matricula en la Academia de Ingenieros de Guadalajara para graduarse como teniente con destino a la Escuela Práctica de Aerostación. Le chifla montar el globo y espolvorearse los bigotes con las nubes. Piloto de avión, globo y dirigible, será el primer español, junto al piloto y fotógrafo José Ortiz Echagüe, en cruzar a nado aéreo el estrecho de Gibraltar y creará la primera escuela de pilotos de hidroaviones.

Herrera tiene vocación científica y la aplica con denuedo a la aeronáutica. Acumula prestigio y lo invitan a cruzar el Atlántico como segundo comandante del Graf Zeppelin LZ 127. Le dará tiempo a ayudar a Juan de la Cierva en la construcción del autogiro, diseñar el Laboratorio Aerodinámico de Cuatro Vientos, integrarse en la Asociación de Militares Esperantistas, formar a los futuros ingenieros aeronáuticos españoles como primer director de la Escuela Superior de Aerotecnia y entablar amistad con Albert Einstein tras su visita a España, carteándose ecuaciones durante años.

La proclamación de la II República lo pilla al lado de Alfonso XIII. Decide seguir prestando servicio a su país y al nuevo Gobierno, que le nombra representante en la Conferencia de Desarme de la Sociedad de Naciones, mientras en sus ratos libres patenta una regla de cálculo para la resolución de problemas aerodinámicos, un sistema de doble proyección geográfica  y un flexicalculador para resolver funciones matemáticas e integrales elípticas. Y ya de paso empieza a proponer la posibilidad, y hacerla factible, de un viaje a la luna. El niño que fuera voraz lector de Julio Verne hablaba muy en serio.

Emilio Herrera inventa la escafandra estratonáutica, un modelo de uniforme y escafandra que años después servirá a la NASA para diseñar sus trajes de astronauta. Es un traje espacial con micrófono, sistema de respiración antivapor, visera compuesta por tres cristales que filtraban los rayos ultravioletas, sistema para filtrar el dióxido de carbono, termómetros y barómetros interiores y exteriores y articulaciones y herramientas para medir y recoger muestras. También diseña un globo capaz de ascender a los 26.000 metros de altitud y asomarse al balcón.

Emilio Herrera, miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, va a presentar su maravilloso proyecto aprovechando un curso de veranos que imparte en la Universidad de Santander. Escoge un mal día, el 18 de julio de 1936. Su amigo de correrías aéreas, el general Kindelán, le exige adhesión al Alzamiento. Herrera le contesta que debe lealtad al Gobierno legítimo de la República.

Herrera es responsable de las escuelas de aviación de la fuerza aérea republicana. Su hijo Emilio, 19 años, muere en combate pilotando un Polikarpov I-15. El final de la guerra le fue notificado durante una gira oficial que realizaba por América del Sur. Hay cierta tendencia en España a pagar el conocimiento con el exilio. Emilio Herrera se instaló en Francia con su mujer, de familia muy bien conectada con el Régimen y que se quedó a su lado, y con su hijo José, poeta y comunista, compañero de palabras de Miguel Hernández.

Emilio Herrera sobrevive con lo justo, con lo que va sacando de los artículos científicos que le van publicando y con lo que generan sus patentes. No le faltan suculentas ofertas. Su conocido de cuando surcaban el mar de arriba en dirigible, el general Wilhelm von Faupel le ofrece un cheque en blanco gentileza de Hitler para ponerse al servicio del III Reich en el Laboratorio de Vibraciones de Berlín. Emilio, educado, declina aceptar. No le gusta Hitler ni lo que propone el III Reich. Frente a los que imaginan cohetes que destruyen ciudades siempre quedan los que imaginan cohetes que descubren mundos.

Acabada la II Guerra Mundial asesora al Gobierno francés en temas de aeronáutica y astronáutica y es condecorado por la Academia de Ciencias de Francia. La UNESCO le nombra consultor para el uso pacífico de la física nuclear. Dimite del cargo el día que la ONU le abre las puertas a Franco.

Emilio Herrera Linares fue presidente del Gobierno republicano español en el exilio entre 1960 y 1962. En 1967, utilizando todos los contactos a su alcance fuera y dentro de España intenta proponer la celebración de un referéndum para que los españoles pueden elegir entre monarquía y república, y a partir de ahí trabajar en la reconciliación. Murió el 13 de septiembre de 1967, hoy hace 50 años, un desconocido en su país, al que había jurado la lealtad que le costó el olvido durante muchos años.

En 1993 sus restos de trasladaron a su Granada natal en un acto con un comité de honor presidido por Juan Carlos I, que le debe tener tanto apego a la ciencia como a los referéndums. Emilio Herrera había recibido otro homenaje tras su muerte seguramente más de su agrado. En 1969, Neil Armstrong, tras pasear por la luna, se baja a la Tierra y corre a abrazarse con un señor que trabaja en la NASA y atiende por Manuel Casajust Rodríguez, que había sido colaborador de Herrera. Un Armstrong emocionado le da las gracias por haber trabajado con el hombre que inventó el traje de astronauta. Y le regala unas piedras que se ha traído de allá arriba, hechas de la arcilla de la que están hechos los sueños.

(PD. La roca lunar fue donada al Museo del Aire de Cuatro Vientos y desapareció en 2004. País de chorizos).




dijous, 7 de setembre de 2017

Francesc Ballester Orovitg. 1957.



A Francesc Ballester Orovitg El Explorador lo pusieron a trabajar de carpintero muy joven y el se puso a estudiar esperanto. El golpe de Estado fascista lo pilla con 15 años militando en las Juventudes Libertarias de L'Hospitalet y la guerra lo manda al frente de Aragón en la 143 Brigada Mixta. Acaba preso en Tortosa.

Francesc Ballester consiguió escapar y pasar a Francia. No tenía intención de huir del fascismo, así que se enroló en el maquis y volvió al combate en Barcelona militando en el Movimiento Libertario de Resistencia al lado de buena gente como Celedonio García y Josep Lluís Facerías. Con Celedonio participó en el Pleno Nacional clandestino de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias celebrado en el sótano de un bar de la calle Valverde y con Facerías en algunas expropiaciones bancarias.

En 1947, Ballester participa en la redacción, impresión y difusión de octavillas contra la Ley de Sucesión, esa que a primera hora de la tarde de hoy pervive en Felipe VI. Parece poca cosa. No lo era. También intentará, con Facerías, eliminar a la mala bestia del comisario Eduardo Quintela. La acción fracasa por pura pobreza. Literalmente. Cuando van a llenar el depósito de la camioneta que se han agenciado para salir al paso de Quintela se encuentran con todas las gasolineras de Barcelona cerradas por falta de suministros.

La represión no da respiro y el grupo pasa a Francia para tomarse uno. Vuelven a la carga en noviembre de 1947. No lo tienen fácil. Primero los detiene la gendarmería en Latour-de-Carol y se pasan dos semanas en el calabozo. Cuando salen y se reúnen en el Mas Tartas, base de grupos libertarios en plena montaña a pocos pasos de la frontera, les explota una granada mientras revisan el material y Ballester tiene que ser hospitalizado por una fea herida en la rodilla. Peor parte lleva Mariano Puzo Cabero, que pierde mano izquierda y pulgar derecho.

En 1948 el Movimiento Libertario de Resistencia acaba disolviéndose mientras sus miembros van cayendo uno a uno. Ballester es detenido en mayo y encarcelado en La Modelo. Pasará un año ahí dentro, aprovechando para organizar la ayuda a los presos coordinado con Quico Sabaté hasta su libertad provisional. El nombre ya lo dice, provisional, más aún cuando formas parte del grupo de los hermanos Sabaté y te dedicas a buscar abogados dispuestos a defender a los presos anarquistas.

Fue detenido de nuevo en 1949 y sometido a tortura en los sótanos de Vía Layetana. Le cayeron seis años de los que cumpliría tres, suficiente hospitalidad para largarse a Francia y no volver más.

En Alès, en el Gard, volvió a la carpintería y el esperanto, tallando madera y escribiendo en numerosas publicaciones, militando en la CNT y llevando una vida sencilla de gestos amables con sus vecinos. El hombre que sobrevivió al frente de Aragón, las cárceles y comisarías del franquismo, las encerronas policiales y los interrogatorios, la lucha de la guerrilla libertaria, moriría hoy hace 60 años en el descarrilamiento del tres París - Nîmes. Murió como había vivido, de pie, porque minutos antes había cedido su asiento a una mujer, que salvó la vida en el accidente, en un último gesto que hablaba de él.

dilluns, 4 de setembre de 2017

Restituto Cabrera Flores. 1967.


Metro noventa de estatura, piel aceituna, inteligente, hombre que hablaba lo justo para dejar al margen las tonterías. Restituto Cabrera Flores lo tenía todo para mirar a su alrededor con displicencia y dedicarse a vivir cómodamente y sin sobresaltos. Pero pasa que cuando miraba a su alrededor le incomodaba la injusticia y le daba por querer a los que sufrían.

Restituto Cabrera Flores, el Negro Cabrera, había nacido en El Callao, Perú, y quería ser médico, como también lo serían su hermanos Carlos y su hermana Manuela. Era un estudiante brillante, pero su condición de cholo y sus ideas izquierdistas le cerraron la universidad en Lima y marchó a Buenos Aires, un camino que también seguirían su hermano y su hermana.

Matriculado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, asiduo del bar Los Estudiantes, meollo de las inquietudes políticas de toda una generación, se pagó los estudios trabajando lo mismo de estibador en el puerto como de asistente de luchadores de pressing catch en el Luna Park.

Era un tipo amable, atento y muy querido que hizo las prácticas en el Hospital Rawson. Allí atendió a los heridos del bombardeo de plaza de Mayo de 1955 y allí se desempeñó tras licenciarse. Cabrera Flores curaba a la gente, pero era el mundo el que estaba enfermo y también quiso dedicarle desvelos.

Igual por eso aceptó irse, recién casado, a Taco Pozo, provincia del Chaco, en el Norte Grande Argentino, a sueldo de una compañía maderera que quería sanos el máximo tiempo posible a sus obreros sometidos al trabajo a destajo. El Negro Cabrera se dedicó a sanar cuerpos y espíritus, ejerciendo también de maestro que enseñaba a leer y escribir y ayudándoles a organizarse para reivindicar sus derechos. Los reivindicaron y al Negro Cabrera los patronos lo despidieron. Siguió en el Chaco, en Tres Isletas, creando una cooperativa con otros dos médicos. Los patronos no les dejaron en paz y Cabrera hizo las maletas. Le esperaba una Revolución cubana en marcha.

El Negro Cabrera se va con su esposa y su hija de meses a prestar sus servicios como médico para echar adelante la Revolución, trabajando como especialista en medicina interna y cardiología en el Hospital Provincial de Santiago de Cuba. Además de su trabajo como médico, introduciendo nuevos métodos y creando las consultas ambulatorias voluntarias nocturnas, también imparte clases de actualización para médicos y clases para alcanzar el sexto grado en la escuela del hospital. Y cuando tiene un rato libre se va a cortar caña.

Al Negro Cabrera le dolía América. A nadie le sorprendió cuando manifestó su intención de irse con el Che a Bolivia, a la guerrilla que debería empezar operando por la zona montañosa cercana a Santa Cruz cruzada por el Ñancahuazú para ir ampliando bases en Argentina, Chile y Perú. La idea era entrenarse sobre el terreno para acabar estableciéndose en Ayacucho en un grupo al mando de Juan Pablo Chang Navarro el Chino.

El 14 de febrero de 1967 llegó al campamento de Ñacahuazú y en el poco más de medio año que estuvo en la guerrilla ocupó su tiempo más en andar y cuidar enfermos que en disparar su fusil. Mientras se van sumando contratiempos, el Che deja al Negro Cabrera en el grupo de retaguardia que comanda Juan Vitalio Acuña, el grupo que es aniquilado por tropas bolivianas mientras intentan cruzar por el Vado del Yeso. La acción no es muy heroica. Los guerrilleros, en el mejor del caso con el agua hasta la cintura, son sometidos a una sesión de tiro al patito.

El Negro Cabrera consiguió escapar entre la confusión dejándose arrastrar por las aguas del río. Estuvo cuatro días caminando por la selva en un vano intento de contactar con la columna del Che, hasta que el 4 de septiembre de 1967, hoy se cumplen 50 años, topó de bruces con tropas de la compañía Toledo de la Cuarta División. Exhausto, levantó los brazos en señal de rendición. La soldadesca interpretó el gesto a su manera y abrió fuego a discreción. Había recompensa por cada guerrillero muerto.

Acribillado y agonizante en el suelo, Restituto Cabreras Flores es rematado de un tiro en la cabeza por un sargento sanitario. Tras comprobar que iba armado con un cortaúñas, cuatro limones y frutos del bosque, su cuerpo fue expuesto al público como un trofeo y luego enterrado en paradero desconocido. El cuerpo del Negro Cabrera fue recuperado en junio de 1999 y pudo ser enterrado en Santa Clara para mantener vivo el recuerdo de aquel médico al que le dolía el mundo y decidió donar su cuerpo y su alma a la Revolución para encontrar una cura que parece no llegar.

dilluns, 28 d’agost de 2017

Alfons Vila i Franquesa. 1967.



Hoy hace 50 años moría en su exilio mexicano Alfons Vila i Franquesa, después de haber andado mucho con varios nombres desde que saliera de su Sant Martí de Maldà leridano natal. El padre de Alfons se dedicaba a la construcción y reparación de carros y carruajes, oficio que no atraía en absoluto al pequeño Alfons, más amigo de lápices y pinceles. Cuando quedó huérfano de madre a los doce años, se largó andando a Terrassa, a unos 120 quilómetros.

En Terrassa intentó ganarse la vida dibujando por los cafés sin demasiado éxito. Probó en Barcelona con igual fortuna, escasa. Harto de comer las sobras que le daban por la puerta de atrás de los cuarteles decidió pirarse a París. Como no le llegaba para billete alguno, se fue andando. Casi llega a la pata si no se hubiera colado en algún tren.

Los cafés de París tampoco daban para mucho, pero le permitieron trabar una gran amistad con un tal Humbert, chaval de su edad, anarquista, que va publicando cosas en revistas como Shumblerium. Son inseparables desde la pura fraternidad de sus 20 años. Cuando a Humbert lo detiene la policía francesa por desertor y desaparece para siempre en la oscuridad de unos calabozos, Alfons Vila decide regresar a Barcelona y rendir homenaje a su compañero firmando sus creaciones como Shum.

Shum forma parte de los grupos de acción libertarios que se enfrentan a los pistoleros de la patronal y es conocido entre sus amigos como El Poeta. Mientras un grupo de sus amigos prepara una acción poética contra el cafre Severiano Martínez Anido, Shum corre a avisarles a su piso de la calle Toledo sobre la inminente llegada de la policía, que está sobre aviso. Es abrir la puerta y producirse una explosión que hunde buena parte del edificio dejando cinco muertos.

Shum, que en esos años pasa por Joan Baptista Acher, es ingresado en el hospital gravemente herido y con las manos rotas. Le dedican todo tipo de atenciones para salvar su vida, le necesitan vivo para colgarle todos los muertos que puedan en cuenta y llevarlo en condiciones al garrote vil. Condenado a muerte lo encierran en el penal de El Dueso.

En El Dueso comparte celda con José Donday 'Pildorita', que hiciera de taxista en el muy chapucero asalto al Expreso de Andalucía que acabó en dos asesinatos y tres ejecuciones. Shum le ilustra la traducción que ha hecho de El fantasma de Canterville de Oscar Wilde y manda dibujos que publica L’Esquella de la Torratxa. Concha Espina encabeza una campaña pidiendo el indulto para Shum, campaña a la que se va sumando gente tan diversa como Valle Inclán, los hermanos Álvarez Quintero, Jacinto Benavente, Henri Barbusse, Emma Goldman, Santiago Ramón y Cajal o Ramón Acín. Al final le cambian la ejecución por una perpetua.

El Poeta de las Manos Rotas sale en libertad tras la proclamación de la II República y de nuevo en Barcelona, donde funda el grupo Els Sis junto a Helios Gómez, no cesa de dibujar poesía en publicaciones como La Humanitat, Papitu y La Campana de Gràcia y monta una exposición en la Sala Parès. Y decide unirse para los restos con Montserrat Ventós, que ya se venía con dos hijos de siete y tres años de una relación anterior, Antoni Prats Ventós (futuro pintor, escultor, dibujante y ceramista y Premio Nacional de Bellas Artes) y Ramon Prats Ventós (futuro pintor y dibujante).

Vocal de la Junta de Museos de Barcelona y miembro destacado del Sindicato Profesional de Dibujantes, Shum se alistó voluntario en defensa de la II República tras el golpe de Estado fascista y anduvo por el frente de Tardienta.

A Shum le tocó de nuevo cruzar la frontera, esta vez con toda la familia, y peregrinar por Francia de sur a norte. En París empieza a prepararse un libro con originales suyos, pero cuando las planchas van a entrar en imprenta los alemanes entran por los Campos Elíseos y Shum y compañía deben embarcar a toda prisa con destino a República Dominicana, propiedad de Trujillo.

En Santo Domingo la casa de Shum, que vive con lo puesto, es una especie de centro de acogida de exiliados españoles, siempre repleta de gente que comparte su pobreza. Incomodado por la policía de Trujillo, Shum se traslada al interior, a La Vega, sobreviviendo a base de yuca y arroz, volviendo a la capital un año después con todo lo que ha pintado. Consigue vender buena parte de su obra en varias exposiciones hasta poder pagar pasaje familiar rumbo a Cuba, en esos tiempos casino yanqui gestionado por Fulgencio Batista, más interesado en los dividendos de la ruleta que de las actividades de aquellos republicanos españoles que van llegando.

Shum consiguió publicar por fin el libro que quedó pendiente en París, editado con mucho amor por Manuel Altolaguirre, y vende bien sus dibujos en El Día Gráfico, Minerva y Lux, exponiendo en el Casal Català de Cuba. Es tal el éxito de Shum que Batista quiere sacarse fotos con él. Shum y familia vuelven a hacer las maletas para irse a Estados Unidos y no salir en la foto.

En Estados Unidos, Shum haría carteles de cine para la Metro Goldwyn Mayer, trabajaría en publicidad en Nueva York y cosechó elogiosas críticas por sus exposiciones. Su gran éxito son las ilustraciones de Por esas Españas. Cuentos tragicómicos, libro destinado a la enseñanza del español en los centros educativos estadounidenses.

Shum no quería acabar sus días y fue al sur, a México, a instalarse como un cónsul más en Cuernavaca. Allí siguió pintando y dibujando pese al dolor de la arteriosclerosis en aquellas manos mutiladas por una explosión en la Barcelona de los años veinte. Unos dedos doloridos que seguían procurando placer a tanta gente.

El 28 de agosto de 1967, Alfons Vila i Franquesa, también Joan Baptista Acher, también Shum en homenaje a un compañero que le hablaba de ser libres en cada decisión que tomamos, se echó a dormir la siesta en una tumbona. Y allí se quedó, hecho sueños que vivían en lápices y pinceles.